Muestra Syfy 2010 de Cine Fantástico

Los de siempre

La muestra siempre vuelve. Como siempre, diversos acontecimientos intentan impedir que podamos asistir a todo lo que queremos. Que si tocan Tachenko cuando la de Johnnie To, que si hay un derby cuando la de Rob Zombie. Pero como siempre, Miradas de Cine estuvo allí (gracias a Tatiana de NBC Universal, que nos trató tan bien como siempre, y que siga), y nos dimos un buen festín de cine de género, con uno de los mejores carteles de la muestra de los últimos años. Como siempre, los de siempre intentaron hacer los visionados más difíciles, riendo en las escenas dramáticas o de sexo. Como siempre, y cada vez con menos gracia (y eso que otros años nos caía mejor), presentó Leticia Dolera, que parece que tenga el síndrome de Benjamin Button, pues cada vez parece más pequeñita. Con su aspecto de quinceañera rebelde, no se cortaba en decir que se salió de Amer (de lo más grande del género que se ha visto en salas en mucho tiempo) para ir a jugar al bingo, porque no ocurría nada, como el año pasado con Vynian. Vamos, que esta chica siempre se pierde las mejores. No sabemos si al año que viene podrá presentar a este ritmo que lleva. Pero lo suyo es hablar del cine que vimos, que fue regular, sorprendente, curioso, divertido, ingenioso… y que se cerró con un film, Halloween II, que nos impresionó de una u otra manera que estamos preparando algo especial sobre él sin esperar a un estreno comercial en España por el momento incierto.

Selección de cortos

La sesión arrancó con el mockumentary Arbeit für Alle, de Thomas Oberlies y Matthias Vogel, una ingeniosa crítica a las políticas de retraso de la jubilación que plantean algunos gobiernos europeos que, por desgracia, pierde fuelle cuando se convierte en un tosco festival de miembros amputados y vísceras sanguinolentas. El rollo zombie ya harta, y la lectura del género como metáfora social de la alienación capitalista no se la cree ni Romero. También hubo muertos vivientes en Paris by the Night of the Living Dead, de Grégory Morin, cineasta de culto en el circuito underground francés, que se gasta los buenos dineros de que dispone para deleitarnos con otra orgía sin sentido de carne picada que apela a los instintos más bajos del espectador. Quiere ser como el Planet Terror (2007) de Robert Rodríguez, pero cruza la línea del mal gusto y se convierte en un producto que firmaría con orgullo Uwe Boll. La dosis de putrefacción e higadillos culminó con la sí ingeniosa Touchdawn of the Dead, de Pierre Mousquet, Marc-Antoine Deleplanque y Seynave Hubert, que recurren a una estética de animación tipo Beavis y Butthead para contarnos la odisea de un tipo al que el fin del mundo le importa menos que ganar una apuesta deportiva. Tiene el don de la brevedad y auténtica mala leche. The Last Breath, de David Jackson, mezcla los ambientes malsanos del primer (y mejor) Raimi y el suspense del último (y peor) Shyamalan, pero las horribles interpretaciones de los actores neutralizan la atmósfera y la acción desemboca en un clímax previsible, lelo y carente de ingenio. La idea merecía mejor suerte. Igualmente fallida resultó King Crab Attack, de Grégoire Sivan, quien, al estilo de los falsos trailers de Grindhouse (vv.aa., 2007), trata de vendernos la historia de un cangrejo gigante que amenza una pequeña localidad portuaria. El autor quiere demostrarnos que ha visto mucha serie B de monstruos tipo Godzilla, pero no ha asimilado la voluntad lúdica de ese cine y nos lanza un ladrillo. Las muñecas Barbie inspiraron dos curiosos experimentos. Barbie Girls, de Vinciane Millereau, que mira de reojo el cine de Alexandre Aja para tratar con un humor negrísimo las relaciones de amistad entre tres amigas. Y Barbee Butcher, de Sophie Lagues, a la que le bastan 25 segundos para reírse con agudeza del canon de belleza que proponen las famosas muñecas. Cerró la sesión Amona Putz!, de Telmo Esnal, una sosa rereflexión sobre las parejas que delegan en los abuelos la educación de sus hijos. La ironía de la historia pedía a gritos una puesta en escena menos convencional y diálogos más punzantes.

Raúl Álvarez

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Amer, de Hélène Cattet & Bruno Forzani (Bélgica, 2009)

Realmente no sabemos muy bien que hacía una película como Amer en un festival como este. Pero realmente tampoco sabemos que hace tanto estúpido sin gracia con afán de hacerse el gracioso en las butacas del Palafox. Fantaseábamos más tarde con que terminada esta semana se convierten en gárgolas  y vuelven al cemento de vivir con sus padres y de tener un adsl del copón. O cosas así. Lamentable sesión la de una película interesante, subyugante, poderosa y especial. Interesante por su atrevimiento, subyugante por su propia naturaleza (y la nuestra), poderosa por la determinación de su concepto (y la imagen de éste) y especial porque es diferente que es algo que se puede decir al año del 1% de las producciones. Una mezcla de características que funciona como obra teórica cinematográfica sobre el giallo y como ejercicio funambulista que se dirime entre la video creación y el arte y ensayo demostrándose bien repleta de funambulismo, de creación,  de arte y de ensayo (y de algún error también, claro). Además, qué coño, a Leticia Dolera (actriz española de obra infame: Besos de gato, Semén, una historia de amor, Un café en cada esquina, Prime time o Imago Mortis) no le gustó así que tiene que ser bastante buena entonces.

Manuel Ortega

Kynodontas / Canino, de Giorgos Lanthimos (Grecia, 2009)

El arma con el que nos domina el poder es el lenguaje. Lo explicaba muy bien David Bravo en un interludio de Un tipo cualquiera de Tote King. La utilización de la palabra como arma de destrucción masiva ha sido poco transitada  por el cine aunque últimamente si hemos tenido algún brillante exponente como La cuestión humana de Nicolas Klotz. Canino camina esa vereda abierta, la magnifica y la reduce al absurdo para ofrecernos una estilizada propuesta que utiliza el humor para ponerse seria y la seriedad para que nos riamos por el ridículo. Su concepto abrupto del ritmo narrativo y el montaje sirven como tempo y