Ricciotto Canudo y las siete artes

Riccciotto CanudoComo arte por derecho propio y como resumen, compendio o aglutinación de las demás: la pintura, escultura, arquitectura, poesía, danza y música. Así entendía Ricciotto Canudo el cine y esto le llevó a ser el primero en agruparlo junto a estas artes mayores en su postulado Manifiesto de las Siete Artes. Canudo (Bari, 1879 – París, 1923) forumla en 1911 este manifiesto, el cual se publicó unos años después, y cuyo texto es poco conocido hoy día pero cuya denominación ha definido al cine desde entonces: “el séptimo arte”. Apasionado del medio cinematográfico, fue también uno de sus primeros teóricos. Pionero, junto a su amigo, el crítico francés Louis Delluc (1890-1924), a quien debemos el término, del movimiento de los cine clubs y fundador de algunas revistas cinematográficas en Francia. En 1921 crea El club de los amigos del séptimo arte.

Este poeta, teórico lúcido y apasionado del cine, intenta acercar a los intelectuales y artistas de su tiempo al fenómeno cinematográfico. Así la élite intelectual parisina a través de las reuniones mensuales que organizaba el club discutían sobre los aspectos artísticos de este nuevo arte. Jean Cocteau, Maurice Ravel, Louis Delluc, Germaine Dulac, Jean Epstein, Marcel L’Herbier, Cavalcanti o León Moussinac, acudían a estas veladas artísticas.

Con estas palabras, Canudo hacía una descripción del cine en 1921:

Este arte de síntesis total que es el cine, este prodigioso recién nacido de la máquina y del sentimiento

«Necesitamos al cine para crear el arte total al que, desde siempre, han tendido todas las artes». Y si bien, Canudo, siente fascinación y admiración por las otras seis, sí es consciente de que este séptimo arte es la síntesis total de las demás artes, es el arte con mayúsculas de su tiempo. Un tiempo de descubrimientos científicos y técnicos que, en perfecta simbiosis con el hombre y la naturaleza, crean ese prodigio que, en sus propias palabras «captan y fijan los ritmos de la luz».

Un arte vivo, el primero que no sólo es movimiento sino movimiento eterno. Y a través del cual se puede jugar una y otra vez con la luz y las sombras, la risa, el llanto, el silencio y la palabra. «Con las Bellas Artes, ninguna competencia», dirá Robert Bresson.

Y ya desde entonces, Canudo entendía que el cine era la Vida. Así lo explicaba: «Las formas y los ritmos, lo que conocemos como la Vida, nacen de las vueltas de manivela de un aparato de proyección». El pensamiento sobre el cine que perfila Canudo en el Manifiesto es recogido con mayor detalle crítico unos años después. En 1927, la periodista y realizadora francesa, Germaine A. Dulac (1882-1942), seguidora de Delluc, publica un ensayo titulado Las estéticas, las trabas, la cinegrafía integral en el que reflexiona sobre la verdadera naturaleza del cine como arte: «que lo es por su propia esencia y en gran medida». La esencia del cine, concluye Dulac, es el movimiento. Dudaba Dulac sin embargo, de que el arte cinematográfico fuese un arte narrativo, para ella lo importante era la armonía rítmica dentro de la propia imagen cinematográfica y describió al cine como “la música de los ojos”. Su significado, argumentaba, no es fotografiar la realidad ya que «la auténtica esencia del cine es otra y lleva consigo la eternidad, ya que procede de la auténtica esencia del universo: el movimiento».

Para Canudo, el movimiento, los “cuadros en movimiento”, que concilia a todas las demás artes, es el Cine. Arte y vida. Emoción y movimiento eternos.