En la 15° edición del festival D’A de Barcelona, la directora Nerea Sciarra presenta su tercer cortometraje, una propuesta de ficción tras los documentales Lo, le case e loro (2019) y Mármol negro (2019). El nuevo proyecto, Pomo d’oro, forma parte de la sección Un Impulso Colectivo y se proyecta en el conjunto de cortometrajes “Maternitats i filies”. El corto se adentra en la tradición de una familia que se presenta desde un tono naturalista, permitiendo que los pequeños detalles expongan con sutileza el contexto que envuelve a las protagonistas. A continuación, la conversación que tuvimos oportunidad de entablar con Nerea Sciarra.
Ya habías hecho dos cortometrajes que eran documentales, y este es el primero de ficción. ¿De donde surge la idea para este cambio?
Bueno, los cortos documentales eran una cosa más experimental, un poco coger la cámara y grabar lo que había. Pero tenía la idea del cortometraje Pomo d’oro, que surge de una vivencia personal de cuando era pequeña. Viví hasta los 18 años en Italia y teníamos esta tradición en la familia de hacer botellas en tomate. Era una tradición familiar que hacíamos todos los veranos. Yo tenía esta idea, pero se me hacía como que con el documental no conseguiría plasmar todo lo que quería contar. A partir de ahí empecé a escribir el guion, que siempre me ha gustado escribir, y dije: pues bueno, vamos a dirigirlo también. De ahí un poco surge esta decisión.
La libertad que te ofrece la ficción te da la opción de contar cosas que quizás no podrías de otro modo.
Eso es, exacto. Y también porque si me ataba al documental, tenía miedo de que quedara como una pieza que solo mostrara como es el proceso del tomate, y para mí el corto va más allá de eso. Entonces, contar con actrices profesionales, mezclado con las niñas, que era la primera vez que se prestaban al cine, era su primer trabajo audiovisual… por otro lado al final el corto también tiene algo de documental, porque lo hicimos a través de muchas improvisaciones. Sí que el guion estaba escrito, pero luego, a la hora de dirigir, también les dejé mucha libertad. Al final el proceso también te ayuda a tener conversaciones del día a día. Eso no está escrito en el guion, pero sí que me gusta que sea natural, que el rodaje esté vivo.
En términos generales, ¿ha sido muy diferente encarar este proyecto?
A mi parecer, sí. Tiene mucho trabajo previo de preparación. Y también trabajar con un equipo. Antes eran trabajos que he hecho yo sola, entonces tener un equipo de sonido, de cámara… tienes que tener una organización con las personas que trabajan en el proyecto. Y también trabajar con actrices, que para mí ha sido todo un lujo y me encantaría repetir, pero sí que es muy diferente del carácter documental. Aunque tengas improvisaciones, al final también necesitas ensayos y tú, como directora y guionista tienes que tener muy claro hacia donde quieres ir. El documental te deja más en plan “vamos a ver qué pasa…”. A ver, en ficción también puedes tener esa idea de a ver que pasa, pero también tienes que tener un objetivo al que quieres ir.
¿Cómo ha sido trabajar con la niña más pequeña?
Pues la verdad es que es un encanto, trabaja superbién. De hecho, cuando hicimos el casting, fue como un flechazo, Thelma es genial. A ella no le dimos nunca el guion, ella nunca lo leyó. Lo que hicimos con ella fue ensayar mucho las secuencias y luego que ella lo hiciese de una forma natural. Yo le decía “tú ahora tienes que jugar, ¿cómo lo harías?”. Al final ella como que lo hizo suyo. Fue superbonito, muy guay.
En relación al formato cortometraje, un corto supone un ejercicio de síntesis en el que encontrar los puntos clave que te permitan transmitir todo lo que quieres contar. ¿Cómo te enfrentas a este desafío?
Pues la verdad es que el guion era bastante más largo [Rie]. Cuando empecé a a escribir lo mismo me salieron 25 minutos. Yo escribo lo que quiero y luego ya sintetizo. Y ahora ha quedado en 15 minutos. Es verdad que igual en el guion te explayas y dices todo lo que quieres decir, pero el cine tiene algo muy bonito, tiene muchas metáforas, o con sin simple plano puedes contar mucho más que lo que escribes en el guion. También rodamos más de lo que hay en el corto final, pero hay algo en el cine que te da esa libertad de síntesis a través gestos, de miradas…
Entonces hubo un trabajo de síntesis tanto en el guion como en el montaje.
Sí, bastante. Al escribirlo lo veía bien, pero luego cuando te pones en la sala de montaje igual lo ves muy redundante todo. Entonces sí que hicimos bastante síntesis en ese sentido, pero yo creo que el concepto y la idea está ahí. Y de hecho creo que la síntesis viene incluso mejor, este ejercicio de cortar y de sintetizarlo bastante me gustó y me ayudó mucho, porque creo que también ha ganado la historia. Porque si no al final era siempre lo mismo. En el papel dices “igual no se entiende”, pero luego en la pantalla a lo mejor con una mirada ya es suficiente.
Entrando más en materia del propio corto, las protagonistas pertenecen a cuatro generaciones: la abuela, la madre, la hija mayor y la hija menor. Y es muy interesante como la niña pequeña sigue la leyenda del tomate dorado que le enseñó la abuela. La tradición crea un puente a través del tiempo. ¿Qué son para ti las tradiciones? ¿Qué significan para ti?
Pues como te comentaba antes, yo he vivido esta tradición. Entonces en mi familia también hicimos este puente que estás comentando, que es muy bonita la metáfora. Fui la última generación de mi familia en celebrar esta tradición, porque ahora ya no se está haciendo. Otras familias en Italia la siguen haciendo, pero la nuestra ha dejado de hacerla. Para mí la tradición es una forma de unir a toda la familia en un día. Igual de normal no nos uníamos, pero ese día era sagrado para todas y estamos ahí de una forma… no sé cómo explicarlo, pero como atemporal. Son como recuerdos que se quedan ahí flotando, y se quedan ahí para todas. Mi recuerdo cuando pienso en mi abuela, que es en quien está inspirada el personaje de la figura de la abuela en el corto, la veo ahí con tomates. Y para mí las tradiciones son eso, que de generación a generación se van traspasando estos hechos que casi sin pensarlo los vas haciendo. Y me parece también bonito seguir yo con la tradición del tomate no de forma física sino a través de este cortometraje para que pueda perdurar en el tiempo de forma atemporal también. Para mí era como un homenaje para toda mi familia y para esta tradición que para mí ha sido y es muy importante.
Es verdad que al final el cine tiene esta capacidad de capturar el tiempo, capturar un momento. En este caso te permite coger esta tradición y llevarla a través del tiempo, y a través del espacio incluso, que lo pueda ver todo el mundo.
Eso es, sí.
También, estos momentos festivos son un momento de celebración, pero también son un recordatorio de ciertas ausencias. Creo que el corto trabaja con acierto este concepto.
Sí, al final cuando haces algo de forma anual, vas viendo como pasa el tiempo y cada año igual tu vida ha cambiado bastante. En esta historia han hecho esta tradición durante años, lo hacen casi de manera automática, pero se nota que hay la ausencia de algo, en este caso de alguien. Me parecía bonito mostrar esa ausencia en un día tan importante para ellas que al mismo tiempo es agridulce, porque es algo que sabes que esa persona ha estado siempre y lo notas todavía más, se hace más duro. Entonces para mí era ver cómo en un mismo día, diferentes personas de diferentes generaciones viven esa misma tradición de formas diferentes. Vemos a la niña que tiene asumido este duelo más desde el juego y afronta ese día de forma más inocente. Sin embargo, la adolescente Nella, se nota que para ella es muy duro hacer frente a ese día.
Nella incluso tiene ese punto de coming-of-age, un momento de transición en el que aprender a cómo lidiar con este tema.
Sí, que luego lo hace a través del juego. Me parecía interesante que se encuentra justo en esa edad de transición de quiero ser adulta pero todavía no, y me gustaba que la propia infancia le devolviera esa ilusión y esa magia de poder afrontar ese día a través de la ayuda de este juego imaginario que tienen entre ellas dos.
Pues esto que comentas ahora, que está muy relacionado con la última pregunta, me recuerda mucho a Alice Rohrwacher. Ese punto que tiene ella de recuperar la infancia que hay en las personas y también ese elemento mágico que aparece de vez en cuando.
Pues me hace mucha ilusión que digas que te recuerda a Alice, porque es una de mis referentes.
Lo pensé al ver el corto, porque además Pomo d’oro tiene un tono naturalista y el entorno rural. Hasta cierto momento del corto, todo es muy normal y casi podría ser un documental, y de repente se cuela un elemento mágico muy bonito que le da mucha fuerza al corto. Entonces te quería preguntar, ¿cómo surge esta idea de romper la realidad y decir “oye mira, voy a poner esto en el cortometraje”?
Pues mira, la primera imagen que tuve para escribir este corto es la imagen final, entonces he escrito este corto teniendo ese factor mágico superintegrado. Sabía que el final iba a ser ese, lo tenía superclaro. Eso que te despiertas y tienes una imagen y dices “ya está, es esta”, pues a mí me pasó con el final. De hecho, escribí todo el corto para que el final tenga sentido, porque me parecía interesante y bonito lo que dices, básicamente que todo el corto fuese de una forma y romperlo completamente en la parte final, porque creo que así la historia ganaba sentido y fuerza. Me resultaba interesante usar este concepto de magia, o no magia magia, vamos a decir este elemento mágico pero medio surrealista, que no se entiende muy bien si es realidad o ficción. También me interesaba que la parte final fuera muy oscura, como de noche, para que no se entendiese de verdad si es una ensoñación o no. Me gustaba el concepto de que cada persona que lo viera lo pudiese entender diferente. Entonces el final es bastante claro, pero creo que también deja a la imaginación. Cada uno puede interpretarlo de una manera diferente.
Cierto, tiene suficiente ambigüedad para ofrecer diferentes interpretaciones.
Eso es. Y eso es algo que tenía superclaro desde el principio. Trabajar con los juegos y con la idea de este concepto como mágico pero no muy evidente.



