Contra la censura

Reflexiones sobre el caso A Serbian Film

1Decía Alfred Hitchcock que las casualidades no existen. Y, a tenor de mi experiencia vital, yo también lo creo. En consecuencia, pienso que no es casual que hayan coincidido en el tiempo la visita del Papa Benedicto XVI a España y la resolución del Juzgado de Instrucción nº 4 de San Sebastián, ordenando la suspensión cautelar de la proyección de la cinta A Serbian Film, de Srdjan Spasojevic, en la XXI Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián, tras una denuncia de la CONCAPA (Confederación Católica de Padres de Familia y Padres de Alumnos). Son las mismas fuerzas reaccionarias de siempre, esas que han mantenido a este país sumido en el oscurantismo, el miedo y la ignorancia durante siglos, las que ahora luchan por un demencial retorno al pasado… La Iglesia Católica, y las diversas asociaciones afines a ella, en connivencia con los partidos políticos de derechas, han intentado atropellar los derechos civiles de gays y lesbianas, de familias monoparentales o sin hijos, a la vez que han figurado frente las protestas contra la LOE, exigiendo un trato preferencial para la educación religiosa frente a un modelo progresista de escuela pública y laica, encabezando diversas manifestaciones en Madrid para pedir más dinero para los colegios católicos, así como que la enseñanza de la religión en las escuelas sea obligatoria y puntúe en las calificaciones académicas de quienes opten por ella. Por ello, no sorprende que el Papa, en su llegada a España, opte por un lenguaje guerracivilista, comparando nuestro laicismo actual —ese vasto proceso social, cultural y político de secularización experimentado por las sociedades avanzadas contemporáneas desde hace dos siglos—, con «un anticlericalismo fuerte y agresivo, como el de los años treinta» [1]. Una idea falsa y perversa, pues Benedicto XVI, hombre de extensa cultura —otra cosa es para qué le sirve semejante bagaje intelectual…— sabe que son muy diferentes.

Sin duda habrá quien opine que estoy divagando, que me he desviado de la cuestión que nos ocupa —el insólito rebrote de la censura, la prohibición de A Serbian Film—, incluso que no es conveniente mezclar política y cine. Cualquiera que sepa un poco de cine, es consciente —o debería serlo— que las películas, brillantes o mediocres, de autor o comerciales, están siempre vinculadas, de una manera u otra, con la sociedad de su tiempo, con los hechos culturales, sociales y/o políticos que marcan el devenir personal y profesional de sus creadores. Incluso sería una forma de hacerles el juego a quienes consideran la película de Srdjan Spasojevic simplemente como una película «enferma y atroz» [2], ignorando que, tras su desfile de horrores, existe un pesimista discurso moral / político. Las atrocidades de la guerra de los Balcanes, y el veneno ideológico que la provocó, siguen vivos en Serbia, cuya sociedad inarticulada es incapaz de frenar la violencia. ¿Es por ello que en A Serbian Film apenas se ve vida cotidiana, normal, en las calles de Belgrado? Es un discurso que, significativamente, prolongan o complementan otros dos inquietantes films serbios, The Trap (2007), de Srdan Golubovic, y The Life and Death of a Porno Gang (2009), de Mladen Djordjevic, así como desde una perspectiva totalmente melodramática, la cinta bosnia Sarajevo, mi amor (Grbavica, 2006), de Jasmila Zbanic.

2De ahí que A Serbian Film no sea película sórdida, violenta, nihilista, por el simple afán de escandalizar. A Serbian Film, film sadiano que no sádico, tiene la clarividencia de ver la sexualidad humana como una despiadada forma de poder, misteriosa, demoníaca, capaz de empujarnos a la realización de deseos prohibidos y peligrosos, íntimamente ligados a la anulación de la personalidad, a la falta de libertad. Por ello, asistimos estremecidos a un escalofriante festín de aberraciones sexuales que comporta una cierta renuncia a todo placer narrativo tradicional: de la pedofilia a la tortura y asesinato sexual, del incesto a la mutilación. A Serbian Film angustia hasta límites nunca vistos antes en el cine comercial (¿?) por su elegante estética tenebrista, con acusados contrastes de luz y sombra, subrayados por su turbador empleo del formato scope —plagado de amenazadores espacios vacíos— que potencian el dramatismo de las situaciones, de la sugerente iconografía, de ese realismo exagerado que deriva en pura fantasía escatológica… El uniforme paramilitar de los sicarios que filman y vigilan al protagonista, Milosh (Srdjan Todorovic); encadenada por las muñecas al techo, con su cuerpo desnudo y quebrado, Lejla (Katarina Zutic) se desangra, mientras a sus pies vemos sus dientes y unas tenazas… La sofisticación estética de A Serbian Film hace que su puesta en escena, su montaje, su sonido, las interpretaciones, todo en él sea una práctica significante, promoviendo un perverso diálogo entre las distintas subjetividades, distintos sentimientos y distintos modos concebir y construir el mundo, del espectador y del cineasta. En palabras del crítico estadounidense Scott Weinberg: «…la película es bastante inteligente, colérica, absurda, retorcida, inquietante, repugnante y trágica. Habrá quienes no podrán (o no querrán) descifrar incluso el más básico de los mensajes enterrado dentro A Serbian Film, pero creo que es una de las películas más legítimamente fascinantes que he visto. Yo la admiro y la detesto al mismo tiempo» [3]. Por su parte, la también norteamericana Alison Wilmore afirma: «Las películas pueden utilizar temas e imágenes transgresoras para obtener resonancia artística. Pero también puede utilizarlas simplemente para la conmoción/novedad al límite. Que se trate de un país que ha pasado décadas sumido en conflictos violentos, disturbios civiles, corrupción y tensiones étnicas, hace que sea tentador leer más en la película que yo creo que en realidad ofrece. Aunque en última instancia, tiene mucho que decir acerca de su país… Estoy segura que se convertirá en objeto de culto cuando salga en DVD» [4].

3Sin embargo, volviendo al tema de la prohibición de A Serbian Film en San Sebastián conviene decir que el caso de Saw VI (Kevin Greutert, 2009) sentó un mal precedente. Calificada X por el Ministerio de Cultura socialista por “apología a la violencia”(¿?), aquí cabe señalar como máximos responsables a la ministra pijoprogre Ángeles González Sinde, mediocre guionista —Todos estamos invitados (2009), de Manuel Gutiérrez Aragón, Mentiras y gordas (2009), de Alfonso Albacete, David Menkes—, metida con calzador por el presidente Zapatero en el papel de gestora cultural, con la complicidad de Ignasi Guardans, exdirector del ICAA y Gran Censor (fílmico) quien, finalmente, aprobó su estreno el pasado 8 de octubre pero con tres minutos de cortes. Vamos, como en los tiempos oscuros del franquismo… Una situación que oscila entre lo grotesco y lo vergonzoso, si tenemos en cuenta que las anteriores cinco películas de la serie, de una violencia similar o peor, jamás tuvieron problemas de exhibición. A la vez, cabe reseñar que en países menos flexibles a la hora de juzgar las películas, como Estados Unidos, fue estrenada con la calificación de R, es decir, los menores debían ir acompañados de sus padres.

Así pues, si las autodenominadas fuerzas progresistas se dedican a tutelar la moralidad de los espectadores españoles como si fueran niños, señalándonos con gesto autoritario qué debemos o qué no debemos ver, protegiendo de este modo nuestras sensibles mentes en aras de lo políticamente correcto [5], ¿cómo no iban a hacer lo mismo los herederos ideológicos del nacionalcatolicismo franquista? Que CONCAPA haya cargado contra A Serbian Film era cuestión de tiempo y de oportunidad, de encontrar la presa adecuada y el momento preciso. Y no seamos ilusos. Aquí no sólo se está debatiendo sobre la vulneración de la libertad de expresión, protegida por el artículo 19º de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 [6] y por la Constitución española de 1978 en su artículo 20 [7]. Aquí, lo que se pone en peligro abiertamente, es nuestro modelo de sociedad. ¿Debemos ceder a la presión de grupos como la CONCAPA, que considera A Serbian Film un atentado contra “la dignidad de la persona y la integridad del menor el contenido de sexo y violencia extrema” y exige al Ministerio de Cultura que el film no sea incluido “en el circuito comercial nacional, a no ser que se eliminen las imágenes más duras”?. Desde luego que no; debemos oponernos a él con todas nuestras fuerzas y con los instrumentos legales e intelectuales a nuestro alcance. Sobre todo, cuando los nuevos Inquisidores son tan hipócritas como lo fueron en el pasado. ¿Por qué apelan al cumplimiento de la ley únicamente cuando les interesa  —Ley Orgánica 11/1999, Ley Orgánica 15/2003 y Ley Orgánica 5/2010, así como los acuerdos internacionales como la Resolución 1099 (1996), de 25 de septiembre, relativa a la explotación sexual de las niñas y los niños, de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa— y, simultáneamente, ignoran el artículo 20 de la Constitución o, como en su momento, leyes como Ley Orgánica de la Educación 2/2006, o rechazan la Ley 13/2005, que reconoce el matrimonio entre personas del mismo sexo? Y sobre todo, ¿por qué mienten? En A Serbian Film jamás, insisto, jamás, se expuso a sus actores infantiles a situaciones traumáticas o de explotación sexual. Los padres de esos niños fueron informados en todo momento del contenido argumental de la película, estuvieron presentes en el plató durante la filmación de cada una de las escenas en las que intervenían, e incluso, se contó con la presencia de un psicólogo, recurriendo a efectos especiales en casos como la violación de un recién nacido junto a su madre postrada, o la interrelación en un mismo plano —pero separados físicamente por las sombras— entre un hombre desnudo con el pene semierecto y una niña de unos catorce años [8].

En realidad, y como deja bien claro el comunicado de prensa de la CONCAPA, su acción legal contra A Serbian Film no es más que un nuevo ataque al gobierno socialista por parte de las fuerzas nacionalcatólicas, pues le piden al Ministerio de Cultura “coherencia con la actuación general de su Gobierno, que se proclama defensor de las políticas de mujer y de menores”. Quizás lo que menos les importa son los derechos de los menores y el respeto a la mujer. ¿Dónde están sus denuncias contra las televisiones privadas que vulneran constantemente el llamado horario protegido con toda clase de programas-basura que son, realmente, un ataque a la dignidad de quienes lo hacen y, fundamentalmente, de quienes lo ven, ya sean niños, mujeres u hombres? ¿Y contra cadenas como Disney Channel, donde se fomentan actitudes asociales, alienantes, sexistas y consumistas entre los niños y adolescentes? ¿Han exigido a la Iglesia que entregue a la justicia a los curas pederastas? ¿Han condenado públicamente las declaraciones machistas y repugnantes del alcalde del Valladolid, León de la Riva (PP), sobre Leire Pajín (PSOE)? ¿Llevarán a los tribunales a Sánchez-Dragó por pederasta y pedirán la retirada en librerías de su último libro, donde cuenta como se trajinó a dos japonesas de trece años? Mucho me temo que no.

En el caso de que el titular del Juzgado de Instrucción nº 4 de San Sebastián falle a favor de la Semana de Terror —confiemos en el sentido común del magistrado—, ¿cómo se compensará al certamen? El mal ya está hecho. ¿O no? Sin duda, la actuación de la CONCAPA ha elevado ya a la categoría de mito A Serbian Film, cuadriplicando sus descargas en Internet y convirtiéndola en un auténtico caramelo comercial en su hipotético lanzamiento en DVD. Aunque, a la postre, el tiro les saldrá por la culata, habrá que estar vigilantes. Hemos de defender con la mayor vehemencia posible nuestro derecho a ver y juzgar, de acuerdo con nuestros propios criterios artísticos y morales, el producto de cualquier forma de expresión artística, por duro y desagradable que sea. Y salvaguardar el derecho de instituciones culturales de programarlas, de mostrarlas, pues esa es su función: trabajar en la marginalidad de lo que no nos llega por los circuitos normales.  No debemos dejar que nos adoctrinen, o que interfieran en nuestro desarrollo colectivo y personal, individuos o grupos cuya visión de la sociedad y de sus complejidades es propia de épocas oscurantistas. Nadie obligaba a los miembros de la CONCAPA a ir a ver A Serbian Film a la Semana de Terror de San Sebastián.


[1] Artículo de Eusebio Val en “La Vanguardia”: http://www.lavanguardia.es/lv24h/20101106/54066599458.html

[2] Reseña de Gerard Fossas Noguera en http://www.butacapreferente.com/sitges-2010-a-serbian-film-una-pelicula-enferma/

[3] Crítica en http://www.fearnet.com/news/reviews/b18477_sxsw_2010_review_serbian_film.html

[4] Critica en http://www.ifc.com/blogs/indie-eye/2010/03/serbian-film.php

[5] El término, que proviene del Marxismo-Leninismo y que alude a la «línea del partido» apropiada, describe a aquello que podría causar ofensa o ser rechazado por la ortodoxia política o cultural de un determinado grupo. El lenguaje, dentro del universo de lo políticamente correcto, ya no es una herramienta para la transmisión de ideas, sino para enmascararlas, manipularlas, deformarlas.

[6] “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión”.

[7] “Se reconocen y protegen los derechos: a.- A expresar y difundir libremente los pensamientos, ideas y opiniones mediante la palabra, el escrito o cualquier otro medio de reproducción. b.- A la producción y creación literaria, artística, científica y técnica. c.- A la libertad de cátedra. d.- A comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión. La ley regulará el derecho a la cláusula de conciencia y al secreto profesional en el ejercicio de estas libertades. El ejercicio de estos derechos no puede restringirse mediante ningún tipo de censura previa.»

[8] Datos aportados por el realizador Srdjan Spasojevic respondiendo a las preguntas de diversos espectadores durante el encuentro con el público celebrado en la 43 edición del Festival de Cinema Fantàstic de Catalunya-Sitges 2010.