Sicario, de Denis Villeneuve
Sicario

Resumen 2015. TOP 3

La frontera entre Estados Unidos y México ha alcanzado la categoría de escenario mítico, transitado por la ficción actual para dar cuenta de nuestros propios quebrantos éticos e hipocresía como habitantes del Primer Mundo. Sicario no es una excepción. A través de los ojos de la agente del FBI Kate Macer (Emily Blunt), se constituye en enésimo viaje de las sociedades del bienestar al corazón de sus tinieblas, marcado por tres etapas de progresiva implicación anímica: la visión aérea, foránea, mientras Kate le toma el pulso a México y al alcance de la implicación en su suelo de Estados Unidos; la terrestre, la intrusión en Ciudad Juárez de un convoy armado en el que viaja Kate, cuyo objetivo es hacerse con un miembro detenido de un cártel; y la subterránea, cuando las fuerzas especiales norteamericanas asaltan un túnel empleado para el transporte de drogas a través de la frontera. Como puede apreciarse, Sicario no tiene un hilo narrativo preciso. Y, cuando simula tenerlo, es para frustrar las expectativas de Kate y, por extensión, del público. Lo único que importa, como en el mejor cine de hoy, es la complexión audiovisual de las imágenes, de un poder inmersivo apabullante. Una inmersión que, como siempre en el cine de Denis Villeneuve, no tiene nada de arbitraria: Kate, y el relato que intenta protagonizar, son víctimas de un extrañamiento que da al traste con los ideales, las creencias y las actitudes de la agente del FBI; con una concepción de sí misma que no pasaba de herencia recibida, y que es sometida a acoso y derribo en virtud de una desterritorialización que afecta tanto al lugar antropológico como al cultural. En este sentido, el castigo que recibe Kate es uno de los más severos vistos en la obra del director canadiense. La última escena de Sicario en la que aparece, supone la destrucción absoluta de su identidad, y —recordemos la identificación con su mirada que se había establecido— una de las requisitorias más incómodas del cine de 2015 en torno a nuestra posición moral como espectadores. De la ficción, y de lo contemporáneo.

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