Psychokillers y Mad Directors

Psychokillers

Elegantes, ingeniosos, amables e implacables. Hemos visto una buena gama de asesinos en serie. Hemos visto embarazadas que seguían el dictado asesino de su propio feto en una comedia negra (Prevenge, Alice Lowe, 2016). Hemos visto enfrentamientos entre Christopher Lloyd, un aparentemente agradable abuelito que se enfrentaba a Ty Sheridan, adolescente sociópata empleada en una morgue que toma al primero por un asesino, en la más que correcta I Am Not a Serial Killer (Billy O’Brien, 2016). Hemos visto malvados crueles, que asesinaban implacablemente a distancia (Desierto, Jonás Cuarón, 2016) y otros retorcidos, que seguían un plan maquiavélico. Sería éste el caso de Museum (Myûjiamu, Keishi Ohtomo, 2016), una narración tensa y macabra que encadena un despliegue de asesinatos rocambolescos (cuerpos descuartizados, pesados al gramo antes de ser expuestos, partidos longitudinalmente, congelados en ácido hialurónico, localizables siguiendo juego de pistas…) que funciona muy bien aunque arrastra un déjà vu excesivo por sus evidentes referencias a Seven (Se7en, David Fincher, 1995).

Sin embargo, por encima de ellos, hay tres psicópatas destacables. En primer lugar, el desmesurado y asqueroso anciano, lúbrico y escatológico, que se cubre en grasa y ataque por igual a mujeres y hombres. The Greasy Strangler (Jim Hosking, 2016) es una película que voluntariosamente se sitúa en la serie Z. Dos personajes imposibles (vestidos con ropas imposibles), padre e hijo, habitan una vieja casa en un barrio despoblado dónde llevan a los turistas a visitas temáticas a las supuestas primeras viviendas de famosos músicos. Una comedia bufa, desbordantemente escatológica, con el humor negro y el absurdo por bandera (de las sucesivas limpiezas del cuerpo tras los crímenes en el túnel de lavado a los enfrentamientos con los clientes tras los tour), que descoloca absolutamente en un primer visionado y que será revisada si uno es lo bastante viciosillo.

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The Greasy Strangler (Jim Hosking, 2016)

Por otro lado, la aparentemente inocente, tranquila y amable joven de The Eyes of My Mother (Nicolas Pesce, 2016), mutilando y asesinando a sus víctimas cómo aprendió de pequeña es absolutamente desasosegante. Cinta arty gore con cuidada fotografía y esmeradas elipsis que evitan ver más sangre que la que limpia la joven tras sus asesinatos. The Eyes of My Mother mira el género con nueva mirada, si se nos permite, la de una asesina entre poética y melancólica. Angustiante por la cotidianeidad tras la que se esconde el terror, no aporta nada nuevo a las historias de serial killers, pero la mirada de su director merece mucha atención.

Y, finalmente, el temible asesino de las chabolas de Bombay en Psycho Raman (Raman Raghav 2.0, Anurag Kashiap, 2016). Como en el caso anterior, con una buena dosis de fuera de campo aunque sin dejar de ser impactante. El director recurre al nombre de un asesino real, notoriamente famoso en India, para, en los títulos de crédito, recordarlo y decir seguidamente que esta película no habla de él…. El protagonista de Psycho Raman es un descastado, un personaje marginal rechazado por sus propios familiares, violento, turbio, amenazador en sus maneras y su mirada. Fascinado por ver un policía al que ve asesinar un traficante, se lanza a una carrera de crímenes asesinando a su hermana y otros familiares, (no queda realmente claro si había otros previos) a la vez que entrecruza repetidamente su camino con el del policía. Con un ritmo marcado por música electrónica, el director sigue la trayectoria del asesino hasta hacerle a un lado para seguir la trayectoria del policía, auténtico bad lieutenant (el director manifiesta su admiración por las películas de Ferrara y Herzog), construyendo un juego de espejos entre ambos. Tal dualidad da lugar a una doble película y al cuestionamiento de la estructura social india, concretamente de la ética de las clases poderosas. Psycho Raman se revela como un émulo no de un asesino sino de un triunfador.

Experimentos: ¿Mad directors?

Sin duda algunas otras películas deberían estar en esta sección; pero he optado por aquellas que son, deliberadamente, apuestas de riesgo por parte de sus directores.

Swiss Army Man (Dan Kwan, Daniel Scheinert, 2016) es el sleeper del festival. Aquella obra cuya única referencia era la escatología y que sin embargo cautivó a propios y extraños (premio del festival, aunque parte de la crítica la rechace). Obra aparentemente simple, esta fábula del supuesto náufrago que salva su vida in extremis con la ayuda de un cadáver lleno de flatulencias, este cuento surreal de un vivo y un muerto que se ayudan mutuamente, es mucho más de lo que parece. Swiss Army Man es una comedia bufa, cierto. Pero es también la historia de una amistad, una inusual buddy movie, una película sobre la construcción de la identidad, una obra sobre la soledad y cómo superarla… Dotada de un ingenio desenfrenado que recurre no sólo a un cadáver multiusos (como las navajas suizas) sino a una reconstrucción de la memoria ante nuestros propios ojos (en una escena que es puro Gondry), los Daniels nos llevan dónde viven los monstruos, al mundo de la imaginación, para rescatar al protagonista del olvido al que él mismo se ha desterrado. Una cinta delirante, divertida y tierna, que tiene el valor de reivindicar la imaginación hasta el último plano de la misma, evitando dar explicaciones racionales a la inusual historia que nos cuenta.

Frente a ella, la película que algunos aman y otros odian. The Neon Demon, premio de la crítica, es otra deslumbrante obra de Winding Refn, con una estética desafiante. Para algunos se ha producido una depuración del guion tendiendo al cine no narrativo. Para otros Refn se ha pasado de frenada y trata de cubrir el vacío con su impresionante capacidad de crear ambientes mediante el color y el encuadre. Si los primeros estuvieran en lo cierto, The Neon Demon precisa una depuración aun mayor, eliminando las secuencias del motel, como mínimo. Tal como se exhibe, esta “historia” de una modelo perfecta, en la cresta de la ola, odiada por sus compañeras más veteranas, parece falta de explicaciones. Da la impresión, más bien, que faltándole inspiración para el guion, optó por potenciar al máximo la expresividad formal. En este sentido, no cabe duda de que lo consiguió, ofreciendo un producto visualmente deslumbrante. Sin embargo, si se trata de emocionar, de sugerir, más que narrar, me inclinaría más por las fábulas laberínticas de Apichatpong Weerasethakul.

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The Neon Demon (Nicolas Winding Refn, 2016)

The Love Witch (Anna Biller, 2016) es una cinta feminista. Es, de hecho, una inteligente comedia feminista que recurre al uso de los tópicos visuales y argumentales de las comedias tosas de los 60. Rodada en technicolor, luce un diseño de producción y un casting que parecen sacados de aquella década. La historia de esta bruja que quiere ser amada y que recurre a diversas pócimas con efectos opuestos a los deseados pone en tela de juicio los presupuestos de las mismas películas a las que imita. Sin embargo, pese a ello y a la diversión que suscita, The Love Witch se regodea en sí misma y acaba dando excesivas vueltas en torno al mismo punto.

Alipato, the Very Brief Life of an Ember (Khavn, 2016), sin tomarse demasiado en serio, sufre también de su ensimismamiento. Kahvn de la Cruz rueda como respira, compone, interpreta y hace otras actividades multimedia. Alipato es el resultado de un trabajo con actores infantiles y juveniles no profesionales que interpretan una banda salvaje de las afueras de Manila… aunque el uso de la palabra interpretación es exagerado. Alipato es una suerte de suecada (como las que presentaba Gondry en Rebobine por favor, Be Kind, Rewind, 2008) con unos personajes imitando escenas de obras famosas, recurriendo a efectos sonoros y efectos visuales básicos. Desconozco si puede ser incentivo cultural o social para los niños de la calle filipina que participan o si simplemente todos ellos se limitan a pasar el rato. El problema que arrastra es que transcurridos 20 minutos de su breve metraje, da la impresión de ser un pastiche construido en base a materiales diversos, rodados con fines diversos y encajados a la fuerza para dar la sensación de innovación creativa.

Midnight Special (Jeff Nichols, 2015) es otro pastiche. Pero, en este caso, inusualmente interesante. La última obra de Nichols es una auténtica mezcla de thriller, drama y fantástico, saltando de uno a otro estilo de modo tan inesperado como sorprendente. Iniciada con una secuencia tensa en la que Nichols no precisa grandes alardes ni recursos, sino saber dónde colocar la cámara, cómo mirar una mirada, cómo dar ritmo mediante el montaje, vira hacia el policíaco de gran presupuesto (un espacio mucho mayor, un gran número de extras) para, posteriormente, alcanzar la ciencia-ficción en otra escena casi íntima. Película que puede vincularse con obras en la órbita spielbergiana (no especifiquemos más para evitar spoiler), Midnight Special es una obra escurridiza, una película a la que es difícil adaptarse por sus cambios de tono; pero que engancha por la habilidad del director. Manteniendo la preocupación de Nichols por la familia y la relación paterno-filial, no consigue su mejor película pero se afianza como uno de los mejores directores americanos contemporáneos.

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Tenemos la carne (Emiliano Rocha Minter, 2016)

Y dejamos como colofón Tenemos la carne (Emiliano Rocha Minter, 2016). Como alguien dijo, una experiencia, más que una película. Si Refn quiere obviar la narración, puede contemplar Tenemos la carne y tomar nota. En un espacio (una casa) medio vacía un personaje revienta muebles y se alimenta por la comida recibida a través de la pared. Con la aparición de una pareja joven, el personaje les obliga a transformar la estructura arquitectónica en una cueva. Posteriormente les obligará a follar entre ellos y con él. Sin embargo tras varios intercambios, con sexo explícito y eyaculaciones incluidas, el personaje muere para renacer en una suerte de parto… Cierto, no me explico muy bien; pero de hecho tampoco pretendía hacerlo el director de la cinta. Esta evolucionará hacia una identificación del habitáculo con el útero materno y, también, hacia una gran orgía. ..Es difícil saber si debemos descifrar las imágenes o si simplemente, como parecía suceder en Alipato, el material se rodó al azar, un poco esperando a ver las reacciones de los actores o del equipo de rodaje. Las reacciones de los espectadores, puedo asegurárselo, fueron de estupefacción.

Coda final y top

Quedan en el tintero un puñado de películas a las que habrá que volver más adelante: las correspondientes a la sección Anima’t, estrenos próximos de cine español o internacional como La propera pell (Isaki Lacuesta, Isa Campo, 2016), Pet (Carles Torrents, 2016) o The Girl With All The Gifts (Colm McCarthy, 2016) y las cintas de Wang, Herzog, Schrader o Malick, entre otras. Queda también un montón de sensaciones, la espera para el próximo festival del cincuentenario y el buen sabor en el paladar de cintas tan apetecibles y destacables como Swiss Army Man, The Wailing, A Dragon Arrives!. La región salvaje, Age of Shadows, Under the Shadow o The Lure. Gracias, Sitges.