Belleza, elegancia… y ambiciosa, y exquisita, oscuridad

Belleza. En el argumento, en las imágenes, en los protagonistas…. y en el triunfo de una difícil propuesta que no nos permite caer en el engaño de quedarnos exclusivamente con la vertiente más erótica de la película. Porque sí, erotismo, sadomasoquismo y morbo aparecen y se entrelazan, pero con una sorprendente finalidad que se acaba revelando abrumadora.

Y es que más allá de la típica trama de equívocos (una trama que se erige, además, como el necesario, por manipulador, quinto protagonista de la historia), el director se aprovecha de las posibilidades que el formato de cuento gótico puede aportar a su elegante forma de filmar para adentrarnos en sus verdaderas intenciones: a través de la luminosidad y color otorgado a cada escenario (y personaje); de unos silencios pautados para reforzar cada mensaje; y, por encima de todo, de la milimetrada posición de una cámara que revolotea alrededor de sus protagonistas (y que nos ayuda a fijarnos en gestos y miradas para ahondar en sus múltiples capas), Park Chan-wook establece un seductor y tramposo vínculo con el espectador para hacerle vivir la ambigüedad de las expresiones, actos y emociones de sus personajes, utilizando, además, el recurso de repetir unas mismas escenas vistas bajo la mirada de cada uno de ellos. Convirtiendo, entonces, La doncella en una misma historia con múltiples puntos de vista…

Una historia que se repite, que no parece tener fin o solución (tales son sus vueltas de tuerca), pero para la que el director tiene una propuesta. Y es así como inaudita, sutil y progresivamente, La doncella se convierte ante nuestros ojos en la punzante visión del director sobre la insana relación a lo largo de los años entre Corea y Japón. Sin esconder sus intenciones, se nota disfruta de cómo está preparando el terreno para acabar hablando de ello, empezando por la definición y relación de las varias castas, por ensalzar un país frente a otro en boca de uno de los personajes menos queridos por el espectador, o haciendo que los idiomas se entremezclen a lo largo de todo el film… Park Chan-wook consigue que La doncella entretenga a un nivel superficial a los más morbosos, enamore a los más exigentes y sorprenda por su descaradamente opaca metaficción. Y todo, siempre, a través de una belleza embriagadora.