Un título que se plantea recrear convincentemente la consecución de una utopía debe por fuerza de centrarse en el pasado, pues en nuestro presente, se diría, no queda sitio para el descubrimiento que se alcanza por la vía del sacrificio. Esplendorosamente ubicados en el espíritu de la Europa de principios del pasado siglo, Z. La ciudad perdida (The Lost City of Z; James Gray, 2016) es, entre otras muchas cosas, una película de aventuras, pero que nadie se lleve a engaño: más allá de las resonancias que establece con toda una tradición antes literaria que propiamente cinematográfica, no encontraremos la acción frenética que identificamos con la derivada pulp del género; su meticulosa, en ocasiones prolija narración articula el periplo vital de Percy Fawcett (Charlie Hunman) en pos de un ideal que deviene, exploración tras exploración, finalmente obsesivo. Así, El fascinante retrato psicológico del valeroso explorador británico no rehuye sus contradicciones, permitiendo que aflore la cualidad humana tras el arquetipo heroico: en los momentos de duda y zozobra, en los que pesa la renuncia a un estándar de vida, el daño causado a esposa e hijos, es cuando aflora la verdadera dimensión de la epopeya. El precio a pagar por pasar a la Historia.

En el evocador retrato de época, el esmero con que se elaboran dramáticamente las relaciones familiares, así como el establecimiento de un tempo narrativo medido, introspectivo, reconocemos la mirada clasicista de James Gray, el firmante de El sueño de Ellis (The Immigrant, 2013) o La noche es nuestra (We Own the Night, 2007). Pero la fascinación inherente al mito de El Dorado, su influjo indeleble en nuestro inconsciente colectivo se apodera del filme en su tramo final, erigiéndose en cautivadora elegía a otro mito, el del pionero que, en una época en que aún quedaban mundos por descubrir, no temía poner en riesgo su vida para llevar la luz de la civilización a territorios aún ignotos. Embebidas de una estética panteísta, evanescente, las secuencias que sirven de clausura a la aventura vital de Fawcett despuntan, con pleno merecimiento, entre los momentos más bellos que nos lega el cine del 2017.