La presencia del veterano Peter Weir y la revisión de El show de Truman nos permitió escuchar y entrevistar al director de Picnic en Hanging Rock, La última ola, Único testigo, Matrimonio de conveniencia o El club de los poetas muertos. Aunque un tanto parco en sus respuestas (tal vez por las limitaciones de horario), se reveló tan elegante como lo son sus obras y evitó explicitar comentarios que pudieran resultar ofensivos para ningún colaborador, pese a cierta insistencia de algunos medios en averiguar qué actor le había generado más problemas en los rodajes. Ofrecemos aquí una transcripción de los comentarios más destacables de la rueda de prensa y la posterior entrevista.

—Señor Weir, empezó su carrera con películas de género fantástico. Sin embargo, posteriormente sólo El show de Truman podría considerarse como tal, ¿porqué no siguió en el género en el que debutó?

—Siempre me he movido en función del interés que la historia me produce. No tengo sensación de moverme de un género a otro, simplemente me he guiado por el atractivo que el guion tenía en mí. Yo he sido autodidacta, no asistí a escuela de cinematografía y empecé abordando historias que me resultaron atractivas. Como el cine que yo veía era esencialmente comercial, me orienté a desarrollar películas comerciales.

—¿Cuáles fueron sus motivaciones para dirigir, qué le atrajo de ello?

—La televisión llegó a Australia en 1956. Fue una experiencia fascinante. En casa apagaba las luces y obligaba a mis padres a estar en silencio… Nada que ver con la situación actual, dónde se pugna por el mando a distancia para efectuar un interminable zapping. En este exceso de imágenes, no encuentro el atractivo que tuve en mi infancia… En mi caso, resultó estimulante para orientarme a esta profesión.

—El gran éxito de Picnic en Hanging Rock llamó la atención hacia usted y hacia toda una generación de cineastas australianos. ¿Cómo valora la “nueva ola australiana”?

—Respecto a la aparición de la nueva ola… éramos un gran grupo de profesionales, muy heterogéneo, con profesionales formados en escuela. Mis películas no fueron las únicas destacables… En cuanto a Picnic… la historia fue un fenómeno mediático en su momento. ¿Qué había sucedido realmente con aquellas chicas? Hablamos de una época en que era muy infrecuente que mujeres solas se desplazaran por la naturaleza. La novela profundizaba en aquel misterio y quise llevarla a la pantalla precisamente trabajando esa intriga. En aquel entonces se leía a Jung, a Carlos Castaneda y el Fantástico se vinculaba al subsconsciente. Estuve muy atraído por todo el concepto y decidí plasmar las sensaciones en imágenes, no tanto la acción (de hecho, en el Director’s Cut la acción se recorta en 12 minutos). Se que hubo una edición posterior de la novela en la que se incluía una explicación, pero era innecesario. No lo habría incluido en mi película en ningún caso. Lo fascinante era el misterio.

—¿Cómo valora ahora la revisión en serie televisiva de Picnic en Hanging Rock?

—Es difícil mantener la intriga en una serie que dure 6 o 12 horas. Puedes hacer un cliffhanger, pero no mantener de modo continuado la tensión. Se le añade relleno cuando, desde mi punto de vista, un director debe saber editar, limitarse. Es malo que a un director se le diga que dispone de mucho tiempo.

—Sus películas tienen, independientemente de ser un drama, una comedia, un thriller o una película de aventuras, un tono, una elegancia, una fluidez, muy características. Usted ha trabajado con cuatro editores distintos, pero con los cuales ha repetido colaboración. ¿Es la edición el secreto de su cine? ¿Les facilita unas indicaciones especificas a todos ellos?

—Los editores son imprescindibles y hay que hacerles siempre caso. Puedo hacer aportaciones puntuales, pero no soy yo quien manda en la edición. Pero para conseguir la fluidez a la que se refiere no basta el montaje. Ésta se consigue mediante la banda sonora, acertando en qué momentos la música debe estar más o menos presente, más o menos ausente. En mis películas la música va flotando, subiendo o bajando en determinadas escenas. Me inspiré para ello en el cine mudo, cuándo había una banda sonora acompañando las escenas sin diálogos y dónde la música aparecía o enmudecía puntuando una acción o una emoción. Hay que saber cuándo ponerla y cuando cortarla. He tratado siempre de hacer lo mismo, puntuando con la música.

El show de Truman, su visión de la manipulación y del poder de la televisión, ha resultado ser una película profética. ¿Cómo la valora actualmente?

—No la preveíamos profética, pero realmente así ha sido. Era una idea de Andrew Niccol y la trabajamos ambos, en primer lugar, para desarrollarla posteriormente, añadiendo escenas, con Jim Carrey. Yo había sido actor de comedia, en teatro, y supe aprovechar el tono. Jim, por su parte, tuvo gran conexión conmigo y con el proyecto y aportó su histrionismo al papel. De hecho, dijo basarse en su padre, que era el americano tópico que saluda a todos los vecinos: “Hola, ¿qué tal? ¡Qué tengan un buen día!…” Realmente, viendo como ha evolucionado la televisión, hay que reconocer que Truman ha sido como un gran vino, que ha madurado en la botella de modo excelente. Merece la pena recordar que Christof (Ed Harris), siendo preguntado acerca de porqué Truman no se ha apercibido nunca del show, responde: “Porqué siempre damos por sentado que la realidad es exactamente como se nos es presentada”… Los medios, la televisión, ahora las redes sociales, nos plantean una realidad, una verdad, que deberíamos ser capaces de cuestionar.

—¿Cuál es la situación de Hollywood? ¿Cuál es su situación en Hollywood? ¿podemos esperar alguna nueva obra suya?

—El Hollywood actual es el Hollywood de los productores, tal vez de los guionistas, mucho más que de los directores. Para éstos el futuro está en la televisión. En cuanto a mí, rodaría proyectos si encuentro guiones que me interesen… Si tienen alguno, estaré encantado de leerlo (ríe alegremente) … A diferencia de otros directores, como Ridley Scott, que precisan estar continuamente rodando y desarrollando proyectos, yo sólo puedo implicarme si el guion me absorbe por completo.

Quedamos a la espera de que reciba la propuesta, Señor Weir.