Maricel Álvarez

Entrevista Maricel Álvarez. Festival DA2025

La llegada del hijo, la película dirigida por la dupla Cecilia Atán y Valeria Privato, se proyecta en el D’A de Barcelona tras su paso por los festivales de San Sebastián y de Mar de Plata. La película, que se estrena en cines el 23 de mayo, se centra en Sofía (Maricel Álvarez), personaje que, cuando recoge a su hijo de un centro penitenciario, se ve obligada a convivir con dudas, dolorosos recuerdos y dilemas internos con respecto a un tema tan complejo como es la maternidad. En el marco del festival tuvimos la ocasión de hablar con la intérprete principal, Maricel Álvarez, quien nos cuenta de primera mano su punto de vista como actriz profesional.

Quería empezar con algo que siempre pienso cuando veo una película con un personaje tan sufrido, que prácticamente no tiene minutos de felicidad en toda la película. ¿Cómo se vive esto en el rodaje?

Hay algo curioso con el tema de abordar personajes tan rotos y tan sufridos, como dices. Por un lado, es un viaje emocional brutal y desgastante. Llegaba a casa con los ojos hinchados. Dormía, pero la hinchazón no cedía, como si el llanto no fuese solo exterior, sino también algo interno. A la vez, también hay algo satisfactorio porque, como actriz, estoy apostándolo todo y eso te produce una gratificación, un placer sádico, casi te diría, que los actores tenemos. Pero a la vez, el nivel de compromiso va en proporción al material, al equipo y a los directores y directoras con quienes te toca trabajar. Cuando tienes entre manos un material como este, cuando has trabajado y te has preparado con dos directoras como son Cecilia Atán y Valeria Privato, que me dedicaron un mes de trabajo que fue un tesoro, y trabajas con un equipo artístico que va desde los productores hasta el responsable del catering, que trabajan con tanta amorosidad, tú sientes que el nivel de compromiso no puede nunca ser menos que eso.

Se contagia el entusiasmo por el proyecto.

Tiene que ver con el entusiasmo, claro, por supuesto. Tiene que ver con un estado de felicidad y de excitación que produce el trabajo bien hecho. Levantarte cada día y decir «tengo un día de rodaje por delante» y afrontar esto con felicidad, más allá de que el material sea tan desgarrador. Esto genera una ambivalencia, una cosa medio esquizofrénica, pero que te sostiene en los momentos en donde estás extenuada porque la emoción es física también. Se traduce en un agotamiento físico, y a la vez, como te decía antes, la gratificación de sentir que vos estás dejándote la piel, pero que esta historia bien merece que uno se deje la piel. No se podría contar de otra manera ni ir a medias, porque entonces ya sería como estafar, no estar a la altura del material, o no estar a la altura de quienes han depositado en nosotros su confianza, nos han elegido amorosamente y nos conducen también amorosamente. Incluso no estar a la altura de tus propias expectativas, que en mi caso son altas, como artista en general. Pienso que si nos dedicamos a esto y no a otra cosa es porque tenemos una profunda vocación, una profunda convicción, y eso nos motiva y nos moviliza. También nos problematiza, pero nosotros le tenemos que dar la bienvenida al conflicto. Como artistas, no podemos evadir el conflicto, todo lo contrario, nos tenemos que meter de lleno en el corazón de las tinieblas. Para eso nos hemos formado, y si bien trabajamos siempre con materiales sensibles que nos pueden afectar, hay en mí una maduración como artista que me permite comprender más allá de la esquizofrenia que te decía antes y no caer en la desesperación real, pero sí poder entrar en la desesperación de ese personaje. Entonces, estás todo el rato trabajando en un plano simbólico, en un plano sensible, en un plano intelectual, en un plano muy físico —porque Sofía es un personaje muy físico—. Aunque en el cine tienes muchas restricciones en cuanto a cómo manejar lo físico en comparación con el teatro, aún así esta película fue un viaje de muchísima fisicalidad.

Antes comentabas el trabajo con las directoras.

Eso se lo debo a la generosidad de las directoras, por supuesto. Porque hay directores que una vez hacen el casting ya confían en que el actor o actriz se va a preparar por su cuenta porque tiene las herramientas para hacerlo. Pero ellas son dos directoras muy interesantes en este sentido, van muy de la mano: saben cuando soltarte y cuando volver a agarrarte para que no te desvíes. Son rigurosas, pero hay algo del orden de lo femenino que tiene que ver con los cuidados, con un rigor amoroso y no uno que venga del grito o del mandato. Es un rigor de “vamos a conversar esto y en la conversación vamos a encontrar ese lugar al que queremos llegar y vos también vas a querer llegar”. Ellas no son solo las directoras, también son las autoras del material. Además, son una dupla, eran dos voces. Y contrariamente a lo que todos podrían presuponer: “uy cuantas voces, qué difícil atender tantas directrices…”. Todo lo contrario, era muy rico esto, no se contradecían y eran miradas que se complementaban. Por lo tanto, a mí me sumaban capas y capas y capas… yo no podía estar más que agradecida en este sentido. Por otra parte, también una capacidad de escucha extraordinaria. He vivido situaciones en las que no existe esa capacidad de escucha porque no lo tienen practicado o aprendido. Hablemos de esto, de ciertas educaciones y mandatos, porque la película trata este tema, y a mí me ha pasado trabajar con directores que de parte de elles no había capacidad de escucha. Las chicas (Cecilia y Valeria) lo tienen súper desarrollado, en parte porque trabajan en dupla, así que para empezar se tienen que poder escuchar entre ellas. Luego estamos todo el resto del equipo que venimos a hacerles preguntas. Para mí fue muy rico y me interesa mucho destacar esto, lo que se construye con un director también hace al resultado del trabajo.

¿Qué crees que hay de ti en Sofía? ¿Hasta qué punto crees que hay algo que es tuyo y que se lo has entregado al personaje?

Todo y nada. Es toda mi fisicalidad, mis emociones, mis lágrimas. Mi necesidad por comprender, que es una necesidad fuerte en Sofía, el personaje. Toda la película hace un enorme esfuerzo por comprender a su madre, a su hijo, a sí misma y sus pulsiones amorosas. Por comprender cómo llegó hasta aquí, por qué pasó lo que pasó. Eso lo comparto por completo porque es algo que también me sucede día a día frente a la crueldad del mundo, frente a los tiempos aciagos que nos tocan vivir, frente a la crueldad, a las nuevas masculinidades, a la confusión que eso ha generado, al amor y al desamor. Todo el tiempo estoy intentando comprender y eso me une fuertemente al personaje.

Cuando digo nada, bueno, yo no soy madre por decisión propia. Me he revelado, he tratado de echar por tierra los mandatos que se me han querido imponer. He tratado de construir una relación con un hombre no tóxica, basada en la igualdad. Esto intento todos los días sostenerlo. Cometo otros errores que no viene al caso enumerar ni contar en una entrevista, pero me entiendes cuando digo esto de todo y nada.

Sí, entiendo lo que quieres decir.

Muchos actores dicen que nuestra labor tiene que ver con un acto de profunda empatía, y les doy la razón a aquellos que sostienen esa teoría. Es verdad que es hacer ese ejercicio de poder ponerse en el lugar del otro, poder ver el mundo desde otra perspectiva que no sea la propia. Uno tiene su propia mirada del mundo, sus ideas. En mi caso, son fuertes. Me expreso públicamente, no soy pudorosa en ese sentido. Pero tienes que retraerte de tu ser social para poder ponerte en los zapatos de otro. Vale tanto para Sofía como para cualquier personaje que me haya tocado interpretar. La Marambra de Biutiful, de Iñarritu, o cualquier personaje que me toque interpretar en el teatro, que me ha tocado desde Orlando de Virginia Wolf a Medea.¿Qué puedes tener en común con Medea?

Te podría dar la misma respuesta, todo y nada. ¿Por qué no reconocer que uno puede llegar a tener pulsiones destructivas, pensarse a sí mismo como un individuo capaz de dejarse llevar por sus emociones? Lo que habilita la actuación es algo muy extraordinario, muy amoroso, que tiene un borde —y a mí me interesan los bordes, no te voy a decir que no—, un borde de peligrosidad pero también un borde de la enorme realización en términos estéticos, poéticos y políticos. En la actuación vos podéis encarnar discursos radicales, extremos con cierta impunidad. Porque hay un marco. En la sociedad tú ocupas un rol y tienes unas reglas que te contienen, que te permiten vivir amparada y no a la intemperie, y no huérfana de roles, que también sería un problema, uno identitario incluso. Y en la actuación tú puedes echar por tierra todo eso, olvidarte de tu yo social, de tu sujeto histórico, y encarnar otras vidas posibles, otro discurso. Pero nunca despegándote por completo, por eso mi respuesta ha sido todo y nada, siempre estás vos presente. Te llevas a ti mismo a todas partes, no podemos evitarlo, por muy camaleónico que seas, como estos actores que desaparecen detrás del personaje —que me encantan—.

¿Qué rasgos te gustan más en un personaje como actriz? ¿Qué es lo que buscas en un personaje?

No me adelanto tanto. Como actriz que viene del teatro y trabaja mucho en el teatro, han habido personajes de la literatura dramática que tenía muchas expectativas por llegar a interpretar. Algunos han llegado, otros no, no importa. Pero desde hace un tiempo hasta ahora, creo que mi futuro como artista está en la mirada contemporánea, la escritura contemporánea en el teatro, y en el cine también, por supuesto. El cine es un arte mucho más contemporáneo que el teatro.

El teatro es más tradicional.

No hago teatro tradicional ni teatro comercial. No hago teatro popular o de entretenimiento, no es algo que me interese. Lo que me interesa son los materiales y las cabezas detrás de los materiales, los artistas con los que pueda colaborar. Entiendo que mi trabajo es el de colaboradora artística de alguien. Nunca me siento como la protagonista, sé que cumplo una función en un proyecto artístico y siempre estoy bajo la dirección de otros que pueden ver la totalidad. Por lo tanto, tienen la autoridad para decir que sí o que no. Pero siempre en el proceso me siento una colaboradora. Entonces, el mejor material es el que esté por venir. No puedo, por adelantado, decirte qué materiales querría trabajar. Espero que el futuro nos depare cosas interesantes, buenos proyectos, que se siga filmando en Argentina y en España. Siempre para este tipo de películas de autor hay que hacer un enorme esfuerzo. El esfuerzo es mancomunado, de todas las áreas y de todos los actores que forman parte del proyecto. Lo mejor está por venir.

Mirar al futuro con optimismo.

Pese a los tiempos que corren.

El optimismo es lo que nos queda.