Después de abandonar la saga Star Wars tras un irregular Episodio VIII, el cineasta Rian Johnson presentó al mundo, en 2019, al detective Benoit Blanc (Daniel Craig). Lo hizo en la magnífica Puñales por la espalda, cuyo éxito residía en homenajear la estructura narrativa de las novelas de misterio de Agatha Christie. El éxito de la película -incluida su nominación al Oscar a mejor guion original- le valió a Johnson para escribir dos entregas más de los misterios del detective Blanc: Glass Onion (2022) y De entre los muertos (2025). Rian Johnson se alejaba de la ciencia ficción para adentrarse en el suspense, y su primera serie lo mantiene en este camino.
Si la saga Puñales por la espalda imita la estructura de las historias protagonizadas por Hércules Poirot, Poker Face toma inspiración de los seriales policíacos de los setenta, particularmente de Colombo (1971). Así pues, en todos los episodios de la serie vemos el crimen (y a sus protagonistas) antes de conocer el punto de vista de nuestra heroína. Un ejercicio de suspense en el que se despacha rápidamente el “quién” para centrarse en lo realmente importante: ¿cómo se las va a ingeniar esta vez Charlie Cale para desenmascarar al asesino?
La serie está diseñada para el lucimiento de Natasha Lyonne, pues su Charlie Cale es uno de los personajes más memorables de la televisión de los últimos años. La protagonista de Poker Face es una trotamundos que resuelve crímenes con su don especial: detectar cuando alguien está mintiendo. No lo hace por dinero o fama, su buen corazón y su debilidad por la gente más necesitada y vulnerable le impiden ignorar una injusticia. El guion de Poker Face siempre es fresco, divertido y adictivo porque antepone la humanidad de su protagonista a su talento deductivo.
La segunda temporada de Poker Face mantiene la esencia de la primera: no busca una gran trama conductora, sino que aprovecha la huida hacia delante de su protagonista a través de la geografía estadounidense para darnos episodios independientes. Cada uno de ellos cuenta con una colección de estrellas invitadas, además de una buena dosis de humor y de intrincadas intrigas con giros de guion. Porque, para Rian Johnson, el hecho de conocer al asesino no es un limitante para sorprender al espectador con revelaciones ingeniosas.
La principal diferencia con su primera temporada, es que a Poker Face no le da miedo volverse algo más oscura si la trama lo requiere. Charlie Cale empieza a darse cuenta de la implicación de acercarse tanto a la muerte y episodios como el de la funeraria (con un perturbador Giancarlo Esposito) o el espectacular doble episodio final, reflejan el peligro al que se enfrenta la protagonista, a pesar de su actitud descuidada. Este matiz en el tono -que sigue siendo, por lo general, divertido y luminoso- elevan la calidad de la serie y la salvan de estancarse en los aciertos de la primera temporada. Poker Face se consolida con una segunda temporada que la mantiene como una de las series más disfrutables de la actualidad. Una serie cuya ambición no reside en innovar tanto como en perfeccionar una fórmula conocida, pero cada vez más en desuso. Un procedimental detectivesco que bebe de referentes televisivos como Colombo, Miénteme o Scooby-Doo, pero que consigue dejar huella y tener su sello personal e inolvidable.








