We Bury the Dead

Entrevista Zak Hilditch

En el Festival de Sitges se proyectó We Bury the Dead, una película australiana en la que los zombies se convierten en un vehículo para el duelo. Cuando un desastroso accidente aniquila gran parte de la población australiana, se organizan partidas a la zona afectada para hacer una limpieza de cadáveres. Ava (Daisy Ridley), decide participar en esta tarea con la esperanza de reencontrarse con su marido, alentada además por el rumor cada vez más extendido de que algunos fallecidos parecen volver a despertar. Con la presencia de su director, Zak Hilditch, en el marco del festival, tuvimos la ocasión de hablar con él sobre la película y su peculiar propuesta, una en la que se invierte el papel del zombi: en lugar de ser los responsables del caos y la muerte, son la consecuencia y los restos tras un cataclismo.

Cuando se piensa en zombies, suelen ser la razón del caos, el monstruo que derrumba el orden de la sociedad y que trae la catástrofe con su presencia. En We Bury the Dead, sin embargo, los zombies son la consecuencia en lugar de la causa, y en lugar de caos, se convierten en un recurso para lidiar con el duelo. ¿Cómo llegaste a esa decisión?

En los primeros borradores del guion ni siquiera había zombies, pero sí que estaba el evento del cataclismo, estaba Ava, un montón de muerte, de cadáveres y la recuperación de estos… todo eso funcionaba, pero al guion le faltaba algo. Imaginaos la misma peli pero sin zombies. Irónicamente, esa versión no tenía alma. Y no quería incluirlos porque sí, solo quería incorporar el monstruo si podía ayudar a tratar el tema de los asuntos pendientes, de cómo aprender a lidiar con ellos por ti mismo para conseguir una catarsis. Cuando estas ideas empezaron a surgir —asuntos pendientes, zombies, Ava y su esposo con historias sin acabar…— fue como la tormenta perfecta. Se entrelazaron los conceptos y empecé a incluir los zombies. El guion me decía que le faltaba algo, y ese algo eran zombies. Jamás pensé que fuera a ser una película de este género, y hasta me daba miedo meterme en ese jardín. Pensaba “Venga va, los zombies están muy vistos…” , pero los incluí porque les podíamos aportar una vuelta de tuerca. Hay que respetar el lore, hay que ofrecer lo que el espectador espera de una película de zombies, pero quería que We Bury the Dead combinara el cine comercial con algo más art house, quería ese contraste. Ofrecer algo único que decir en una peli del género.

Con el tiempo, la cultura cambia, el cine cambia y los monstruos cambian con él. Hemos tenido varias versiones de Drácula o Frankenstein, por ejemplo, ambos con una nueva interpretación en la presente edición del festival. Podríamos decir que los mismo está sucediendo con los zombies.

Sí, es cierto. Por eso cuando vi 28 días después (28 Days Later, 2002) de Danny Boyle me dejó boquiabierto. Encima me fascinó que el mismo director de Trainspotting (1996) y Tumba abierta (Shallow Grave, 1994) grabara esa película con la misma cámara que yo usaba en la escuela. Fue el que lo revolucionó todo de nuevo, de repente todos los zombies debían ser rápidos. Con suerte, si We Bury the Dead consigue aportar ni que sea un poquito al lore de los zombies, estaré muy orgulloso.

Mencionas 28 días después. ¿Que referencias tenías para la película?

28 días después fue definitivamente una referencia muy importante. Y cualquier road movie también, por ejemplo Luna de Papel (Paper Moon, Peter Bogdanovich, 1973). Simplemente adoro que haya dos personajes que no deberían estar juntos viajando por carretera, y ver qué pasa, ver los fuegos artificiales que pueden salir de ahí, ver el ying de uno para el yang del otro. Esta película (We Bury the Dead) he sido yo saliéndome con la mía haciendo algo que quería ver, unir a dos personas que de ninguna manera deberían unirse y ver qué ocurre cuando pones a gente así juntos, autodescubrir un aspecto distinto sobre ellos.

La película sucede en Australia, pero la protagonista es estadounidense y en ciertos momentos del argumento aparece una tensión con su nacionalidad.

Sí, desde el minuto cero los americanos iban a ser los malos de esta película. [Ríe] Y ha sido genial verla con público, porque luego me dicen “me alegra mucho que hayas hecho que los Estados Unidos sean los malos”. Causan todo este lío y ni siquiera ayudan en la limpieza ni están presentes para la catarsis de nadie, sencillamente no están ahí. Para ellos es en plan “¡Ups!”. ¿Y cómo no iba a ser eso una representación certera del mundo en el que vivimos? Escribí este guion hace cinco años, pero solo se ha vuelto una verdad más y más real. Así que nunca hubo la opción de otro país como causante del cataclismo.

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