The Company You Keep

Siempre los festivales

Es verdad que mi año natural, por trabajo, no es el de las fechas de estreno en salas sino el del circuito de festivales. Y eso distorsiona mi percepción en dos sentidos. El más obvio es el que me lleva a dejar fuera por la reglamentación algunas películas vistas este año y que, de otra forma, situaría en lo más alto, como son los casos de O agente secreto de Klever Mendonça Filho;  de Orphan, de Laszlo Nemes; de O Riso e a Faca, de Pedro Pinho; de Anoche conquisté Tebas, de Gabriel Azorín; de A Useful Ghost, de Rachtapoom Boonbunchachoke; de Feels Like Home, de Gábor Holtai: de La Danse des Renards, de Valery Carnoy, de Sound of Falling, de Mascha Schilinski, de Si pudiera, te daría una patada, de Mary Bronstein o de Reflet dans un diamant mort de Hélène Cattet y Bruno Forzani.

Sería esta una posible lista alternativa de diez peliculas. Podría pensar que ésta será, en buena medida mi lista de 2026 en Miradas de Cine. Pero aquí llega la otra distorsión. El paso del tiempo atempera las pasiones. Así, en mi lista de 2024 habrían ocupado espacio El brutalista o A Different Man. A día de hoy, tras segundos visionados y esa distancia temporal, ya no me parecen tan buenas o indiscutibles. En fin, valga esto sólo como mi forma de hacer justicia con muchos títulos que se quedan por el camino en el a veces dliatadísimo plazo que va de su nacimiento en festivales de cine hasta que —en el mejor de los casos, en otros no llegan nunca— a su estreno en el circuito comercial. 

De manera que las películas que incluyo en este top-ten y que se dieron a conocer en el 2024 merecen para mí una singular resistencia artística de los materiales.

De mi lista de 2025 hay dos películas que atesoran otra extrañeza: no han pasado por festivales. En un caso, por tratarse de un film de terror. Y ya sabemos del ninguneo de esos foros por el género. En el otro, la abstinencia es mucho más significativa.  Creo que Paul Thomas Anderson decidió retirarse del escaparate festivalero cuando en 2012 fue a Venecia con una más de sus obras maestras, The Master, y un jurado lerdo como tantos otros le dio el León de Oro a un film de Kim Ki-duk, Pietà, que no recuerda ni su padre (entre otras cosas porque se murió de Covid en Letonia) y relegó The Master al Premio a la mejor dirección, algo así como la medalla de bronce. Desde entonces, Anderson ha encadenado cuatro obras capitales con las cuales se ha resistido a los cantos de sirena de Thierry Frémaux o Alberto Barbera.

Esa idea de independencia sobre el establishment da todavía una dimensión más libertaria a Una batalla tras otra (título tomado de la escasa teoría que dejó escrita el grupo armado Weather Underground, del cual es justo recordar ahora que ya fue abordado con coraje por Robert Redford en The Company You Keep, su postrera película tras la cámara).

 No puedo despedir el año sin recordar a un amigo.Todo está ya dicho sobre los valores como programador de cine, como director de festivales, como infatigable animador cultural, de José Luis Cienfuegos. A mí me queda recordar a la persona. Cada año, desde hace muchos, cenábamos como una tradición innegociable la última noche del festival de Cannes. Él quería auscultar en esa cena qué pensábamos un grupo de colegas de la crítica sobre la cosecha cannoise. Estuve con José Luis todavía en septiembre, en San Sebastián. Los festivales, siempre los festivales. Es un territorio para la generosidad y también para lo mezquino. Cienfuegos era generoso en risas y aceptaba todas las provocaciones. Descansa, amigo.

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