Top 2025 – 10. Los pecadores

Es normal ver a un actor o actriz en diferentes papeles, es su trabajo a fin de cuentas, y encontramos sus rostros en múltiples películas que pueden ser de diferentes autores, de variadas sensibilidades y de muy distinta índole. Si bien siempre hay casos que, aunque en diferentes personajes, se reiteran en sus formas, ya sea por encasillamiento o por comodidad, los artistas de la interpretación se transforman de una obra a otra, física y anímicamente, trabajan las psiques de su personaje y adoptan esa personalidad ante la cámara, pudiendo ser una persona completamente distinta. Sin embargo, que un mismo intérprete haga múltiples papeles en una sola película resulta menos frecuente (por razones obvias) y por lo tanto más llamativo, por eso es curioso la relativamente alta cantidad de ejemplos que se han dado recientemente.

Robert De Niro, quizás el mafioso por excelencia, sube la apuesta en The Alto Knights (Barry Levinson, 2025) y en lugar de hacer de mafioso hace de dos, por si en solitario no daba bastante miedo ya. Otro caso es el de Robert Pattinson en Mickey 17 (Bong Joon-ho, 2025), que se ponía en el piel del mencionado Mickey 17 y también de Mickey 18, dos clones de la misma persona, de ahí la apariencia idéntica, pero con caracteres completamente opuestos. En la Frankenstein (2025) de Guillermo del Toro tenemos otro caso, con Mia Goth actuando como la madre de Víctor Frankenstein (Oscar Isaac), la baronesa Claire Frankenstein, y haciendo de Elisabeth, la prometida de William, el hermano del científico loco. Y ya que menciono a Isaac, el actor estadounidense también aparecía por partida doble en una de las propuestas más esperpénticas de la pasada edición del festival de Venecia, In the Hand of Dante (Julian Schnabel, 2025), donde para colmo, además de Isaac, varios integrantes del reparto se duplicaban junto al protagonista al aparecer como distintos personajes en distintas épocas (Gal Gadot o Gerard Butler, por ejemplo). Que una misma persona ponga cuerpo a diferentes identidades funciona especialmente bien para aportar similitud entre parientes, especialmente entre hermanos. En esta categoría podemos sumar a la lista a Diane Kruger en Los sudarios (The Shrouds, David Cronenberg, 2025) y a Theo James en The Monkey (Osgood Perkins, 2025).

Pero el que escribe dejará de irse por las ramas en este pequeño apunte que ha encontrado pertinente por puro capricho y a partir de ahora se centrará en la película que motiva el escrito, una que se suma al listado de ejemplos que ha iniciado el texto: Los pecadores (2025), de Ryan Coogler, la cinta de vampiros protagonizada por la pareja de gemelos Smoke y Stack, ambos, como no, interpretados por Michael B. Jordan (nótese la fácil disposición de esa B para comentarios jocosos). El actor fetiche del director de Black Panther (Ryann Coogler, 2018) se luce ante la cámara con las distintas personalidades de los dos hermanos que, a su vez, tan bien se compenetran entre ellos, siendo un verdadero luja aquellos planos que los contienen a ambos (véase ese montaje final a base de flashbacks) Jordan consigue transmitir dos personalidades que realmente se sienten provenientes de distintas personas, pero, para qué nos vamos a engañar, los sombreritos de colores son de gran ayuda para identificar quién es quién en pantalla.

No en vano, Los pecadores nos habla de comunidad y unión. Sí, es una película de vampiros, pero siguiendo la estela de Jordan Peele, el empleo del género como comentario social se sirve maravillosamente del monstruo chupasangre. Las reglas clásicas a las que le somete su condición de ser resultan en una criatura que se adecúa a la perfección al discurso del filme. ¿Qué mejor que una entidad a la que debes dejar entrar, que a menos que la recibas voluntariamente y la invites no puede hacerlo? A su vez, Remmick (Jack O’connell), el misterioso vampiro que pone la matanza en marcha, persuade a los demás con promesas de inmortalidad y hermandad, resultando casi en una suerte de predicador en busca de seguidores que se sumen a su causa y, cuando logra hincarles el diente a sus víctimas, las convierte en fieles creyentes de su palabra y quedan enlazadas a él.

Pero la verdadera magia del filme, más allá de los vampiros, una que resulta incluso más poderosa por su factibilidad con el mundo fuera de la pantalla, recae en la música. En palabras de Delta Slim (Delroy Lindo): “El blues no se nos ha impuesto como la religión. Es parte de nuestras raíces. Es magia lo que hacemos. Es sagrado… y grande”. A diferencia de la congregación forzada que ofrece Remmick, la música libera a las personas que se prestan a las vibraciones de la melodía, que bailan hasta olvidarse de todos los males y fraternizan con los demás a su alrededor embriagados por el poder de una guitarra y una voz en comunión. En la magnífica escena en plano secuencia, cuando Sammy “Preacher Boy” (Miles Caton) deleita a su público con su canto a la libertad I Lied to You, la cámara se desplaza por la pista de baile navegando a través del tiempo, entrelazando musicalmente distintas épocas y sus respectivos estilos de una comunidad que siempre ha luchado por mantener su fuerte carácter cultural y, en la magia musical del momento, todos los presentes bailan en comunión bajo la mirada de las estrellas entre las cenizas de los muros que los confinan.

Coogler impregna esa escena de una lírica que cautiva los sentidos y se asienta como el punto álgido de la noche. Separa las dos partes de la película y a su vez es la base crucial de ambas, distinguidas en su tono y centro argumental, en la primera esforzándose por construir ese momento mágico y en la segunda luchando por evitar su inevitable destrucción. Como dice Stack en la última escena del filme con añoranza, “solo por unas horas, fuimos libres”.

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