En sus dos primeros largometrajes como director, Bradley Cooper había realizado interesantes estudios de personajes que enfrentaban su innegable talento artístico con los conflictos personales que implicaban la fama y el abuso de sustancias. En su nueva película, Sin conexión, cambia el foco para fijarse en un “don nadie”, y quizá por eso mismo renuncia, por primera vez, a interpretar a su personaje protagonista.
El film gira alrededor del divorcio de Alex (Will Arnett) y Tess (Laura Dern), un matrimonio acomodado de Nueva York con dos hijos y una vida aparentemente ideal. El arranque es prometedor, pues, a diferencia de narraciones como Historia de un matrimonio (Noah Baumbach), la ruptura no es escandalosa. No hay infidelidades ni traiciones, ni siquiera se nos muestra el desgaste de la relación ni las constantes discusiones. Sencillamente se acaba.
Este cambio radical en la vida del protagonista lo lleva a un estado de incomprensión del mundo que lo arrastra a probar suerte, casi por accidente, en el mundo del stand-up neoyorkino. Resulta imposible no pensar en La maravillosa señora Maisel, pues el punto de partida es idéntico; sin embargo, la serie de Amy Sherman-Palladino partía de un contexto que lo hacía mucho más interesante, con más riesgo. Al fin y al cabo, Miriam Maisel debía enfrentarse como mujer traicionada a un mundo tan misógino como la comedia neoyorkina de los años cincuenta. El caso de Sin conexión es distinto, pues el protagonista es bien recibido, y salvo la vergüenza que siente por hacer algo tan impropio, su nuevo hobby no afecta demasiado a su estilo de vida.
Aún así, Bradley Cooper construye algo interesante durante la primera hora de metraje. El director se aleja muchísimo a los rostros de los protagonistas y las secuencias de stand-up resultan interesantes por el manejo del tono, que va de la vergüenza ajena a la catarsis personal de un protagonista que encuentra en la exposición pública una suerte de terapia. El rol de fracasado que exprime su minuto de gloria sirve de complemento por oposición con otro rol de Arnett, el del personaje protagonista de BoJack Horseman. El caballo creado por Raphael Bob-Waksberg hubiese sido un protagonista más canónico para Cooper —hay algo de eso en el personaje principal de Ha nacido una estrella (2018)—. Will Arnett hace muy creíble al personaje que, a pesar de no ser muy complejo, debe ser gracioso sin ser payaso y debe sufrir sin recurrir a un desmorone evidente.
A diferencia de Arnett, que se erige como el actor ideal para el rol protagónico por su contención, Bradley Cooper aparece sobrepasado en un papel secundario que desestabiliza el tono de la cinta. Su personaje, el mejor amigo del protagonista, es un actor frustrado adicto a la marihuana que busca ser un alivio cómico y termina siendo una carga para el desarrollo satisfactorio de la trama. Y es justo cuando más aparece Cooper, en la segunda mitad del film, cuando la película colapsa y pierde el pulso y el tono de su prometedor arranque. A medida que avanza el metraje, una serie de giros narrativos convierten la película en un drama romántico mucho más al uso, que busca explorar el misterio de las relaciones adultas y se pierde en una construcción genérica. La introducción del submundo de los monólogos y la comunidad de bichos raros en la que se apoya Will Arnett para superar su batacazo emocional se disuelve y Cooper se acerca peligrosamente a películas como Si fuera fácil (Judd Apatow, 2012), cayendo por el camino en demasiados lugares comunes.
Sin conexión parecía ser un intento de Bradley Cooper por acercarse a propuestas más contenidas, alejadas del exceso de sus largometrajes anteriores y termina siendo demasiada agarrotada. La contención se vuelve rigidez y el cineasta no logra dejar fluir los elementos interesantes de la película. Si termina siendo una obra disfrutable y una sólida comedia dramática dirigida a un público adulto (de esas que se están perdiendo en el contexto de streaming en el que vivimos) es por las más que solventes interpretaciones de Will Arnett y Laura Dern que sigue estando fantástica en todo lo que hace.








