Animac 2026

30 años disfrutando de la animación

En la tupida selva festivalera hay algunos de popularidad oscilante, a merced del hype. Otros, como es el caso del Animac, siguen recogiendo el (excelente) ritmo del cine de animación hasta el punto de celebrar (nada más ni menos) que 30 añitos. Con mucha modestia pero con calidad sobrada la Mostra Internacional de Cinema d’Animació de Catalunya ha traído a Lleida, una vez más, obras (mayormente cortos) llegadas de Berlín, Cannes, Locarno o Toronto, así como muchas otras que tal vez emprendan caminos de gloria en los próximos doce meses. El lema de este año era «Things change» pero, por fortuna, el espíritu optimista e independiente de la Mostra se mantiene intacta.

Algunos largos

Entre los largometrajes presentados en Lleida cabe destacar tres piezas relevantes, aunque de estilos bien diversos. Olivia y las nubes (Tomás Pichardo Espaillat, 2024) es una obra atrevida, un tanto excesiva en su dispersión, que explora la expresividad de la animación en sus diversas técnicas (dibujo y pintura sobre papel, stop motion, inclusión de fotografías, rotoscopia…). Este largo animado de República Dominicana sigue las vidas de diversos personajes y las técnicas ilustran las consecuencias de amores y desamores. Un ritmo frenético y diálogos difíciles de seguir lastran la experiencia pero esta Olivia merece ciertamente la atención, como acreditan los premios recibidos…

…Pero había otra Olivia, Olivia y el terremoto invisible (Irene Iborra, 2025), una modesta pero muy conseguida stop motion con muñecos que se desarrolla desde el punto de vista de una niña (y su familia) afectada por un desahucio. Olivia pierde su domicilio de familia de clase media y es recolocada en la periferia urbana (en els Nou Barris de Barcelona) dónde convivirá con una realidad que se representa como un terremoto y una grieta en la que se hunde. Ella y su hermanito Tim (un muñeco muy expresivo) vivirán un revés que, por otro lado, les permitirá conocer nuevos e inesperados amigos, emigrantes en situación similar, que se solidarizarán con la familia. Una cinta familiar, reivindicativa, pero que luce con alegría y sin demagogias la lucha contra la especulación. Más que digna, una obra muy reivindicable no sólo para el público infantil sino para todos los públicos.

Por otro lado llegó la deliciosa Maya, donne-moi un titre (Michel Gondry, 2024) en la que el autor de Rebobine por favor recoge en un stop motion sobre papel recortado las historias que cuenta a su hija. El surtido es muy variado (terremotos, reducción de tamaño, atracos…) pero siempre hilarante. El tono naif de los dibujos es acorde con los cuentos infantiles pero el ritmo es de screwball comedy. Los giros de guion y los gags se suceden de modo ingenioso: pese a la catástrofe, Maya pasea durante el terremoto a sabiendas de que todo son animaciones de su padre y se abre paso en el centro de la tierra con las tijeras que cortan el dibujo de la pared; en otro episodio, cada avance de la trama culmina con un gorro-sombrero-corona en la cabeza de la niña y, en otro, hay sucesivos episodios de policías, falsos policías y falsos auténticos policías… Es un placer ver cómo Gondry se puede seguir divirtiendo, nos puede seguir divirtiendo, en pequeño formato, cuando el largo le falla.

Los grandes cortos

Se ha dicho siempre. La gloria de la animación, su capacidad creativa, expresiva y narrativa, vive en el corto. Animac lo celebra cada año y esta ocasión no fue una excepción. Comentamos los más destacables de la cincuentena de cortos vistos. Bea Lema adaptó su cómic El cuerpo de Cristo a una animación sobre tela, retratando el drama de la enfermedad mental de una mujer marcado por el maltrato sufrido en la infancia. Narración y denuncia se mezclaban con el homenaje a las costureras que llevaban a cuestas su máquina de aldea a aldea para ganarse la vida. La duración se adapta sabiamente a las necesidades de la historia.

La búlgara Balconade retrataba en seis precisos minutos una pequeña comunidad cuyo solaz dominical se altera, brevemente, por un vendaval.

La rumana El mago, desarrollando luces y sombras, presentaba un vibrante noir con ecos de fantástico. Ambientada cuidadosamente en la ciudad portuaria de Sulina a finales del siglo XIX, los 24 minutos de animación resultaban muy superiores a largos con personajes “reales”.

La sutileza realzaba el stop motion de Sulaimani, que en 19 minutos y un restaurante con dos comensales solitarias retrataba el desarraigo y la soledad de dos emigrantes indias en Paris.

También lo hacía en Les pieds dans l’eau, dibujo sobre papel, en la que bastan 9 minutos para captar el afecto de un hombre por su mujer, enferma de Alzheimer.

La enfermedad, también recogida, en 2D digital, con toques de humor absurdo y realismo mágico en Im Auto Tapes und Butterbrot.

La sección Expanded (antes llamada White Cube, presentando las obras más libres y experimentales) brilló con su peculiar luz, en múltiples estilos, liberándose de argumentos y creciendo en imaginación y técnicas aplicadas, 2D, 3D, stop motion con objetos… A destacar el arrollador A Round of Applause for Death y su tono de corto lynchiano nos regaló 4 apoteósicos y desconcertantes minutos en 2D.

Animac incluye cortos de todo origen geográfico y temática y, desafortunadamente, la guerra siempre está presente. Tuvimos referencias al conflicto de Ucrania en Winter in March, una stop motion con muñecos y objetos, siguiendo la fuga de una pareja rusa hacia el exilio.

Nos asomamos al genocidio de los palestinos en Gauze, una animación digital 3D sobre un joven nadador que debe dejar la competición y nadar por la supervivencia.

Por otro lado, la iraní Like Friend, Like Deer, que se refería veladamente al exilio en dibujos digitales.

A destacar la extraordinaria Dark Globe que, en stop motion con hojas de papel dibujadas y papiroflexia, mostraba en tres intensos minutos el rumbo de destrucción de la humanidad.

Destacar también dos presentados en la sección Maternidades disidentes en los que se ponía en la balanza la oportunidad, la libertad, de decidir sobre la intención de ser o no ser madre. En el primer caso, Unlearning Motherhood, la obra se basaba en una alternancia de declaraciones femeninas a favor o en contra del embarazo en distintos contextos, mediante animación 2D y sería una excelente herramienta con que acompañar sesiones teóricas en institutos o centros de atención a la mujer, sin duda.

De modo semejante, la insólita Ovary-Reacting, stop motion con muñecos, desarrollaba el mismo tema. Pero aquí las dudas de la protagonista eran confrontadas a… ¡un útero cantante! El divertido Womby retaba a su propietaria a embarazarse planteándole, música mediante, posibles futuros felices a los que ella respondía con alternativas felices en ausencia de hijos.

Ambas obras podían complementarse con la que, sin duda, fue una de las mejores obras del festival. Porque hoje e sábado, de Alice Eça Guimaraes, en digital 2D y 12 minutos, retrataba a la perfección la sobrecarga que sufren las amas de casa, por felices y amadas que sean, al verse responsabilizadas con la limpieza y organización de la casa y la familia. Una obra sin palabras, inteligente, divertida, impecable y concisa… que también nos dejó sin palabras (y con cierta vergüenza) a los hombres presentes en la sala.

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