Los personajes interpretados por el británico Jason Statham suelen ser hombres solitarios, taciturnos, herméticos y misteriosos. En el caso de Shelter: El Protector (Shelter, Ric Roman Waugh, 2026), la tercera obra que lleva a cabo con su propia productora Punch Palace Productions, consigue llevar este aspecto un paso más allá encontrando la máxima expresión de ese contexto, pues Michael Mason, el protagonista en cuestión, vive aislado en la isla de un faro. Por si fuera poco, como para enfatizar la penitencia metafórica de la isla, el faro no funciona desde hace años, por lo que, a diferencia del dúo Pattinson y DaFoe en El Faro (The Lighthouse, Robert Eggers, 2019), Michael pasa sus días en la máxima soledad, como un alma errante sin ninguna finalidad más que pasar las horas embriagado bajo los efectos del alcohol, acompañado únicamente de su perro al que ni siquiera pone nombre. Su elección de aislarse queda inmediatamente clara cuando rechaza el regalo que le hace Maddison (Celine Buckens), una niña que le trae periódicamente suministros junto a su tío y que más adelante se convertirá en la razón para que Statham adquiera el rol de protector que sugiere el subtítulo español del filme. Además, los planos iniciales ponen en relieve su deliberada intención de evitar cualquier contacto con sus proveedores, observando en silencio desde la distancia.
En esencia, está versión depurada del arquetipo Statham rápidamente ve su situación truncada cuando Maddison pierde en un accidente a su tío y se queda sin familia aislada en el faro. Sin demasiadas complicaciones argumentales, se establece rápidamente una entrañable relación paternal entre las dos almas conviviendo en la isla, situando a Shelter: El Protector dentro de la subcategoría de películas con corazoncito en la filmografía del actor británico. Por supuesto, la cosa no se queda ahí, y debido a las nuevas preocupaciones de Michael, este abandona momentáneamente su cobijo, hecho que pone en marcha una persecución a su persona en el mismo instante que una cámara consigue identificarlo, activando a su vez una serie de intrigas de espionaje conducidas principalmente por Roberta (Naomi Ackie) y Manafort (Bill Nighy). Las similitudes en este aspecto recuerdan a la saga del agente Bourne, con Roberta y Manafort enfrentándose entre ellos a base de engaños y artimañas intelectuales mientras no paran de seguirle el rastro a Michael. Los paralelismos van más allá con la introducción de un súper agente bajo las órdenes de Manafort, que gracias a su habilidades a la altura de Michael ejercerá de antagonista principal y atosigará a su contrincante sin cesar como si de un T-800 se tratara.
Dados estos ingredientes argumentales, Shelter: El Protector se desarrolla como cabría esperar, sin sorpresas ni giros de guion. Michael y Maddison yendo de un sitio a otro mientras les siguen el rastro (aunque el por qué quieren también a Maddison no queda muy claro), escenas de acción bien resueltas pero sin ofrecer nada nuevo: una coreografía salvaje con la que destrozar el mobiliario, una persecución en coche, bueno, ya se sabe, zona de confort de Statham. Cabe destacar, eso sí, una breve escena en una discoteca, reminiscente de aquel Tom Cruise que se abría paso (no solo con empujones) entre la multitud en Collateral (Michael Mann, 2004), que además construye con acierto desde el guion una convergencia de diferentes partes, casi todas con el protagonista como objetivo, si bien cada una con diferentes intenciones. Una lástima que el potencial que ofrecía la escena en el papel no consiga llevarse a la pantalla, pero aún así es de lo más destacable de la película.







