La bola negra

La bola negra, de Javier Ambrossi y Javier Calvo. Cannes 2026

Embolada

Sorprendió que una película de directores noveles (es una segunda obra) llegase a la competición oficial de Cannes sin que sus responsables hubieran participado nunca antes en otras secciones del festival, planteándose si había algún acuerdo de alto nivel que lo facilitara, más allá de su interés o calidad intrínsecas. Vaya por delante que La bola negra no es una obra sobre Lorca sino que toma tangencialmente la obra inacabada del mismo título para desarrollar una denuncia de la represión sobre la homosexualidad.

La cinta se estructura en base a tres historias. Por un lado, la propia historia del relato que Lorca dejara inacabada, en la que un joven gay trata en 1936 de incorporarse al Casino de Granada. El consejo del Casino, profundamente rancio, vota emitiendo bolas de color blanco, a favor, o negro, en contra. Los poderes fácticos rechazan con varias bolas negras al joven por su condición sexual y él deberá plantearse si lo acepta o recurre presentándose de nuevo y reivindicándose como heterosexual.

La segunda historia, que transcurre en 1937, es la breve pero intensa relación entre dos homosexuales, un oficial republicano herido y detenido para interrogatorio y ejecución, y el soldado nacional que le vigila. A través de esta trama se enlaza con la tercera en la que un supuesto fragmento perdido de la obra La bola negra llega a las manos de un estudioso de nuestra época, también gay.

Los Javis entrecruzan las tres tramas con cierta habilidad durante el grueso del metraje y sólo adivinamos que la primera es la narración imaginada (en parte) por Lorca hasta avanzada la obra. El hilo salta así de un argumento a otro pero manteniendo en todo caso la denuncia de la represión sufrida en los años treinta y continuada durante todo el franquismo. Una denuncia que en la actualidad parece ser más necesaria dadas las amenazas de involución política y social.

Si el tramo correspondiente a La bola negra está desarrollado con mucho formalismo (vestuario, decorados, extras) parece que los directores se sienten más libres en la construcción de la historia central, con una puesta en escena más austera pero también más eficaz, y en la presentación de los dos personajes centrales, Rafael (el soldado republicano) y Sebastián (el nacional). La progresiva atracción del segundo por el primero, su fascinación al conocer su historia personal (dónde se introduce su relación con Lorca) y el desenlace, al borde de la muerte, se desarrollan con intensidad y fluidez, a la par que incluye una secuencia musical clave en la película. En dicha secuencia vemos como las tropas nacionales de permiso acuden a un espectáculo de variedades dónde la estrella (Penélope Cruz) desata los deseos de una multitud que es, a su vez, la encargada de reprimirlos. Será ella quien abra los ojos a Sebastián sobre la realidad y le plantee un destino que influirá, por otro lado, en el del texto de Lorca.

La tercera historia, situada en nuestra contemporaneidad, está destinada a cerrar los hilos de las dos anteriores y, para disimularlo, trata de vestirse con un argumento propio que incluye un conflicto materno filial. Esta trama, que durante el grueso de la película ha aparecido como anecdótica, irrumpe en el tramo final entre las otras dos y distorsiona por completo la estructura de la cinta. A partir de ahí, la película se escapa de las manos de Ambrossi y Calvo, con una inacabable separación de Rafael y Sebastián a lo largo de numerosas escenas (que pudieran, cada una de ellas, representar el final), otras en flashback (y blanco y negro, por si el espectador no lo entendiera…) en las que aparecen Lorca y Rafael y varias secuencias oníricas marcando el final de la historia de La bola negra. Si a todo ello le añadimos la presencia de Glenn Close como experta en Lorca, valorando el final del relato y la opción de su protagonista, y una recitación en off de la poesía que se superpone con los diálogos de la obra, el último tercio de la película acaba como un despropósito confuso y ampuloso. Habrá que ver si el impulso regalado con el premio a la mejor dirección en Cannes (comentarios aparte) les permite desarrollar nuevas obras con una estructura más consistente.

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