La trastienda de los horrores
El debut de Kane Parsons ha liderado la taquilla mundial en el fin de semana de su estreno, todo un logro aún más valorable si tenemos en cuenta que Parsons (Kane Pixels en Youtube) solo tiene 20 años, uniéndose así a la nueva generación de jóvenes youtubers reconvertidos en directores junto a los hermanos Philippou (RackaRacka), Mark Fischbach (Markiplier) o Curry Barker, que comparte el canal That’s a Bad Idea con Coop Tomlinson y que a finales de este mismo mes estrenará su debut, Obsession, en nuestras salas. Mucho se ha hablado ya de Backrooms antes de su estreno, algo que no es ajeno a casi ninguna producción de A24, y la conclusión generalizada es que puede ser una puerta hacia el género para ese público nacido con el siglo y que, como el propio director, se ha criado viendo Youtube y webseries y tiene poca o ninguna idea de quienes eran, solo por poner un caso, Terence Fisher o siquiera Wes Craven. Si ejercerá esa función o será únicamente un fenómeno efímero como el ultimo video viral de esta semana solo el tiempo podrá decirlo pero lo que parece bastante claro es que Parsons ha completado un trabajo poco convencional en varios aspectos.
La película no deja de ser un estimulante cóctel con multitud de referencias relativamente recientes, tanto cinematográficas como del mundo del videojuego o incluso literarias (¿es necesario nombrar La casa de hojas (House of Leaves, Mark Z. Danielewski, 2000) y su casa más grande por dentro que por fuera?) y Parsons (nacido en 2005, recordemos) reconoce abiertamente no tener un gran bagaje cinéfilo, pero parece pasarse por alto que aunque Backrooms está basada en su webserie de Youtube, el guion lo firma Will Soodik (que ha escrito para Homeland y Westworld), así que no es descabellado que algunas de estas referencias (principalmente aquellas no tan relacionadas directamente con la premisa espacial o la base argumental de la webserie) sean precisamente eso, guiños y homenajes y no meras asociaciones mentales pergeñadas por nuestra memoria cinéfila. Así, sean una cosa u otra (para eso habría que entrevistar también a Soodik) podemos encontrar destellos de Poltergeist (esa cuerda atada a uno de los personajes, ese otro mundo paralelo escondido tras una puerta invisible), de las recientes Skinamarink (Kyle Edward Ball, 2022)(esos espacios que cambian su configuración de un día para otro) o Separación (Severance, Dan Erickson, 2022- ) (una serie que al fin y al cabo habla de un complejo de oficinas sin iluminación externa y que, de alguna manera, está fuertemente desconectado del mundo exterior), los muebles apilados que ya aparecían en Los hambrientos (Les affamés, Robin Aubert, 2017) o incluso el último tramo del metraje en el que no es difícil encontrar similitudes con La cabaña en el bosque (The Cabin in the Woods, Drew Goddard, 2011). Por su parte, el joven realizador no cita demasiadas influencias más allá de la serie Mr. Robot (Sam Esmail, 2015-2019) o algunos trabajos de Vince Gilligan y el punto de partida es su citada webserie The Backrooms, que incluye una veintena de cortometrajes publicados en Youtube que explotan estos no-lugares chungos, los espacios liminales, que empezaron a adquirir cierta atención por parte de la comunidad internáutica a partir de una foto publicada en 4chan a finales de la pasada década (aunque fue tomada a comienzos de siglo) donde podía verse un vasto espacio de paredes de un amarillo desvaído muy similar a los que ocupan la película.
Por el contrario Parsons, cuyo padre era programador en la desaparecida Telltale Games, sí tiene conocimiento del mundo del videojuego. Fan declarado de la compañía desarrolladora Valve, principalmente de Half-Life y Portal, reconoce que sus Backrooms deben mucho a esta vía de expresión artística, incluso la idea del «paso» que introduce al protagonista en la aventura parece inspirarse en uno de los glitchs (errores de desarrollo que generan comportamientos extraños en la experiencia del juego) más comunes en algunos videojuegos (sobre todo en los antiguos) donde podía ocurrir que el personaje atravesase alguna pared o zona que debería ser sólida e infranqueable. Como jugador ocasional, la película me interpela directamente. Por ejemplo, estando inmerso actualmente en la experiencia que es Blue Prince me resulta imposible no realizar algunas asociaciones (el árbol de navidad y una pintada que dice «the floorplan has changed again«, que es una de las premisas del juego, en el que cada día cambia la distribución de las habitaciones a explorar). También encuentro elementos de Psychonauts, con ese capitán gigantesco que parece directamente una proyección de alguno de los muchos lados oscuros de la mente del protagonista, Clark, un estupendo trabajo de Chiwetel Ejiofor (que seguramente no será reconocido lo suficiente al aportarlo en una pelicula de género) desplazándose por algunos espacios físicamente imposibles, situación (la de enfrentarse a expresiones corpóreas de aspectos turbios de la personalidad en arquitecturas deformadas) que se produce con frecuencia en el juego de Doble Fine Productions. Y eso por no hablar de Exit 8, recientemente adaptado al cine por Genki Kawamura. O The Last of Us (por ejemplo la parte de la pequeña piscina). O Dead Space (la persecución del gigante en ese espacio tan enorme pero a la vez prácticamente cerrado y del que parece imposible escapar me hizo recordar el momento en que abandoné el juego, cosa que pocas veces suelo hacer, por pura ansiedad). O esa pelirroja que parece directamente extraída de las calles de Silent Hill.
El diseño sonoro y la música estan también cuidadosamente trabajados, se mezclan soundscapes con fragmentos que parecen caras B del trabajo de Vangelis para Blade Runner, y también está el contraste entre la música de ascensor que nos encontramos en la parte externa/visible de la tienda de muebles con las grabaciones en audio atravesadas por zumbidos y lamentos que saturan las expediciones en el interior de las backrooms.
La película se aprovecha con inteligencia de los diferentes puntos de vista para hilvanar la narración con naturalidad. El prólogo es un found footage que podría ser perfectamente uno de los capítulos de la webserie de Parsons. Después la cosa se alterna entre la experiencia de Clark (que no por casualidad es arquitecto) y la de su psiquiatra Mary (Renate Reinsve), en la que se intercalan algunos flashbacks que aportan más aristas a la historia, y de alguna manera, uniendo a ambos personajes más allá de su mera relación profesional. En medio de todo, breves y desconcertantes apariciones de Phil, el personaje interpretado por Mark Duplass. El film habla de la soledad, del paso del tiempo, de la (im)persistencia de la memoria (seguramente a Dalí le hubiera gustado esta película, o al menos muchas de las ideas que esconde, que aunque no sean nuevas sí están bien exploradas y desarrolladas; y aunque no hay relojes blandos si hay objetos semienterrados en el suelo), de cómo el tiempo deteriora y reformula nuestros recuerdos. Ideas, lo dicho, sencillas, pero expresadas de forma nítida y coherente. Una de las cosas que más sorprende para bien es cómo Parsons evade el clásico susto tramposo vía sonora, consiguiendo instantes escalofriantes sin abusar de ese recurso (pienso en el momento en que Clark deja la cámara sobre una superficie estática o en uno de los flashbacks de Mary en el que se produce una abrupta irrupción, de lo más naturalista por otra parte), ni de ningún otro, en realidad (es notable la casi total ausencia de sangre o violencia) o como consigue inquietar sin necesidad de interacción humana en el plano (por ejemplo con el travelling vertical que parte de la casa de la infancia de Mary). También cómo encuentra la justa medida a la hora de aportar conclusiones de manera que sin llegar a explicar absolutamente nada de una manera cristalina (aunque quizá el parlamento de Clark a Mary, rodeados de esas figuras de espanto que parecen retratos vivientes pintados por Bacon, se extralimite a este respecto) tampoco parece perezoso o insuficiente. Y quizá no esté de más decir que el desenlace puede que no resulte del todo complaciente para el espectador medio. No me voy a engañar, soy un espectador agradecido, me gusta cuando una película rebusca en el cajón del género, en cualquiera de sus vertientes y recupera elementos y los integra bien en su propuesta, cosa que indudablemente consigue el film de Parsons, pero no dejo de preguntarme si Backrooms me funcionaría igual de bien sin tanta multirreferencialidad, y aunque no lo termino de tener del todo claro, lo que sí sé es que me importa más bien poco.







