Vivir es un asunto urgente
La idea del diagnóstico severo como punto de inflexión vital, como esa noticia que nunca querríamos recibir y que, en cuestión de segundos, pone nuestro mundo patas arriba, desmontando la inercia en la que nos vemos inmersos, para revelarnos, por otro lado, cuales son las cosas verdaderamente importantes en la vida, no es algo novedoso en la historia del cine. Y sin embargo continúa siendo una idea que nos atrapa, ya que son estas personas que han visto su vida cambiar de un día para otro a partir de un fatídico informe, las que parecen vislumbrar una verdad que el resto desconocemos, o bien que preferimos no enfrentar, como es el hecho de aceptar que nuestro tiempo es limitado, que vivir es un asunto urgente —como titulaba el doctor Mario Alonso Puig uno de sus libros de desarrollo personal— y que deberíamos, en definitiva, saber separar el grano de la paja y desechar aquello que no nos permite ser felices hoy. En Viva (dirigida, interpretada y coescrita, junto a Valentina Viso, por Aina Clotet), la acción se inicia cuando Nora, una investigadora y profesora de biología de 40 años, ha superado con éxito un cáncer de mama. Una noticia positiva que, sin embargo, asumirá con preocupación ante la posibilidad de que la enfermedad pueda aparecer de nuevo.
En Vivir (Ikiru, 1952), probablemente la obra más conmovedora del maestro Kurosawa, el funcionario Kanji Watanabe, tras conocer que padece un cáncer de estómago avanzado y sabiendo que sus días están contados, será consciente por primera vez de que ha vivido en piloto automático durante más de 30 años, dedicado únicamente a trabajar y a sacar adelante a su hijo, que ya es un adulto. En su búsqueda de respuestas ante una nueva realidad que no sabe cómo manejar, pedirá a un desconocido, un escritor bohemio con el que coincide en un bar nocturno, que le ayude a empezar a vivir de nuevo, ya que él no sabe cómo hacerlo. En el caso de Viva, Nora, tras su traumática experiencia, empieza a cuestionarse si la vida que ha llevado hasta ese momento es realmente aquella que le hace feliz. Algo que, en apariencia, debería ser así, ya que posee todo lo que cualquier persona desearía: una pareja estable con un proyecto de futuro juntos, una familia que la quiere, aunque a veces no se entiendan, amigos y un trabajo en el que se siente valorada. La película aborda a modo de comedia, con un toque agridulce, las decisiones —impulsivas, caprichosas, a veces desconsideradas y egoístas— que la protagonista va tomando para vivir la vida intensamente, tal como desea hacer a partir de ahora. La mezcla de frescura, vulnerabilidad y contradicción con la que Aina Clotet dota a su personaje es la mayor fortaleza de la película. Su interpretación acapara toda la atención mientras que el resto de personajes, más caricaturescos, orbitan a su alrededor con mayor o menor acierto, destacando entre ellos el interpretado por Lloll Bertran. Popularmente conocida como “La Lloll”, la estrella de la televisión catalana en los primeros 90, demuestra con su papel de madre de Nora —una excéntrica psiquiatra dada a prescribir ansiolíticos con demasiada facilidad— que su talento para la comedia sigue totalmente vigente. A lo largo del filme, Nora tomará conciencia de cómo sus decisiones vitales han estado desde siempre condicionadas por el miedo —el miedo a la muerte, al dolor, a la soledad— y de cómo la educación impartida por sus padres ha tenido también que ver en ello. El hecho de que, tras superar una enfermedad y, con el temor de que esta pueda volver a aparecer, la protagonista decida hacer cambios en su vida y lanzarse a la aventura, apuntan hacia una lectura moral del filme: la importancia de la aceptación, de actuar en coherencia con lo que deseamos, aunque ello implique que podamos cometer errores; de atrevernos, en definitiva, a disfrutar de la vida, pese a la incertidumbre que genera todo aquello que escapa a nuestro control.
La película aborda también otras temáticas, entre ellas, el impacto del cambio climático —la acción se desarrolla en un escenario de sequía extrema— o el actual interés por alargar la vida y la investigación clínica al respecto, algo que se confronta en el filme con una sociedad cada vez más sumida en el estrés y la ansiedad. En cierta escena, un joven alumno presenta un informe a Nora que le exime de hacer un examen debido a su ecoansiedad, un neologismo que define la preocupación constante ante el cambio climático y la crisis medioambiental —todavía no figura en la RAE, pero no tardará en hacerlo—. La propia Nora sufre de una angustia vital constante, algo que en la película queda plasmado, entre otros recursos, con el sonido de los latidos de su corazón. Una representación de la ansiedad que, sin ser comedida, tampoco alcanza las cotas de desquicio que transmite Rose Byrne en Si pudiera te daría una patada (Mary Bronstein, 2025). Y es que, pese al atrevimiento de algunas de sus escenas y a la imprevisibilidad del personaje principal, también encontramos en el filme algunos lugares comunes y cierta contención creativa. De alguna manera la preocupación por exponer diversas problemáticas sociales y fomentar el debate en torno a ellas resta algo de libertad a la obra en su conjunto. A pesar de ello, el proyecto se sostiene gracias a la versatilidad de Aina Clotet y a su gran talento tanto delante como detrás de la cámara, hecho que le ha valido el Premio Revelación en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes 2026.







