Las imágenes tienen una gran capacidad para evocar el pasado, de transportar al espectador a otra época y lugar para experimentar una vivencia ajena. Pero a su vez, estas imágenes tienen el gran poder de moldear ese mundo que recrean y modificar la experiencia según los propósitos de los autores de dichas imágenes. En la línea de esta cualidad del arte, Hilario J. Rodríguez propone un ensayo en Después de Auschwitz que pone su foco en el esfuerzo por mantener, mediante la reconstrucción en diferentes medios de expresión, pero especialmente el cine, el recuerdo de uno de los peores capítulos de la Historia como es el Holocausto.
Un hecho tan catastrófico consiguió dejar una huella cuya extensión abarca gran parte del mundo, tratándose de un tema que aún hoy en día es recurrente en todo tipo de medios y que contiene imágenes que se han integrado como parte del imaginario colectivo. No en vano, los hechos que pertenecen a la Historia deberían ser una base sobre la que aprender a no repetir errores del pasado, si bien para ello surge la importante responsabilidad de no olvidar. El arte, ya sea literario, audiovisual, estático o dinámico, interactivo o pasivo, de carácter documental o de ficción, es una potente herramienta para dejar un registro al alcance del público contemporáneo y que perdure para el que está por venir, una base sobre la que ilustrar un conocimiento y perpetuarlo en el tiempo. De este modo, no es poco el material que a lo largo de los años se ha ido creando en torno a la temática de la Solución Final del partido Nazi en la Alemania del siglo pasado. Campos de concentración y de exterminio, los guetos para judíos, los trenes abarrotados de personas… estos elementos se repiten y han sido explorados desde una infinidad de perspectivas, desde la fidelidad cruda que expone unos sucesos a banalidades que se sirven de su horror para una narrativa en busca del espectáculo y el entretenimiento, asentando una estética común e ideologías reconocibles bajo los añadidos del género al que se adapten según la obra.
Todos esos elementos han acabado siendo asimiladas y son parte del conocimiento generalizado, ya sea gracias a fuentes de mayor o menor relevancia histórica o más o menos precisas. El autor del ensayo reflexiona sobre el tema y propone varios ejemplos sobre los que ejercer su comentario, sirviéndose del conocimiento de experiencias pasadas e incorporando fragmentos de entrevistas en las que se aborda el tema. Películas como El hijo de Saúl (Saul fia, László Nemes, 2015) y su decisivo punto de vista, el filme Der Führer schenkt den Juden eine Stadt, el cual deformaba la imagen de los guetos judíos para crear una mentira y hacerla realidad a ojos de sus espectadores, o la imprescindible e irremplazable Shoah (1985), de Claude Lanzmann, autor del inmenso documental y de quien incluye parte de una entrevista con él, son algunos de los ejemplos que sirven al discurso del ensayo. Después de Auschwitz analiza los elementos formales y narrativos sobre los que se construyen estos metrajes desde la mirada consciente de la responsabilidad de estos trabajos, el equilibrio entre lo personal y lo generalizado, y la deliberada introspección tras el esfuerzo por representar tales acontecimientos. Hilario J. Rodríguez explora en Después de Auschwitz un tema que da mucho de sí e invita a la reflexión. La responsabilidad a la hora de representar el pasado es, como suele ocurrir con temas de tanto peso, difícil de acotar a una solución única y universal, por lo que lo mejor que se puede hacer es, como mínimo, pensar y debatir sobre ello. Ser consciente de su importancia y mantener una mente analítica a la hora de afrontar el contenido de una obra.








