Something Wicked This Way Comes
Sospecho que ya lo he utilizado en otras ediciones pero no puedo dejar de pensar en esta frase cuando el Festival Internacional de Cine Fantástico de Catalunya (alias Sitges) se acerca. Y, realmente, esta 59ª edición viene cargada de miedo, monstruos, asesinos, maldad y anomalías paranormales. Una edición que celebra el aniversario de Carrie de De Palma y también el de ¿Quién puede matar un niño? de Ibáñez-Serrador y que luce un elenco de invitados brutal. Pasarán por Sitges nada más y nada menos que Peter Jackson, Robert Eggers, Yuen Woo-ping (director de cine y también responsable de coreografías de Tigre y Dragón, Kill Bill Vol. 2, The Grandmaster entre otras), Takashi Shimizu, Danny de Vito, Adrienne Barbeau (La niebla, 1997: Rescate en Nueva York…), Amy Irving (Carrie, La furia…), Kevin Bacon y familia presentando Family Movie o Bárbara Rey, dejando de lado los innumerables invitados que vendrán a presentar sus obras. Entre estos últimos, Carlota Pereda cuya Found Alive inaugurará el festival, que se cerrará con Wicker de Alex Huston Fischer. Entre ambas obras hay incontables obras, largas y cortas, para todos los gustos.
En la Sección Oficial a Competición tenemos un survival catalán con 11, de las hermanas Serra, dónde un grupo de monitores aislados por la nieve descubren que ha aparecido un niño de más entre los jóvenes a quienes guían. Y también de casa nos llega Upiro, una historia antigua de exorcismos, a cargo de Oscar Martín, director de Amigo .
Hay más sospechosos habituales. Para los amantes de los infectados (no del covid, sino de zombis; ese hombre no tiene remedio) tenemos Colony, dónde el director del Tren a Busan desencadena una nueva epidemia en unos grandes almacenes. Casey Affleck parece traspasar su tristeza a la pantalla en Company una historia en tres tiempos que se dice de maldad y reparación. Joko Anwar regresa con Ghost in the Cell, con prisioneros acechados en la cárcel por una presencia asesina… un completo de terror y hostias, vaya. Por su parte Agnieszka Smokzinska, que nos hipnotizó con The Lure, regresa con un muy insólito y (desafortunadamente) actual Hot Spot, dónde se mezclan (tal vez demasiado) IA, inmigración y bajas pasiones en una estética imperdible. Anne Biller nos deleitó con The Love Witch por lo que esperamos con interés una nueva vuelta de tuerca feminista con The Face of Horror. El año pasado La valle dei sorisi pasó desapercibida, siendo para mi una de las mejores cintas del año; Paolo Strippoli vuelve ahora con The Spiral en la que una madre cuenta a su hijo el pacto que la familia tiene con alguien (¿algo?) sobrenatural.
Leviticus es otro de los títulos esperados, con una narración tan elegante como terrorífica que denuncia la homofobia con las claves genéricas del terror. Elegante también, Nightborn juega asumidamente en su indefinición entre la realidad y el fantástico sobre los temores de la maternidad. Siempre apetece el cine del Este y aquí lo representa Frost, cinta serbia que tira del folk horror. Los Vampires, Never after Dark, The Incomer o Sanguine son algunas de las propuestas, a priori muy interesantes.
Last but not least, la SOFC incluye dos animaciones. We’re not Aliens es una entrañable historia de amistad de dos niños, rota por la mitad y recuperada dolorosamente en la edad adulta por un director debutante que transmite ternura a sus personajes. Por otro lado Wildwood promete lo que nos ha dado el estudio Laica hasta ahora (Coraline, Paranorman, Kubo y las cuerdas mágicas) en una historia de bosque con seres mágicos.
Hay mucha vida más allá del mundo oficial. En Noves Visions solemos discernir obras peculiares y atractivas, como son (al menos por sus títulos) Familia teme enfrentar una nueva noche de terror o The Arrow at Rest at Every Instant of its Flight. Si ello no es suficiente, probemos la divertidísima (cartooniana) I Love Boosters, la versión de Los Sims meditando sobre la existencia que Quentin Dupieux ha elaborado en Le vertige, o apostemos por obras más severas como Demons, Have you Seen Me?, la pakistaní The Difficult Bride, Sour Minnows o The Glorious Dead.
Orbita, que con títulos escondidos como Chapter 51, Kill Me, Too Many Beasts o Vintage Violence apuesta por el thriller más desbocado, incluye dos de las obras más interesantes del festival. Por una parte, un nuevo remake de Bad Lieutenant, en esta ocasión a cargo de inefable Takashi Miike, que traspasa (veremos cómo, pero seguro que a su terreno) la historia del teniente corrupto a Tokyo. Por otro lado, una de las más destacables cintas de la edición, El samurai y el prisionero, nos devuelve a un Kiyoshi Kurosawa calmado, inteligente y humanista en una cinta con mucho más diálogo que acción.
Y, dejando de lado Anima’t, Brigadoon, Documenta, Family Sitges, Midnight Xtreme, 7 Chances, Sitges classics y otras secciones o actos, cerremos con Sitges Colección, ese invento dedicado a preestrenar que incluye la nueva obra de Romain Gavras (Sacrifice, con Anya Taylor-Joy, Chris Evans, Vincent Cassel y Salma Hayek), Rogue Trooper de Duncan Jones (autor de Moon, premio de Sitges, y Código Fuente), Her Private Hell (Nicolas Winding Refn perdido en sus ideas pero luciendo su innegable capacidad estética), 5 minutos más (Javier Ruiz Caldera atrapado en un bucle infinito) o dos de las, sin duda alguna para mí, mejores obras de todo el festival…
Sexo adolescente y muerte en Campo Miasma recrea, celebra, homenajea, cuestiona y pone en clave queer los seriales slasher, de Viernes 13 a Halloween, con una estética acertada, una mirada burlona y una impagable Gillian Anderson. Jane Schoenbrun sube de presupuesto sin perder un ápice de imaginación, capacidad de sugerencia y habilidad en la puesta en escena.
Ahora si, finalmente, el que debería ser el hit Sitges de esta edición. Hope, de Na Hong-Jin , director de El extraño (The Wailing), combina terror y ciencia ficción en un thriller de aventuras absolutamente trepidante, con 45 vertiginosos minutos iniciales que clavan al espectador en la butaca, para permitirle un relax humorístico durante quince y subirle de nuevo al rollercoaster. Esperemos que los retoques anunciados tras el pase en Cannes hayan aligerado algo el prolongado tercer acto pero, en cualquier caso, es una experiencia a gozar y celebrar en pantalla grande. Y, especialmente, en un Festival como Sitges.








