Sí, en todas las pandillas hay un o una amiga script, y si no lo hay es que eres tú, ¡míratelo!
Posamos nuestras bienllamadas posaderas en la butaca y tras el tercer plano ya estamos pendientes de si lleva el anillo en el mismo dedo o si el tazón de cereales baja o sube de contenido.
Evidentemente, no nos basta con haberlo visto nosotros, tenemos que hacérselo saber a nuestra pareja de baile, persona a la que seguramente no le importe un pimiento el raccord y que, muy posiblemente, no sepa ni lo que es.
Nos encantan las pelis de romanos, porque entre tanto extra siempre se escapan unas zapatillas o un reloj. Nos flipan las de vaqueros, casi que por lo mismo que las de romanos, aunque estas últimas son más difíciles de escudriñar.
Nos encantan los cigarros, las varillas de incienso, las cervezas en jarras enormes, las flores en las solapas, las gafas —puestas y quitadas—, las persianas y cortinas… todo lo susceptible de cambiar de forma rápidamente, pero menos que nuestra vista ágil.
¡Uf! Cuando es una peli histórica, nuestro script interior se convierte en asesor histórico y especialista en la época de la que trata la película, poniendo en duda la cronología, el linaje, la sucesión de acontecimientos y, por supuesto, la ambientación.
No negarás que guardas el deseo oculto e inconfesable de, sentado en la butaca central de la sala más grande del cine de tu pueblo, levantarte y gritar: ‘¡Páralo! ¿lo habéis visto? ¡rebobina!’. Pero como eso no se puede hacer, te conformas con estropear la peli de los viernes, parando Netflix, rebobinando y pavoneándote, bajo la mirada compasiva, otra vez, de tu acompañante.
Es un placer más, un pelín obsesivo, pero placer al fin y al cabo. Saber un poco más que el del al lado, desentrañar lapsus, averiguar cuál es el extra distraído y menospreciar cariñosamente el trabajo de los demás.
Pero también tenemos nuestra criptonita, en realidad dos. La primera es muy obvia: esas pelis intachables, cuidadas, sostenidas, donde no se escapa una colilla en un cenicero, ni un vaso de leche en un desayuno. La segunda, menos obvia pero igualmente inteligente: esas pelis de humor, por lo general absurdo, en el que nos usan de sparring y, deliberadamente, alteran el raccord para que nos tiemble el párpado cada tres minutos. Estas últimas son las mejores, veneno y antídoto al mismo tiempo.
Ya sabes que si no encuentras al script en tu pandilla, tienes que hacértelo mirar y si concluyes que eres tú, no te avergüences, disfruta y apunta cada fallo y cada despiste para luego ponerlo en común cuando nadie lo necesite. Enjoy the fail, friend!






