Carrie

Carrie, de Mike Flanagan


Carrie fue el primer libro en ser publicado de uno de los escritores más prolíficos de los últimos tiempos. Esto fue en 1974 y desde entonces su autor, Stephen King, se ha convertido en toda una leyenda del género. Además de la infinidad de libros que ha escrito (y que sigue escribiendo), se han hecho múltiples adaptaciones de sus trabajos al cine en forma de series y películas, algunas de ellas llegando a asentarse como iconos absolutos de la historia del cine. El resplandor, Misery, It, La milla verde, Cuenta conmigo, Cadena perpetua… esos son solo algunos ejemplos, a los cuales hay que añadir, por supuesto, la mencionada Carrie. La estilizada adaptación al cine que hizo Brian De Palma en 1976 de la joven con poderes telequinéticos adquirió por méritos propios su propio estatus iconográfico, dejando para la posteridad estampas inolvidables dentro del género y el cine en general. Tal es la fuerza de la historia de la pobre muchacha víctima del bullying que tuvo dos adaptaciones más, una en 2002 y otra en 2013, y ahora en 2026 contamos con una reformulación más. El festival de Sitges de este año conmemora el 50 aniversario de cuando Carrie fue bañada en sangre por primera vez en la gran pantalla y, coincidiendo con el estreno de la nueva adaptación, esta vez en formato serie, se proyecta el primer capítulo. La serie está al cargo de nada menos que Mike Flanagan, director familiarizado con la obra de King que ya ha adaptado otras historias como El doctor sueño o La vida de Chuck. Con Carrie, Flanagan actualiza la historia a la sociedad contemporánea, mostrando cómo el bullying, tan problemático ya en la novela original, se acentúa y multiplica su devastador efecto con la inclusión de las redes sociales. No es que la serie se desvíe de la historia de la que bebe, mantiene los momentos clave tan memorables pero los transporta con inteligencia al presente. Por ejemplo, en la escena de las duchas del vestuario, cuando Carrie se asusta de su primera menstruación y es por ello humillada por el resto de compañeras, el contraplano a los gritos de Carrie es un montón de móviles grabándola. El peso de las redes sociales y la facilidad de grabar o fotografiar desapercibidamente a cualquiera con las cámaras del móvil sustenta una parte central del hilo argumental de lo más interesante, dando pie a reflexiones que le suman valor a la nueva iteración de la historia. Además, la mayor duración que le permite su condición de serie, Carrie explora en profundidad los conflictos de otros personajes y su relación con el bullying y la crueldad del mundo en general. En este aspecto son realmente destacables Chris Hargensen (Alison Thornton), antagonista absoluta cuyos constantes dilemas morales y su conflictiva actitud no hacen más que enfatizar el discurso de la serie, y Margaret (Samantha Sloyan), la madre de Carrie, cuya compleja relación con su hija y la constante agresividad que muestra de cara al mundo exterior la convierten en una de las tramas más interesantes de esta reformulación de la novela. Es en las diferencias de Mike Flanagan consigue una versión de Carrie que no se sienta como un mero refrito, sino que dispone de voz propia sin olvidar de donde viene. Respetar los propósitos de la fuente de la que bebe pero con la ambición de encontrar una mirada propia en ese universo.

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