That’s not all, folks
Buena parte de mi infancia tuvo lugar, entre carcajadas, frente al televisor. Si bien los dibujos de Hanna Barbera (Yogui, Pepe Pótamo, el Lagarto Juancho, Don Gato…) ocupaban gran parte de la parrilla, eran los clásicos Looney Tunes de la Warner los que más hilarantes resultaban. Aquella mezcla de slapstick y humor surreal no seguía la estructura pautada en la animación que en los 60 y 70 copó la franja infantil y que se desarrollaba en torno a una intro, un conflicto y una resolución entre los cuales podían (en las cadenas americanas) insertarse los anuncios. Las Merry melodies y posteriormente los Looney Tunes, con Bugs Bunny a la cabeza, tenían guiones que, comparados con los de Hanna Barbera, podían etiquetarse de subversivos y, por encima de todo, lucían un brillante ingenio visual y una gran capacidad narrativa.
Si bien la estructura de las peripecias del Coyote en pos del Correcaminos conservaban una estructura menos libre que las andanzas de Bugs, Daffy y sus víctimas (fueran Porky, Elmer u otros pardillos que padecían humillaciones y golpes mil a su merced), eran los planes maquiavélicos y los mecanismos de ACME los que incentivaban a todos a disfrutar de sus aventuras. Prácticamente medio siglo más tarde, la llegada a las carteleras de Coyote vs. Acme resulta tal rareza que hace desconfiar… ¿Una trampa para amantes de animación anciana? ¿Un refrito de viejos gags?
Todo lo contrario. La película de Dave Green (con guion de Samy Burch, Jeremy Slater y James Gunn) es un auténtico homenaje a aquellos dibujos animados y a sus creadores, Tex Avery, Chuck Jones y Michael Maltese, cuyos nombres son identificados con los de la firma de abogados que defiende el caso legal de Coyote. Si bien la historia parte de un relato corto de Ian Frazier de 1990, la cinta se estructura en torno a la denuncia que Wile E. Coyote hace a ACME por los numerosos defectos de sus artilugios, la pugna legal y el posterior descubrimiento del uso perverso de los dibujos animados con fines comerciales por parte de ACME. Por supuesto, esta trama no es más que eso, una trama que sostiene numerosos gags en la mejor tradición de los Looney Tunes y donde van apareciendo también Porky, Tweety, Daffy, el demonio de Tasmania, la ancianita… e incluso Silvestre en un gag ingenioso, aunque breve. La cinta arranca, cómo no, con Coyote probando un par de objetos ACME (unos guantes magnéticos y unos patines a reacción con los efectos que podemos esperar) y su decisión, tras los pertinentes (y dolorosos) fracasos de denunciar a la multinacional. Las entrevistas de acuerdo con los abogados de ACME, el juicio o la investigación llevada a cabo por los protagonistas son una mera excusa para una sucesión de explosiones, golpes y persecuciones donde no faltarán las rocas, los saltos de Coyote por el precipicio o los pianos de cola en caída libre. A nivel cinéfilo tenemos un plus con la presencia de un personaje, el Dr. Lorre, con los rasgos del actor clásico (que fuera ya recreado en animación desde la década de los 40 del siglo pasado).
Una apostilla final, nada gratuita. La combinación de animación y personajes reales no funcionó en la ambiciosa Quién engañó a Roger Rabbit (Who framed Roger Rabbit?, Robert Zemeckis, 1988) en la que el insoportable conejo ponía de los nervios no sólo a sus compañeros de reparto sino al propio espectador (cinta cuyos mayores méritos eran la secuencia inicial y las últimas, todas ellas deudoras sin duda de los Looney Tunes). Mucho menos, en Space Jam (Joe Pytka, 1996) y sus variantes. Tal vez también fueran estos antecedentes los motivos que indujeron a Warner a condenar al ostracismo a Coyote vs. Acme que, producida en 2023, fue archivada por la propia compañía con la intención de conseguir un ahorro fiscal y evitarse más gastos en publicidad. Fue una campaña en redes sociales y la presión del grupo de animadores de Hollywood que llevaron a Warner a vender la película a una compañía independiente que la ha estrenado en cines este año. Tal vez fuera ACME (quizás propietaria de Warner como se insinúa en créditos) que pretendía ocultar sus males y su derrota.
Como cuentan carteles finales, se ha derrotado a Goliath y Coyote vs. Acme ha conseguido estrenarse luciendo una excelente factura técnica y un ritmo endiablado, propio de los Looney Tunes. Por todo ello, por el estado de felicidad en que te deja, merece la pena celebrar la llegada a las pantallas de este Coyote vs. Acme, a la salud de Avery, Jones, Maltese y todos los demás implicados en aquellas locuras animadas, de ayer y hoy.







