Pelis con retrogusto

Seguramente, como ustedes, yo también he visto este mes ‘La película’ y, como en estas líneas no toca, pues yo no os voy a hablar de ‘La película’ pero ya ustedes sabéis cuál es. Sin embargo ‘La película’ sí que me ha dado la inspiración para hablar del retrogusto: esa sensación de que el sabor se mantiene, se recuerda, se conserva y se comenta. ‘La película’ y otras películas lo tienen, porque te vas a casa y sigues rumiando sentimientos, sigues revisionando mentalmente fotos, secuencias… Como un eco, se te repiten diálogos, sentencias, músicas…

Creo que no existe nada mejor que una peli con retrogusto, da igual el sabor que te deje, pero que el sabor dure, que se paladee horas después, días después. Tu sensibilidad al retrogusto puede cambiar con los años, con tus circunstancias, pero en realidad siempre ha estado ahí. Ahora no te das cuenta, pero cuando eras peque, salías del cine queriendo lanzar desde tus muñecas hilos de tela de araña, saltabas de la cama gritando ‘¡hasta el infinito y más allá!’, te despedías a la voz de ‘Sayonara baby’ o tarareabas durante días ‘ninoninoooo ninoniiiiii’ (ojalá hayas adivinado ahora la banda sonora, sería brutal).

Con la edad, el retrogusto cambia; se convierte, a veces, en un retrogusto curioso e investigador que se adentra en tu mente y te hace indagar más sobre los protagonistas —personajes o elenco— o sobre la historia detrás de la cinta: quisiste saber más de Escocia, averiguaste si Mozart se reía de forma rara o qué puñetas eran esos dibujos en los campos de maíz.

El retrogusto, aunque tú no lo sabías, te hizo estudiar Historia por culpa del Doctor Jones, o Informática, creyéndote David Lightman, para evitar la próxima Guerra Mundial. No se me ocurre nada mejor que paladear durante días una peli. No se me ocurre nada mejor que esa necesidad de ver a alguien que sienta lo mismo que tú para poder compartir retrogusto y desgranar secuencias completas, desarticular puzzles que no has sido capaz de desarticular en soledad y, por qué no, quedar para volver al cine, a ver la peli por segunda vez, para que el retrogusto no caduque, no se vaya.

No todas las pelis tienen que tener el mismo nivel de retrogusto, pero esas que, como ‘La película’, dan para tantas horas de charla, para tantos minutos de recuerdos y para tantos pellizcos en el cuore, son las que verdaderamente merecen la pena y, por supuesto, la alegría.

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