En las antípodas de la majestuosidad y la épica de los grandes clásicos bíblicos que tradicionalmente programan las cadenas de televisión durante la Semana Santa, como Rey de Reyes (Nicholas Ray, 1961) o Los diez mandamientos (Cecil B. DeMille, 1956), se encuentra el último trabajo del director Lofty Nathan, un coming-of-age oscuro, aterrador y austero, que retrata la primera juventud de Jesús —aquí nombrado únicamente como “el Chico”— y su búsqueda de respuestas alrededor de su origen y su propósito. Basada en el Evangelio apócrifo de Tomás, narra diversos pasajes en los que el hijo de Dios (interpretado por Noah Jupe) abraza su condición humana, quedando atrapado por la curiosidad, la atracción sexual o la ira, sabiéndose poseedor de un don que todavía no entiende ni controla pero que ansía descubrir. El Carpintero (Nicolas Cage) y La Madre (FKA Twigs), pareja protagonista y alegoría de San José y la Virgen María —una elección de entrada desconcertante pero que funciona mejor de lo que cabría esperar— se encargan de proteger al muchacho de la desconfianza que éste genera entre los habitantes del pueblo, los cuales le consideran como una especie de mago, al tiempo que lidian con sus propias inseguridades como pareja. En este sentido, destaca especialmente el personaje de Cage y la forma en que se refleja su conflicto interior, marcado por el sufrimiento que le provoca cuestionar su propia fe ante las dudas que tiene sobre su esposa y la misteriosa concepción del vástago, un tema controvertido y pocas veces tratado en la gran pantalla. La película apuesta por una puesta en escena minimalista, con pocos escenarios, para centrar la atención en algunos elementos visuales recurrentes, como son las manos de los protagonistas o la serpiente, símbolo del mal, así como en la intensidad y el peso de los diálogos. Aunque a día de hoy resulte difícil no esbozar una sonrisa ante la imagen de Nicolas Cage en cualquier papel pretendidamente serio, su interpretación de San José consigue salvar la papeleta. En cuanto al filme en su conjunto, sin ser sobresaliente, sí que aporta un enfoque original y más humano sobre los primeros años del que fuese llamado a ser el Salvador, presentándole como a un adolescente indisciplinado que, como cualquier otro, trata de descubrir quién es y cuál es su lugar en el mundo.







