The Love Witch (2016) nos dio a conocer (en Sitges) a Anna Biller con una propuesta incisiva sobre el rol de la feminidad en la brujería, específicamente en lo que se refiere a los encantos y pócimas amorosas. A aquella comedia sigue ahora, diez años más tarde, también en Sitges, The Face of Horror. En este caso, una revisión-homenaje a las cintas clásicas de la Hammer y producciones semejantes dónde el technicolor incrementaba el tono carmesí de la sangre y dónde las jóvenes eran siempre atractivas y siempre pasivas.
Biller desarrolla una trama sangrienta en la Edad Media en la que unos asesinos desposan a las hijas de sus víctimas para aprovecharse de ellas. Un año más tarde, un vástago al que alimentar y aquellos polvos dan estos lodos. El supuesto caballero da con una dama que no tardará en estar disponible. Un par de asesinatos más le permiten ejercer como valedor y le introducen en una pequeña corte llena de bailes y canciones (con alegorías sobre la vida y la muerte bastante jugosas), cenas y cortejos de seducción. El resto se viene venir… Unas dosis de veneno que deforman el rostro de la protagonista y una maldición (la historia se inspira en la tradicional Kwaidan japonesa) rematan la jugada con un final de venganza gore en la que las mujeres toman el mando y la espada.
Biller juega a dos bandas. Por una parte, el homenaje esforzado. Por otro, el punto de vista feminista, realzando la sumisión y humillaciones que las mujeres sufrían en tales historias para, en esta ocasión, darles la voz y el protagonismo que merecen, vengando las injusticias. El resultado luce una puesta en escena impecable en la réplica de las películas originales, un notable despliegue de vestuario y color, unas interpretaciones esforzadamente forzadas para limitarse a las claves tópicas de los 50 (no, no son malos sino buenos actores haciendo de malos) y buenas dosis de ironía. Lamentar sólo que la precisión argumental alargue la trama más de lo que las sintéticas producciones Hammer hacían en su época.





