Saber en el minuto cinco quién es el asesino. Averiguar que el padre de la prota es el poli malo que la está interrogando. Adivinar que la matrícula del coche del espía será determinante para que luego se conozca el porqué del delito.
¿No os pasa que, cuando os viene a la mente algo de esto, tenéis que soltarlo en voz alta? ¿No os mordéis la lengua pero a continuación soltáis un ‘yo ya sé quién es’? Pues que no os quiten esa alegría.
Yo soy de vuestro team, disfruto averiguando antes que nadie, sabiendo el giro de guion, aseverando que el prota y la prota se querrán al final y acertando con el arma homicida.
A esto le llamo el placer de lo predecible, y aunque la Academia no nos diga nada, creo que hay un género de pelis que están construidas para gente como yo, porque si no, no me explico que se nos venda la moto de que mil policías no reconozcan al malhechor que tú llevas viendo hora y media, o que la hermana de la novia del prota no se vea venir que al final vuelven.
Es entonces cuando me siento con un superpoder, me reconozco con el don de ‘reventarle’ la peli a la persona con la que la estoy viendo. Pero, como ya sabemos: ‘un gran poder conlleva una gran responsabilidad’ y no nos queda otra (sí, paso a la segunda persona del plural para que te identifiques conmigo) que callarnos la boca, guardarnos el dato y hacer como si no pasara nada, porque no queremos cabrear a nadie y, mucho menos, a la persona que ha tenido a bien compartir peli con nosotros.
Entonces te haces el tonto, lanzas alguna pregunta como: “¿has visto?”, “¿te has dado cuenta?”, “¿tú no crees que…?”, pero con sigilo, como entrecortado, porque es complicado no destripar.
Pero hay veces que se te escapa, porque la sensación es más fuerte que tú, y que lanzas la sentencia como si estuvieras solo. Ahí es cuando llega la catástrofe, porque, sin querer, con tu superpoder, has quitado una venda de los ojos a la persona que comparte contigo peli y, claro, no le mola nada tragarse noventa minutos más sin ninguna emoción.
¿Cómo actuamos entonces? (Sí, vuelvo a pasar al plural. Ahora necesito no sentirme solo). Yo tengo dos vías de escape. La primera: recular. “No, me he equivocado. No puede ser, es demasiado fácil y además…”. La segunda: soltar más hipótesis. “A ver, también puede ser que sea el otro, el de las gafas, que salía de forma rara del baño.”
Así me paso los noventa minutos, hasta que se descubre el pastel —el que sea—, confirmando que tenía razón y que la peli era del género ‘Adivine usted fácilmente’.
Solo quiero concluir diciendo que le agradezco a esos equipos de guion este subgénero porque me hacen sentir listo, y eso no tiene precio. Sin ellos, yo estaría perdido en casa, en una tarde de domingo lluvioso, sin saber si Mac Farlane ha matado a Mary o si Lucía volverá con Marcos.








