Hoy te quiero hablar directamente a ti, porque quiero que juguemos a un juego. Quiero que nos conozcamos, mejor dicho, que me conozcas un poco más. Quiero dirigirme sin remilgos a ti, que te has zampado libremente mis anteriores columnitas, relamidas, ñoñas, cursis y un poco divertidas.
Hoy quiero abrirme la patata, dejarla temblar y ofrecértela certeramente, como un regalo naif y sin pretensiones, más allá de eso, de que me conozcas.
Hoy (y ya sé que he empezado los tres párrafos con el mismo adverbio de tiempo) quiero jugar contigo a las adivinanzas y que aciertes, con unas leves pistas, cuál es mi película favorita, y ya, si quieres, me cuentas la tuya. Ya veremos de qué forma.
Lo primero que debo confesar es que mi película favorita no es, ni por asomo, la mejor película que he visto y, mucho menos, la mejor película que existe. Si me apuras, mi película favorita tiene agujeros de guion, personajes un pelín inconsistentes y una relación un tanto extraña con lo inverosímil. De esto último ya hablaremos otro día tú y yo.
Pero eso no importa, ¿verdad? Tu peli favorita no tiene por qué ser una obra maestra, una opera omnia repleta de premios y elogios de la crítica, tampoco lo es, seguramente, tu canción favorita ― aunque a todos nos guste Bohemian Rhapsody―, ni tu bar predilecto ni tu comida favorita, ni siquiera la persona que más te gusta en el mundo es la más guapa, la más elegante, ni la más bondadosa e inteligente. Eso es lo que tienen las querencias, que en cierto modo no las eliges tú sino que te eligen ellas.
Si hablamos del elenco, tengo que reconocerte que las primeras veces que la vi, no tenía ni idea del nombre de ni una sola de las caras que salían en la pantalla. De ni una sola, eh. Bueno, medio miento, uno de los actores sí me sonaba, pero no por su faceta de actor, precisamente. Con los años, sí que los ubiqué, los seguí, y también, después, les perdí la pista.
A ver, hay dos protagonistas absolutos, un chico y una chica, hasta ahí todo normal, que puede pasar en cualquier película y, de hecho, salvando excepciones. Esto ya os da la pista de que mi película favorita no es excepcional.
Después hay un amplio reguero de secundarios que a la postre no serán tan secundarios y trascenderán al tiempo, aún más ―mucho más― que sus protagonistas. De hecho (ahí va otra pista gorda) hay un personaje que se ha hecho hiperfamoso y que ha sobrevivido a sí mismo por acuñar una frase hiperrepetida hasta hoy día, que le servía para cobrar una venganza.
Va a ser difícil que os hable del argumento sin desvelaros la película en cuestión, pero, probablemente, no es lo que más os atrapará u os atrapó de mi película favorita. Voy a intentarlo:
Los protas se quieren, pero por razones diversas, sobre todo por clase social, no deben estar juntos. Logran estar juntos al principio, pero después algo los separa.
Ella rehace su vida, aunque no es la vida que quiere. Su pareja actual no mola mucho; de hecho, es el malo de la peli.
Él vuelve, pero en verdad no es él del todo (esto es un poco de lío pa’ que no aciertes a la primera), y pasan cosas divertidas, inquietantes, aterradoras y aventureras, hasta que al fin, con algún malo que se vuelve bueno, con la ayuda de unos ancianos muy raros y con la inestimable ayuda del amor, todo acaba bien.
Última pista extra: la banda sonora es una auténtica maravilla.
Estoy segurísimo que a estas alturas ya sabes perfectamente cuál es mi película favorita. Ahora te toca a ti contarme cuál es la tuya, o no, si no quieres. Cómo desees.









