Hasta que no vi Policán, la película, no conocí al curioso personaje fruto de la mente de Dav Pilkey, creador de Capitán Calzoncillos. Poco más tarde descubrí los cómic en los que se basa (trece lleva ya publicados en castellano, más otro en camino), además de sus spin-off: El club de cómic de Chikigato. Viendo cómo menguan las enormes pilas de estos volúmenes en librerías y la alta demanda en bibliotecas públicas, no es de extrañar el alumbramiento de un cómic como Chorigato. No parece casual el parecido entre la estética de su portada y la de muchos de los volúmenes de Policán, al margen de que el propio nombre rebosa similitud al del citado spin-off protagonizado por el entrañable Periquillo (o más bien su versión superheroica), y eso por no hablar ya de que su protagonista es también una mezcla entre un humano y un animal. No es que hubiese dudas, pero a medida que uno avanza en la lectura se encuentra con algún que otro guiño más explícito.
En un mercado como el de la literatura infantil, para el que sobresaturado es un término que probablemente se queda corto, podríamos decir que hay que buscar la forma de destacar de algún modo, y una de ellas, claro está, es la de inspirarse en algo que tenga éxito. El hecho de que está inspiración sea demasiado exagerada puede a priori levantar suspicacias. ¿Es el fin de estos parecidos tomar ventaja de algún abuelo despistado para que tome chorigato por liebre? Sinceramente no lo sé, pero lo más probable es que si así fuese el tiro saliese por la culata porque tras el inesperado disgusto que vendría al entregar el volumen no sería descartable una devolución, y eso no sería nada bueno. Y también está claro que no está entre las intenciones de sus autores (Pau Clua y el ilustrador Marko Torres) negar sus referencias, o tampoco hablarían de «Gatástrofe» en el título y llamarían a un invento «Humdinger» y a otro «Poke Ball» prácticamente en el comienzo, inmersos también en chistes visuales explícitos sobre estos saqueos. Lo importante es si, más allá de estas influencias, hay algo de autenticidad o personalidad en las páginas de Chorigato, y este primer tomo, a la luz del cómic de Pilkey resulta ligeramente malparado. Es cierto que es un primer volumen, que de forma clara establece la génesis del personaje, pero que en algo más de ciento cincuenta páginas no exista apenas trama secundaria es cuando menos chocante. El humor tampoco es uno de sus puntos fuertes a excepción hecha de las múltiples menciones, implícitas o explícitas, a trabajos de otros autores.
Aunque las ilustraciones no derrochen imaginación, sí son, al menos, un poco más personales y juegan con una amplia paleta de colores que consiguen potenciar el atractivo visual de un tomo que deja con la sensación de ser un mero prólogo. Confiemos en que las próximas entregas, con esta génesis del personaje ya desarrollada, puedan tener más capas y agregar más tramas secundarias y personajes, alimentando la sensación de aventura.







