Claire Denis opta por adaptar Combate de perros y negros de Bernard Marie Koltes. Si las piezas del dramaturgo francés son difíciles de llevar al teatro, la trasposición al cine puede dar pie a obras alejadas de la propuesta original. En el caso de Le cri des gardes da la impresión que la directora de Beau travail (1999) o White Material (2009) (ambas ambientadas en Africa) ha seleccionado el contexto pero ha reducido considerablemente el argumento. La acción se sitúa en las instalaciones de una empresa de construcción occidental sita en un país africano. Un hombre ha fallecido, supuestamente de un accidente, y su hermano acude a recoger su cadáver. El capataz, que el mismo día recibe en este espacio a su recién casada esposa, se niega a entregar el cuerpo, a la par que mantiene un conflicto con su hombre de confianza, un conflicto que pasará de estar soterrado a ser claramente abierto. Denis trabaja la tensión de modo admirable utilizando sabiamente un escenario sintético que deja de ser teatral para devenir cinematográfico. Las dos grandes vallas que delimitan el perímetro del campo de trabajo son un muro que les aisla del exterior, que les impide salir, mas que protegerlos. La oscuridad que hay más allá del muro, amenazante, es el símbolo del desconocimiento, del temor hacia el otro, del miedo del blanco. En definitiva de la vergüenza que sientes por tus propias acciones. Así, la presencia del hombre que, vestido impecablemente, reclama incesantemente pero con extrema paciencia y educación, pasa de ser una presencia siniestra a un recordatorio de la culpa. Sin embargo, Denis deriva la trama hacia otros enfrentamientos. Entre Horn, el capataz, y Cal, su ayudante, revelando una posible relación homosexual, y entre Horn y su joven esposa. Leonie, a la que parece ignorar, más por la relación turbia que él mantiene con el ayudante que por la situación con el fallecido (joven que en la obra teatral parece tener más relevancia e interelaciona con el africano). A resultas de ello, la narración se entorpece, gira sobre sí misma y, si bien no pierde intensidad, sí se pierde el objetivo. No queda claro si Denis está más interesada en el conflicto sexual o en el colonial. Y, pese a su conocimiento directo de la vida en las colonias francesas, este aspecto queda diluído, máxime si tenemos presente la excelente y exhaustiva O Riso e a Faca (Pedro Pinho, 2025), que profundizaba con certeza en la difícil relación entre trabajadores europeos y africanos en un país de la costa atlántica.
Frente a la visión europea de Denis, Lemohang Jeremiah Mosese plasma en Ancestral Visions of the Future (2025) la visión africana de la vida en Lesotho. Film ensayo, más que docuficción, la cinta del director de This is not a Burial, it is a Resurrection (2019, también vista en otra edición del Festival) es una mirada arrolladora, introspectiva y a la vez expansiva, sobre la vida en el país africano. Mosese utiliza un collage visual con distintos formatos, planificando alternancia en el punto de vista y jugando con la banda sonora. En estas antiguas visiones de un futuro que no será real, el director comparte con el espectador su itinerario vital (tal vez totalmente cierto, quizás fabulado, pero siempre verosímil). Nos habla de su dura infancia, con una familia fragmentada y con sucesivos desplazamientos de casa. Nos habla de la ilusión de su madre por tener una casa de su propiedad, objetivo que alcanzará en su vejez, a costa de grandes esfuerzos y culminando en una suerte de victoria pírrica. Nos habla de su ilusión por triunfar con los estudios en el extranjero y su desilusión a su regreso al país natal. Habla, por supuesto, de la influencia extranjera, del poder venal y de la corrupción reinante, del peligro de decir algunas opiniones o de desplazarse por algunos barrios de la ciudad. Y todo ello, en un discurso frenético, incesante, acompañado de un torrente de imágenes. Si Claire Denis nos recordaba a los blancos que el temor que tenemos hacia los negros es fruto de nuestra codicia o nuestra mala conciencia (o de ambas cosas), Mosese habla del infortunio de los africanos, debido a una pobreza perpetuada por intervenciones extranjeras y gobiernos corruptos. Pero no lo desarrolla con un listado de documentos o informaciones numéricas, sino que lo plasma en los sueños rotos que nos cuenta y, por encima de todo, en cómo lo cuenta. La historia nos llevará adelante y atrás, de modo que los flashbacks y flashforwards de la memoria del narrador nos llevan por un hilo que permite ver de qué manera el protagonista sabía que su futuro no podría ser como el querría. Las repetidas, dolorosas, secuencias del anciano y el niño arando la tierra, a cuestas con un par de bueyes y una herramienta primitiva, campo arriba, campo abajo, se acompañan de los deseos de futuro y del reconocimiento de que ese futuro nunca llegó. La impactante banda sonora, a caballo de música electrónica y ritmos tribales, va remarcando el duro discurso sobre la dificultad de tener una vida digna y constituyen un grito de rabia frente a una situación insostenible que, pese a ello, persiste desde hace décadas. Cinta exigente con el espectador por la avalancha de palabras, por el impacto visual y sonoro, Ancestral Visions of the Future es un retrato impactante de la realidad africana y tal vez una de las mejores cintas del festival.







