Personas en fuga
Hay personas que viven desorientadas toda su vida. ¿Quién no ha tenido un amigo o amiga quien, durante un tiempo, atribuye un vacío en la vida a su familia, su pareja o su trabajo, solo para reconocer más adelante que ese vacío está en su interior? Algunos nunca reconocerán tal desorientación por mantenerla oculta, bajo una capa de orden personal, hasta que un incidente, tal vez menor, arranca la superficie y les enfrenta a sí mismos. Numerosas películas se han planteado tales situaciones pero la representación en pantalla peca a menudo de “cinematográfica”, espectacular, y cuesta entender el porqué o el cómo se nos presenta. Así llegó la noche es una obra que nos permite observar a un par de personas (hablar de personajes no le haría justicia al trabajo de guion y puesta en escena) que se enfrentan a sí mismas. Mejor dicho, es una película sobre dos personas que huyen de sí mismas.
Pablo es un escultor que vive solitariamente en un edificio de viviendas en el cual él es el único residente. Trabaja sus piezas de cerámica en un espacio municipal, con escasa relación con el entorno, vive solo y evita los contactos con otras personas. A pesar de estar preparando una muestra de su obra, rehuye conversar con el curador de la exposición, amigo personal, y no responde a sus llamadas, ocultándose a si mismo el teléfono en las estanterías de la casa o dentro de jarrones. Su único interlocutor, a quien conoce de modo casual en un deambular errático por una zona de nadie, fuera de la ciudad y del bosque, es un vigilante nocturno de un camping que presume de viajado y habla con ínfulas de filósofo. Avanzada la película, Pablo recibe en casa a una antigua pareja, actualmente casada y residente en América, que toma un trabajo literario como excusa para visitarle, en primera instancia, y reemprender, más adelante, la relación que tuvieron.
Ángel Santos y el coguionista (el también director Pablo García Canga) desarrollan un prodigio de aparente improvisación. Según sus declaraciones, el guion evolucionó durante un periodo de años y llegó a adaptarse al entorno donde la (modesta) producción tuvo lugar. A pesar de ello, Santos mide muy bien sus fuerzas y desarrolla una historia que intriga al espectador y le arrastra por un camino harto curioso, mucho más medido de lo que a priori pueda parecer. En los primeros veinte minutos, la cinta se desarrolla prácticamente sin diálogos y observamos el rutinario quehacer diario de Pablo. Esta primera parte de la cinta parece cambiar con la llegada de Andrea, puesto que, inevitablemente, ambos comparten diálogos. Las dudas existenciales van surgiendo, de modo sutil, en las parcas conversaciones, hasta que se plantea, para ambos, una necesidad, no asumida en voz alta, de cambio de rumbo. Santos y García declararon haber trabajado con esmero esta evolución que se desarrolla con mucha calma y tranquilos paseos pero que ni Pablo ni Andrea reconocen abiertamente… hasta cierto punto en que Pablo se refiere a la carga de rutina que conlleva su trabajo y Andrea admite que su situación, asentada a nivel sentimental y laboral, no le resulta tampoco satisfactoria. En ese momento, como quien no quiere la cosa, Andrea plantea a Pablo que tiene la capacidad, la opción, de decidir y cambiar de vida.
Aunque Así llegó la noche es una obra más vinculada al ambiente que a la trama, un retrato de personas más que un narración de su historia vital, duele hacer un spoiler. Sin embargo resulta inevitable comentar el salto mortal que Ángel Santos da barriendo literalmente, borrando de escena, a Pablo mediante una panorámica. En vano le buscará Andrea quien ocupará de modo indefinido su lugar, como substituyéndole en el papel voluntario de solitario. En una construcción de guion desafiante, Santos enfrenta a los primeros veinte minutos de silencio con otros tantos al final de la cinta llenos de diálogo y monólogo en los que Andrea se enfrenta a la opinión (de cuñado misógino y nihilista) del tercer personaje en liza, el vigilante nocturno. En el enfrentamiento que mantiene con él y en el sucesivo encuentro con un joven (algo que por recortes en la edición queda algo forzado), Andrea expresa la importancia de la amistad, pero también la necesidad de encontrar un rumbo.
Así llegó la noche se revela como una cinta de apariciones y desapariciones, de fugas, de cambios de identidad anunciados (Andrea se refiere a su esposo como su futuro exmarido) y de necesidades de encontrar la propia identidad. Los vacíos, despoblados, escenarios (el solitario centro cívico, el bosquecillo por el que pasean, el bloque de apartamentos) devienen espacios más bien imaginarios que reales y casi podemos fantasear con que Andrea no podrá salir del piso (celda, purgatorio) hasta que algún nuevo personaje, en fantasmática situación parecida, ocupe su lugar. Del mismo modo, podremos jugar a situar a Pablo en cualquier punto del planeta, siguiendo hacia atrás el rumbo trazado por el vigilante.
Ángel Santos se toma su tiempo para situarnos ante tales especulaciones pero las dos horas de duración se estructuran de modo inteligente, a la vez pidiendo una implicación del espectador pero compensándole con un juego de pistas en el que puede imaginar diferentes destinos vitales para cada persona. Es destacable que una cinta como esta pueda estrenarse. Esperemos tener más pistas de Ángel Santos.









