Niños, adolescentes, jóvenes. Cannes 2026

Meros accesorios en algunas obras, secundarios en otras, los niños, adolescentes o jóvenes fueron clave o protagonistas directos en diversas películas que giraron en torno a ellos y sus relaciones con los padres y su inmediato entorno. Comentamos algunas a continuación.

Hirokazu Koreeda recurre al cuento Los superjuguetes duran todo el verano (Brian Aldiss, 1969) o, si se prefiere, a Inteligencia Artificial (AI, Steven Spielberg, 2001) para dar estructura a su Sheep in the Box (título que, a su vez, remite a El principito de Saint-Exupéry). La historia de una pareja que adquiere un humanoide para substituir al hijo fallecido en un accidente no tiene grandes diferencias con la obra de Spielberg en su idea inicial. Pero en este caso Koreeda la trata con ese estilo particular que caracteriza a sus obras, con un acercamiento cálido a todos sus personajes y una mezcla de comedia y drama alternándose (o incluso mezclándose) en una secuencias u otras. La variación que el director de Monstruo introduce es la sucesiva aproximación o rechazo que madre y padre desarrollan hacia el humanoide, en diferentes ocasiones aceptándolo con entusiasmo en tanto que el cónyuge lo rechaza o, posteriormente, de modo completamente inverso. El resultado es un tanto desconcertante puesto que si bien se plantean sucesivamente los aspectos positivos y negativos de la substitución del niño por un robot, los cambios de opinión de uno y otra resultan algo desconcertantes para el espectador. Rizando el rizo, y de modo diferente al desarrollado en la versión americana, el androide se integra en un grupo de semejantes que plantea una identificación con la naturaleza. En tanto que los androides ven en los árboles y sus conexiones una opción de evolucionar, ellos también, como una especie natural, Koreeda introduce un confuso mensaje ecologista. La conclusión, aunque coherente con el razonamiento de los androides, deja en un plano de conformismo muy fácil a los padres y, aun siguiendo cierta lógica, se antoja gratuita o forzada. Tal vez Koreeda se merezca un segundo visionado.

La niña de A Girl Unknown (Wu ming nü hai, Jing Zou, 2025) sufre en sus carnes, y repetidamente, una perversa dinámica de la sociedad china, que prima a los varones por encima de las niñas, en un contexto claramente machista a pesar de las reivindicaciones oficiales de igualdad y promoción profesional de ambos sexos. En el caso de la pequeña y divertida protagonista, su mundo se hunde cuando muere su padre. El nuevo marido de la madre la rechaza, no llega mucho presupuesto y la madre opta por entregarla a una familia que la adopta (ilegalmente) para suplir la pérdida de su hija biológica. A pesar del amor de la mujer, el rechazo por parte de un padre deprimido y alcohólico y, finalmente, un abuso por parte de un conocido de la familia generan su retorno a la familia de origen, integrada ahora por nuevas hermanas. Una fuga la llevará a conocer los abusos de todo tipo que las jóvenes sufren en la industria y, finalmente, volverá a la familia de acogida dónde todos deberán efectuar una dolorosa catarsis. Potentísimo melodrama, denuncia clara contra una sociedad abusiva, la película de Zou Jing es extremadamente elegante, evitando subrayados o dramatismos innecesarios, trabajando el off visual en diversas ocasiones (la escena de la violación desarrollada a partir de los sonidos que los niños oyen desde la calle, la edición que pone en evidencia sin mostrar el abuso en la fábrica y su consecuencia), recurriendo a algunas escenas oníricas y trabajando un extraordinario trabajo actoral, desde la pequeña intérprete de seis años, a la preadolescente y la joven o a los personajes maternos. La cinta fue reconocida con varios premios, entre ellos el de la crítica en la Quincena de Directores.

Es sin duda La Gradiva (Marine Atlan, 2026) la cinta más destacable de todo esta agrupación en tanto que su objetivo es seguir a los alumnos de una clase en viaje de final de curso en vísperas de conocer si sus notas les permiten, o no, acceder a los estudios superiores deseados. El viaje en cuestión se desarrolla en Nápoles, con la correspondiente visita a Pompeya, de modo que la vibrante vida callejera (retratada de modo impecablemente verista) y la sensación de muerte —que ya marcara a Ingrid Bergman por deseo de Rossellini en Te querré siempre (Viaggio in Italia, 1954) no olvidemos su influencia— son determinantes en el recorrido, aunque los jóvenes no sean conscientes de ello. La película se inicia con unas imágenes antiguas (de las que tendremos explicación más adelante) para encadenar con un travelling subjetivo de los railes sobre los que avanza el tren que transporta al grupo y que inevitablemente implica en su avance. Los alumnos pasan el tiempo charlando, riendo y, algunos, follando a escondidas. De entre ellos conoceremos especialmente a tres, Suzanne, una joven reservada y estudiosa que se mantiene y es mantenida aparte por el grupo, James, el donjuán deseado por varias compañeras, y Toni, el gracioso del grupo y amigo intimo de James. Frente a ellos la señorita Mercier, deseosa de transmitir su pasión sobre el arte y la historia, preocupada por ellos, pero alejada de sus preocupaciones o deseos. A lo largo del metraje, a medida que los jóvenes se desplazan por los barrios napolitanos, en las confesiones nocturnas o las bromas diurnas, iremos conociendo sus auténticos temores y desvelos. Pero, también a medida que evoluciona la película, iremos conociendo más en profundidad al trio protagonista hasta ver que el inefable Toni, el bromista, el despreocupado, el que interrumpe las clases y no se preocupa por los deberes o por el futuro, es un pobre infeliz al que no conoce ni su supuesto amigo James y que padece la losa de una madre depresiva y un entorno de pobreza. La extraordinaria interpretación del grupo, la proximidad de un rodaje de características documentales que capta tanto la inmediatez de los jóvenes como la realidad de las calles, hacen de La Gradiva una experiencia de autenticidad y de sensibilidad hacia los adolescentes, como fueran la ganadora de la Palma de su año, La clase (Entre les murs, Laurent Cantet, 2008) o The We and the I (Michel Gondry, 2012). La Gradiva ganó el merecido premio de la Semana de la Critica pero adolece de una conclusión excesiva que busca el impacto con un final trágico romántico, en mi opinión innecesario.

A diferencia de las anteriores el papel de los adolescentes en Paper Tiger (James Gray, 2026) es pasivo, aunque clave para la trama. En esta obra, vinculable plenamente al género negro, un timorato padre de familia acepta la propuesta de su hermano fanfarrón elaborando un proyecto de ingeniería para un sospechoso entramado ruso con la intención de ganar dinero rápido con que pagar los estudios de los hijos. Una visita al lugar inadecuado en el momento inadecuado genera una situación de amenaza, desencadenando una catástrofe familiar. James Gray, siempre preocupado por los conflictos familiares, desmenuza una historia casi elegiaca en la que dos adolescentes modelo son, de modo inconsciente y por decisión ajena, la causa del fin de la familia. Como quien no quiere la cosa, uno de los miembros desaparecerá sin que los demás lo sepan y otra, la madre, hará un trágico mutis por el foro retirándose ante la sombra de una muerte prematura de la que ningún otro familiar es consciente.

Finalmente, en el tramo superior de edad de los protagonistas de este grupo, Yesterday the Eye Didn’t Sleep (Rakan Mayasi, 2026), una producción palestino–libanesa, denuncia la situación de las mujeres entre las tribus beduinas. A raíz de un enfrentamiento entre dos de ellas (por motivos que finalmente se identifican como equivocados), los miembros de una familia entregan como reparación a sus dos hijas. La cinta, rodada con pocos medios y, por ello, con el aire documental que también tenían 9 Temples to Heaven o La Gradiva, muestra tanto la precariedad de los habitantes del valle de la Bekaa, muy limitadas al pastoreo o el contrabando, como un sistema de clanes patriarcales en los que las mujeres son objeto de mercadeo. La imagen final, con la fuga determinada de la joven rebelde, alejándose de enemigos, pretendientes y familiares (y con ecos visuales de Kiarostami), deja un leve resquicio de esperanza para una mejor futuro de las mujeres palestinas de Cisjordania y Líbano.

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