Es el turno de la prima de Superman de protagonizar una entrega más en el género de superhéroes que, sin contar con la relevancia de la que gozaban, siguen muy presentes en el cine contemporáneo. Pese a su parentesco con el hombre de acero y los parecidos evidentes, Supergirl marca su personalidad propia no solo en el personaje, sino cómo película, que sigue un camino bien distinto a la de su equivalente masculino, empezando por la ambientación de la aventura. Mientras que Superman (James Gunn, 2025) se encuadraba, pese a la enormidad de sus superpoderes y su condición de alienígena, como un superhéroe urbano, asentando sus aventuras en la ciudad de metrópolis y en el planeta tierra en general, Supergirl, por su lado, se asemeja más a aventuras como las de los Guardianes de la Galaxia, siendo su viaje uno de carácter intergaláctico que le lleva por distintos planetas habitados por extrañas y excéntricas criaturas.
Supergirl plantea su temática desde el desarraigo y la alienación de un personaje que no encuentra un hogar donde encajar. El angst juvenil de Kara Zor-el (Milly Alcock), la kryptoniana apodada Supergirl, la lleva a renunciar de sus poderes en favor de ser capaz de emborracharse con tal de ahogar su malestar existencial. De este modo, Kara se muestra desde el egoísmo que prefiere desentenderse de los demás en lugar de ejercer de protectora como hace su primo. Si no fuera por la necesidad de salvar a Krypto, el súper perrete que ya hacía aparición en Superman, Kara no iría en busca de Krem (Matthias Schoenaerts), un bandido que se dedica al tráfico de personas a nivel intergaláctico, ni ayudaría a Ruthye (Eva Ridley), una joven que quiere dar caza al mencionado bandido para vengar a sus padres. Esta actitud, aunque sea poco más que una fachada en el punto inicial del arco del personaje, acercan aún más a Supergirl al tono socarrón y gamberro del que hacían gala los ya referenciados Guardianes de la Galaxia. No es que el filme vaya a navegar por una gran complejidad emocional a la hora de explorar los problemas internos de Kara, ni mucho menos. Al final, se trata más de una trama funcional que le dé un sentido al viaje de la superheroína, desarrollada con ligereza y mediante flashbacks que dotan de un trasfondo que la diferencian de las experiencias vividas en la tierra por su primo como Clark Kent.
La necesidad que parece ya casi obligatoria de incorporar a varios personajes en este tipo de películas incluye a Lobo, un caza recompensas que hubiera sido un sacrilegio que lo hubiera interpretado cualquier otro actor que no fuera Jason Momoa. Es una exageración, pero, todo sea dicho, es una suerte que se haya reiniciado el universo de DC dando pie a recuperar al actor hawaiano para este personaje que, en cuanto al aspecto físico, prácticamente es él. Su presencia no aporta gran cosa a nivel narrativo, tratándose más bien de una aparición situacional como excusa para contar con un componente más en las escenas de acción, pero los excesos del personaje, tanto en su actitud de motero chungo como en la alocada ejecución de sus peleas, son de lo más divertido del metraje, además de un aditivo al tono juguetón de la película. La acción superheroica de Supergirl es cumplidora con sus propósitos pero poco más. Contiene algunas secuencias espectaculares con acompañamiento musical que abrazan el caos y, especialmente con Lobo, el disparate, en general en tono jocoso aunque asomen ápices de epicidad en los momentos clave de la aventura.
En general, Supergirl encuentra su propio camino si la comparamos con la mencionada Superman de James Gunn, si bien hay varias apariciones de David Corenswet en el papel del hombre de acero para mantener una continuidad con esta. Pero ese camino no la hace destacar dentro del marco más general que son las películas de superhéroes. A caballo entre las aventuras espaciales y el género superheroico, se define como un pasatiempo que se añade al siempre convulso universo cinematográfico de DC.







