The Sixth Robber, de Chris Huo

Ante la desmesurada producción de un nuevo cine de acción y artes marciales proveniente de China, existe la posibilidad de verse acorralado frente a un sinfín de títulos sobre los que es complicado encontrar una referencia con la que poder discernir su calidad. Sin demasiados medios especializados que se hagan eco de dicho sector, ya anticipo que, desde la intuición que otorga una serie de repeticiones —y haciendo caso a aquellos que ya las empiezan a señalar—, es preciso apuntar sobre una nueva hornada de directores y actores que comparten ciertos proyectos de una notable calidad. En el marco del Festival Nits de cinema oriental de Vic —que recientemente celebraba su vigésimo tercera edición— ya han ido programando varios de estos nombres, y desde su respectiva concatenación, los mismos han afianzado por correspondencia su propio reconocimiento. Habiendo pasado películas como Blind War (2022), Hunt the Wicked (2024) o Second Life (2024), Chris Huo (o Huo Suiqiang) forma parte de este selecto grupo, al que también se podrían añadir Qin Pengfei, Yang Bingjia o Li Bingyua, entre otros.

Asumiendo la veteranía de autores coetáneos ya consagrados —véase, por ejemplo, Soi Cheang, Wilson Yip o Johnnie To—, este resurgir del cine marcial y de acción chino también viene precedido por la influencia de otras cinematografías originarias del continente asiático que, durante las últimas dos décadas, determinaron otros modelos y estilemas que revitalizaron el género. En países como Corea del Sur, Tailandia, Indonesia o India, la huella de directores reputados como Kim Jee-won, Prachya Pinkaew, Timo Tjahjanto o S. S. Rajamouli —por destacar algunos de los más reconocidos— constataron el interés por filmar este tipo de producciones, ramificando su carisma distintivo en un mercado que buscaba replicar el impacto de estas propuestas, independientemente de la calidad resultante. Sin embargo, la base primordial —más allá de la larga sombra del blockbuster hollywoodense— se encuentra esencialmente en el cine hongkonés de los ochenta y noventa. En este sentido, este «nuevo cine chino de acción» recupera la influencia original desde el desparpajo de las películas de antaño, celebrando el caos urbano y la fisicidad coreográfica a través de la coordinación de sus prodigiosos stuntmans y operadores de cámara.

Con The Sixth Robber (2025) Huo firma un trabajo soberbio y alucinante en estos términos. En ella asistimos a un primer atraco que verá truncado su desenlace cuando los mismos atracadores se traicionen en el momento de repartirse el botín —una premisa puramente cinematográfica heredada de la tradición del western y el cine negro—. A partir de aquí, ocho años más tarde, Wu Xiaobao (Bao Bei’er), el único que aquel día logró escabullirse de la policía, se verá obligado a volver a sus andadas como criminal cuando vea tambalear los cimientos de su nueva vida. Partiendo de la base de este manido planteamiento, el film despliega una serie de intrincados dilemas alrededor del protagonista que llevarán al límite su paciencia, descubriéndose desde la misma locura con la que el director orquesta una serie de setpieces ante las que no es posible dar crédito.

En su delirio formal, este tipo de películas de bajo presupuesto —asociadas a la productora y plataforma de streaming iQIYI— encuentran su vocación creativa en la depuración y autoconsciencia de su razón de ser. Sin demasiadas complicaciones, la máxima de estas radica en la manera que dirigen su enfoque hacia la propia acción, delimitando, a su vez, un camino paralelo a su interés donde el drama asome sin desmerecer el grueso cinético del espectáculo. Desde esta aparente sencillez descerebrada y bruta, su ejecución denota la diferencia, y es ahí donde la mirada de sus responsables toma más presencia. En este caso, mediante la confrontación entre Wu Xiaobao y el inspector Lao Zhao (Yuen Biao) se intuye una correspondencia en la obsesión nerviosa de cada uno, mostrándose como dos caras de una misma moneda donde los límites morales de la justicia se derrumban en pos de esconder o sacar a flote una verdad; una relación entre paralelos y opuestos parecida a la de la prodigiosa Raging Fire (2021) de Benny Chan.

Chris Huo consigue encapsular este tipo de confrontaciones mediante persecuciones explosivas y coreografías alucinantes en una película que no se detiene un solo segundo para respirar. En este sentido, The Sixth Robber se augura como uno de los estandartes más sólidos de esta nueva ola de acción china, ampliando el radio de interés de fenómenos más sonados como The Furious (2025) con el que se sigue constatando la cuidada poética con la que logran filmar el noble arte de las hostias cinematográficas.

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