David Lynch, de Pilar Pedraza

David Lynch irrumpió con fuerza en el panorama cinematográfico hace (quien lo diría) casi medio siglo. Después de una fase de experimentación con las artes plásticas (que no dejó atrás en ningún caso) saltó a la pantalla para dejar, indeleble, una carrera cinematográfica que ha marcado a profesionales y espectadores. No es de extrañar por ello que la nueva colección Silex Portàtil de Silex Ediciones haya arrancado con una obra de Pilar Pedraza dedicada al autor y a su obra fílmica.

En poco más de cien páginas la autora desgrana una tras otra las obras del autor de Mulholland Drive, arrancando con sus primeros y esforzados periodos dónde elaboró obras pictóricas que se transfirieron posteriormente a los inquietantes cortometrajes. Pedraza sigue los pasos del autor buscando enlaces entre esta época, su salto al largometraje con la inquietante Cabeza borradora y la fase de adaptación que significaron El hombre elefante o Dune, antes de reformular su mundo y el mundo en general en una serie de obras que constituyen un corpus autoral difícil de ignorar.

Pedraza sigue la posterior carrera de Lynch analizando sus obras en base al concepto del tríptico, especialmente Cabeza borradora, aunque también aplicándolo a Terciopelo azul, Corazón salvaje  o a las obras que conforman la trilogía de Los Angeles (Carretera perdida, Mulholland Drive, Inland Empire). Según ella, Lynch estructura cada película como si fuera un retablo con dos hojas laterales que envuelven la parte central, desarrollando un tema de modo inicial que se despliega en toda su realidad en el núcleo de la obra y se reformula en el tercio final. La propuesta de Pilar Pedraza es interesante y es idónea para aquellos que se introducen en el universo de Lynch, aportando mucha información, aunque, al contrario, puede resultar superficial  para quienes llevan años familiarizados con sus argumentos y su estética. A destacar, tal vez, los comentarios que dedica de modo más extenso al mundo de Twin Peaks, a Fuego, camina conmigo, Dale Cooper y a esa hipnótica Laura Palmer, condenada a no volver nunca del reino de la muerte.

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