Father Joe, a ojos de un servidor, se merece un premio a parte a “El esperpento del festival”, siendo una de esas divertidísimas películas que abraza la más absoluta extravagancia dentro del género de acción, una propuesta frontal que se deja llevar por su condición de ser sin ataduras ni ningún tipo de pudor. Con guion de Luc Besson, que también produce el largometraje, la película goza de lo mejor y lo peor que esto podría suponer, planteando a un torturado personaje (el padre Joe al que refiere el título) cuyos conflictos morales internos sustentan la base dramática del argumento mientras sus propósitos “bienintencionados” construyen la acción. Sin embargo, el padre Joe encuentra en sus métodos un conflicto directo con todo aquello que representa como entidad religiosa. El padre, además de los sermones en la misa y de atender a sus feligreses, también dedica sus días a ir armado hasta los dientes a la caza de criminales, una premisa interesante pero que, inevitablemente, es proclive a suscitar alguna que otra risita burlona (aunque también las habrá genuinas). Por cómo está llevado a la pantalla, Father Joe podría perfectamente ser una idea directamente extraída de las páginas de un cómic cuyas viñetas inspiran la marcada estética de los planos, en gran parte acentuada por el distinguido diseño de los personajes. Por ejemplo, el look del padre Joe con su gran sombrero, la túnica negra y la sangre fría con la que da discursos morales con las armas en la mano es realmente delirante, destacando la actuación de Kiefer Sutherland que abraza sin miramientos su estrambótico personaje y lo lleva a la pantalla con una solemnidad envidiable. Es realmente un espectáculo digno de ver los sermones que les da a sus víctimas a la vez que los está torturando de un modo u otro. Por su parte, el director Barthélémy Grossmann, más allá de la mencionada estética, no hace grandes alardes de estilo propio, pero sí lleva con acierto momentos puntuales de acción, una de ellas destacable por permitirse jugar con una propuesta formal llamativa para ejecutar una pelea en la que el ritmo de la música y los repentinos cortes de montaje se centran en el impacto de los golpes y recorta lo movimientos entre medias. Father Joe funciona como un estrambótico divertimento que puede resultar interesante sin despuntar demasiado.






