Familia teme enfrentar una nueva noche de terror

Familia teme enfrentar una nueva noche de terror, de Cristian Ponce

Los sucesivos episodios de represión y, especialmente, la dictadura que tuvo lugar entre 1976 y 1983 marcaron Argentina de modo indeleble para las siguientes décadas. No solo por los miles de muertos o desaparecidos, sino por la forzada convivencia posterior con los que fueran carceleros, torturadores o verdugos… o delatores. La ley de Punto final de 1986 tuvo como objetivo evitar más denuncias a la par que se sentenciaron las condenas contra los tres mayores ejecutores de la dictadura.

Es, precisamente, en 1986 cuando tiene lugar la noche (tal vez las noches) a las que se enfrenta una familia de clase media argentina. No se trata sin embargo, de una denuncia explicita sobre la conflictividad social o política del momento, sino que la película de Cristian Ponce (autor de Historia de lo oculto, vista también en el Sitges de la pandemia en 2020) se desarrolla en base a un dispositivo muy especifico que permite recoger los temores más cotidianos y más abstractos que asedian a cada miembro de la familia.

Rodada en escenarios de reducido tamaño, como si los personajes estuvieran en un escenario o en un plató televisivo, Ponce analiza la actividad de cada uno de los personajes y contempla su desasosiego en bloques sucesivos, separados por un plano fijo, breve, de una claqueta y del título de la película. La cinta arranca con la madre que trata de identificar algo oculto en lo alto de un armario, entrando y saliendo sucesivamente de plano, para desplazarse posteriormente a la cocina. No hay, sin embargo, imágenes del corredor, las puertas o las habitaciones. El fregadero y la cocina se oponen a una mesa con cuatro sillas y un televisor en blanco y negro. En torno a la mujer y estos objetos, la oscuridad. Los monólogos de la mujer se alternan, se alteran, con extraños ruidos originados en algún punto de la casa, súbitas llamadas de teléfono de origen desconocido o con frases brotadas de modo intermitente del televisor. La sensación que consigue Ponce es de indefensión, de estar ante una amenaza constante, de un peligro que puede desencadenarse de repente, sin que haya referencia específica a nada.

De tal modo, Cristian Ponce desarrolla un mecanismo de distanciamiento, permitiendo pequeños apuntes de humor en la mirada sobre los personajes que comparte con el espectador. El segundo bloque empieza (mediante las referidas claqueta y cartela) con la llegada del padre, un hombre obsesionado por la idea de que los vecinos les escuchan, les espían, para, finalmente, substituirle por otro. Tan temibles temores son, no obstante, prácticamente ignorados por su esposa que, por otro lado, niega haber escuchado ruidos extraños. La sensación de anomalía se prolongará con el protagonismo del hijo y la hija, en sendos capítulos. Si el padre trata de hablar con él, llamándole desde el lado de una puerta, más allá de la cual Ponce no permite ver más que la oscuridad reinante, podremos contemplar más adelante cómo el joven analiza una cinta de rock heavy para identificar mensajes satánicos y acabar pidiendo al diablo que no sea llamado a filas. Finalmente la hija parece llegar de una manifestación e insiste en la necesidad de que toda la familia abandone una casa maldita.

No revelaremos el final de la cinta, cuando el director aprovecha el dispositivo para desencadenar una suerte de apocalipsis casero a la vez que expone las costuras de su construcción visual. Familia teme enfrentar una nueva noche de terror utiliza así el lenguaje del medio que fuera más cotidiano en los 80, la televisión, para evidenciar los temores más cotidianos (la soledad de la madre, la falta de identidad del padre, el temor al ejército del hijo, el distanciamiento de la hija…) sin disminuirlos, al contrario, dándoles un eco propiciado por la incertidumbre que se oculta en la infinita oscuridad que rodea a toda la familia en conjunto y a cada miembro de la misma por separado. No es, sin embargo, una película cuyo mérito sea el dispositivo en sí mismo, sino que este dispositivo transmite el desasosiego al espectador.

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