Con motivo de la proyección de Ithaqua en la 59ª edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, el director Casey Walker y el guionista Peter Scott Vicaire estuvieron presentes y tuvimos la ocasión de conversar con ellos sobre la película.
Ithaqua forma parte del resurgir de la Hammer Film Productions. ¿Cómo te relacionas con las películas de la Hammer y qué significa para ti formar parte de su retorno?
CASEY WALKER: En el terror todos hemos crecido con la Hammer, porque fue el primer punto de acceso al género para muchos de nosotros. La perdí de vista porque durante mucho tiempo ya no hacían nada. Incluso cuando me llegó la propuesta para Ithaqua, me pregunté “Oh, ¿pero aún siguen haciendo películas?”, no tenía ni idea. Hacia el final de la primera semana rodando, entonces pensé “¡Wow!¡Estamos haciendo una película de la Hammer!”. Sentí algo de presión debido al legado y lo que la marca significaba para mí cuando era joven y veía muchas películas. Fue muy emocionante, ahora formo parte de ese legado. Es muy guay.
El terror es un género particularmente autoconsciente, construyéndose a menudo sobre las películas anteriores y evolucionando con el paso del tiempo en base al conocimiento compartido con el público.
CASEY WALKER: Definitivamente está evolucionando. Lo vemos cada vez más, sobre todo ahora que cada generación cuenta con una mayor educación que la anterior. Cuando piensas en la generación de nuestros padres, que el terror era algo nuevo para ellos, las historias y trucos que se utilizaban eran muy distintos porque con el tiempo el público ya lo tiene muy visto. No puedes seguir asustando a las audiencias con el mismo monstruo siempre. Lo intentamos, se hacen muchas pelis de zombis y vampiros, pero hace falta que esas historias evolucionen para poder ofrecer algo nuevo.
El terror y su público destaca con respecto a otros géneros a la hora de expresar su pasión.
CASEY WALKER: No vas a ver a alguien llevando una camiseta de una comedia romántica, ni de un drama. Los fans del terror, especialmente cuando éramos jóvenes, éramos como marginados, pero ahora se ha vuelto tremendamente popular, así que los fans reivindicamos que hemos sido guays todo este tiempo, a pesar de que anteriormente no lo éramos. [Ríe]
En Ithaqua, cuando se forma una pequeña comunidad de caníbales, todos llevan una máscara que recuerda a la de Hannibal Lecter. Me pareció una idea divertida, ¿se trata de un guiño?
CASEY WALKER: En realidad no. Uno de los historiadores que trabajaba con nuestro diseñador de vestuario encontró que estas máscaras realmente se llevaban en aquella época. Las usaban los soldados para protegerse del frío, porque si usabas una bufanda o algo del estilo, se llenaba de humedad que podía acabar congelándose. En cambio, con el cuero la humedad se caía y no llegaba a congelarse. Cuando me lo enseñaron por primera vez creo que llegué a decir “Esto es muy Hannibal Lecter”, pero no hasta el punto de asociarlo a El silencio de los corderos, porque en nuestro caso en realidad iba por su cuenta. Podría mencionar 20 o 30 planos que son un homenaje por mi parte, pero algunas cosas parecen una referencia por lo icónico de la imagen asentada en nuestro imaginario, pero en realidad es parte de la historia. Es como Michael Pitt llamando a la puerta, eso no puede ser más Jack Torrance, ese momento es totalmente como El resplandor. Sé muy bien cuales son mis influencias y me enorgullezco, así que en lugar de ocultarlo las abrazo y voy directo a ellas. Incluso hay un plano de Re-Animator en la película.
¿Cuál era? Ahora no caigo.
CASEY WALKER: Tendrás que volver a verla. [Ríe] En parte por eso lo hago, para que se pueda revisitar la película una y otra vez y ver algo diferente o algún detalle nuevo, algo de lo que no te habías dado cuenta antes.
Voy a mencionar dos películas que me vinieron a la cabeza cuando veía Ithaqua y me dices si pensaste en ellas a la hora de hacer la película o si simplemente tienen parecidos: Bone Tomahawk y 30 días de oscuridad.
CASEY WALKER: Sé que tengo influencias de esas películas, pero no creo que ninguna influyera directamente en Ithaqua. Con 30 días de oscuridad coincidimos en el frío, pero esa película se rodó en estudio. Si te fijas, en 30 días de oscuridad no se ve el vapor cuando respiran, mientras que en nuestro caso sí, porque rodamos en localización. Con Bone Tomahawk compartimos que hay elementos de western. Pero como curiosidad, a Peter lo conocí porque me enseñó un guion que había escrito que, en mi opinión, es incluso mejor que Bone Toamhawk, que iba sobre un grupo de talabarteros perseguidos por trogloditas en el siglo XVII. Cuando me lo presentó pensé que era buenísimo, pero completamente imposible de rodar en aquel momento. Han pasado 14 años desde entonces. Con la evolución de la tecnología y el coste de las cosas, incluso por el deseo de la gente por ver cosas nuevas, creo que ahora sí que sería factible de rodar.
PETER SCOTT: Estaba basado en una historia de la mitología de una tribu indígena de Canadá, los mohawks, en la que unas criaturas gigantes cazaban tramperos. A Casey le llegó este guion y entonces contactó con Pascal Trottier y conmigo para preguntarnos si queríamos incorporarnos al proyecto Ithaqua.
CASEY WALKER: Porque para cuando leí el guion que habían escrito yo ya tenía un borrador de Ithaqua, pero necesitaba ayuda porque no soy guionista. Lo que habían escrito no era lo mismo, pero había parecidos y claramente tenían la capacidad para trabajar en el proyecto y aportar mejoras. Y el caso es que no trajimos nada de aquel guion a Ithaqua, simplemente es que también se trataba de una pieza de terror de época y centrado en mitología indígena.
PETER SCOTT: Era el mismo contexto, pero historias diferentes.
CASEY WALKER: Pero volviendo a las películas que mencionabas, ambas me parecen excelentes películas. Donde sí veo un parecido entre Bone Tomahawk e Ithaqua es que son muy nihilistas y nadie sobrevive. Cuando Bone Tomahawk se estrenó, yo ya había escrito varias versiones de Ithaqua, y recuerdo ver Bone Tomahawk y pensar “Vaya, mi película también coincide en esto”.
Sobre la escritura del guion. ¿De dónde viene la historia?
CASEY WALKER: Creo que es una combinación de varias cosas. El primer borrador tenía 120 páginas y había como 9 personajes, y 4 tramas más. Había unos pocos elementos que tenía claro que no quería cambiar, eran los pilares de la película para mí, pero a parte de eso había total libertad para hacer cambios. Cuando les di el guion, lo primero que hicieron Peter y Pascal fue condensarlo, por ejemplo fusionando diferentes personajes en uno y uniendo varias líneas argumentales. Cuando me explicaron los cambios que iban a hacer, dije “¡esto funcionará mucho mejor!”. Además, no teníamos un final, porque como al principio tenía todas esas historias que se entrelazaban y que se juntaban al acabar la película, al quitarlas nos quedamos sin un final definido. Peter puede explicar algo más del proceso. Pascal no estuvo nunca en la localización, pero yo trabajaba allí y eso también me permitió escribir la historia.
PETER SCOTT: Vivía en Mineápolis, que estaba a seis horas en coche de donde íbamos a rodar. Viajé hasta allí y esa noche acampé al lado del fuerte. Eché un vistazo, veía un edificio y pensaba “aquí será donde se comen los cuerpos”, iba a otro y decía “aquí tienen que colgar a alguien”. Así que hice fotografías y apuntaba ideas, y cuando llegué a casa esto fue mi base para escribir. Mi viaje me daba la información de cómo quería que se desarrollara el guion. En cuanto a la historia, yo soy indígena, soy mícmac. El Wendigo era un mito de los ojibwa, pero entonces Algernon Blackwood tomó el nombre Wendigo y lo usó sin ninguna de las temáticas que representa. Ni el hambre, ni la avaricia… nada. Simplemente se apropió del nombre, no era una historia real del Wendigo. A partir de esto, se volvió a recuperar más tarde añadiendo un elemento cósmico y eventualmente se añadió a los mitos de H.P. Lovecraft, así que a cada paso se fue alejando más y más de lo que realmente es el Wendigo. Por lo tanto, algo muy importante para mí mientras escribía era recuperar la verdad sobre el Wendigo, mostrar lo que originalmente era el mito: trata sobre avaricia, canibalismo, sobre cuando una comunidad se viene abajo… todas esas cosas que no se incluyen en ninguna otra obra literaria. Me alegra mucho haber podido incluir todo eso en el guion y recuperar el mito del Wendigo.
CASEY WALKER: En mi primera historia no estaba el Wendigo. Hablaba de las mismas temáticas pero simplemente decía que era un espíritu que vivía de la avaricia. Peter me dijo “Esto es el Wendigo” y yo “¿En serio?”. Peter es probablemente de la personas con más conocimiento histórico que conozco y yo le decía “¡Wendigo es Larry Fassenden!”, pero me dijo “Tío, todo eso es material robado. Esto es el verdadero Wendigo”. Lo que Peter señalaba era que esas ideas ya se me habían ocurrido por mi cuenta a la hora de plantear la historia, pero que se correspondían con el Wendigo sin que yo lo supiera. De modo que le di el guion porque no consideré que fuera mío para apropiarme de él. Y en cualquier caso, lo que hicimos fue recuperarlo, y eso ha sido algo bonito del proceso. Estábamos en Portland en el H.P Lovecraft Film Festival y nos preguntaban “¿Por qué no habláis de Algernon Blackwood? ¿Por qué no habláis de Lovecraft?”, la respuesta: “Es que no forman parte de nuestra historia, ellos no nos influyeron. Solo estamos aquí por la parte cósmica del nombre Ithaqua relacionada con la mitología de Lovecraft, que fue algo que añadimos porque nos resultaba interesante a nosotros”. Con la película, Peter ha reclamado el Wendigo de vuelta.
PETER SCOTT: Es lo que me gusta del logo de la película, si te fijas la sangre está invertida, va hacia arriba en vez de hacia abajo. Me gusta pensar que está volviendo a su lugar de origen. Y el símbolo lo encontré en antiguos libros indígenas, simboliza cuerpos decapitados.
CASEY WALKER: Cuando Peter me lo enseñó, enseguida lo puse en la portada del guion. Y cuando estábamos rodando, estábamos todos garabateando en los árboles dejando el símbolo por todas partes. Y el final original era que la chica se acercaba a un árbol, su mano se convertía en una garra y rascaba el tronco para dibujar el símbolo, luego se iba. Pero, como no, John Gore dijo “¡Vamos a hacer un monstruo la hostia de grande!”. Cuando se estaba acabando el guion antes de que nos financiaran la película, me dijo “ve a lo grande, no te cortes”.
Y funciona, ¿no?
CASEY WALKER: ¡Totalmente!
Hablabais de las localizaciones y de vuestro conocimiento previo para escribir la historia. Para las escenas de acción, ¿estaban escritas ya en el guion o se desarrollaban más adelante del proceso? Por ejemplo, me interesa especialmente cuando el personaje de Luke Hemsworth salta desde el último piso de un edificio para atacar a un enemigo.
CASEY WALKER: Peter escribió el guion y entonces yo volví a la localización, esta vez con la perspectiva de director. Entonces decidía “Vamos a rodar eso, esto otro no lo podremos rodar…” y en general pensaba en los mecanismos visuales para que narrativamente se pueda entender lo que está sucediendo: aquí hay alguien colgado, un personaje sube, otro está abajo, alguien corta una cuerda, etc. Son como piezas de un puzle. Él (Peter) escribió toda la acción, y creo que solo quité dos cosas de esa escena a la hora de rodar. Pero el salto desde el último piso fue todo idea de Peter. El cuerpo cayendo desde arriba también.
El terror y el folclore tienen esa capacidad de perdurar en el tiempo y seguir siendo relevantes.
PETER SCOTT: Es el poder de la mitología. Hace nada publiqué un libro sobre la mitología de mi tribu. Hay alrededor de 120 entradas sobre monstruos, criaturas, héroes, villanos… es atemporal y sigue teniendo efecto a lo largo de los años. Es divertido, y hay muchísimo material para narrativas.
CASEY WALKER: Hay una razón por la que se cuentan generación tras generación. Son cuentos que te atrapan y dan miedo, y esas son las historias que perduran en el tiempo. Hay un montón de películas de los 70 y los 80 a las que nadie presta atención, por ejemplo muchas pelis de Roger Corman de las que nadie habla, y es porque, siendo honestos, eran basura [Ríe]. Pero las que son potentes… por ejemplo siempre vuelvo a Leatherface de La matanza de Texas. En aquel momento nadie había visto jamás algo así, y así se convierte en un nuevo mito. Y los viejos mitos, los que aguantan, son igual de impactantes.
El género del terror acostumbrar a combinar la diversión con un reflejo distorsionado de la realidad. Creo que Ithaqua ejemplifica eso a la perfección.
PETER SCOTT: Sí, totalmente. Intenta hablar en términos generales de aquella época. El comercio de pieles estaba en decadencia y estaban destrozando el país entero. Y no solo eran los europeos, los nativos también les proveían.
CASEY WALKER: Esta es una parte con la que tuve dudas, porque soy un “tío blanco” [Ríe].
PETER SCOTT: Yo lo escribí porque no quería que pareciera una obra aleccionadora, pero es que además es cierto. Los nativos cazaban a un ritmo que no se había dado hasta ese momento, porque con la aparición del dinero hubo un cambio radical en las dinámicas de la población indígena.
CASEY WALKER: Era algo de lo que queríamos hablar. Hay muchas temáticas relacionadas con cosas que le han pasado a nuestro país y a nuestras culturas. Creo que mucha gente preferiría ver solo uno de los bandos, pero queríamos dejar claro que ambos bandos daban asco. Tanto uno como el otro tenían culpa, tenían defectos, y no queríamos endulzar nada. Mucha gente sigue sin querer hablar de esto, y ni siquiera creo que Canadá apruebe esta película. Es sorprendente porque es más fácil negarlo e ignorarlo que tener una conversación sobre ello, tanto por parte de los indígenas como de los europeos.
PETER SCOTT: Y pensando en una escala lovecraftiana, a la indiferencia cósmica de Ithaqua le da completamente igual que seas nativo o europeo. Viene de algún lugar totalmente ajeno y mata a todo el mundo, sin importar de donde vengas. Es un comentario sobre la humanidad.
Ithaqua es una de esas películas que cuenta una historia del pasado, pero conecta con el presente.
PETER SCOTT: Es atemporal. Sigue ocurriendo lo mismo, y en todo el mundo.








