Wildwood, de Travis Knight

En el panorama cinematográfico actual, el espacio para la artesanía, la atención al detalle y la paciencia parece estrecharse cada día un poco más. Por ese motivo, Wildwood es, no solo una anomalía, sino también una propuesta radical ante una industria de la animación cada vez más uniforme en lo visual.

La nueva película del estudio Laika, dirigida por Travis Knight, es la película de stop-motion más larga de todos los tiempos y a su lista de proezas técnicas podría dedicársele la totalidad de este texto. No hace falta pararse a pensar en cómo se hizo la película para dejarse sorprender por sus imágenes, pues su belleza va más allá de la técnica, pero no hay que menospreciar el logro de convertir en monumental una técnica, la del stop-motion, que parecía dedicada a magnitudes menores.

La historia sigue a Prue, una joven que debe adentrarse en el bosque para rescatar a su hermano pequeño. La película adapta la novela de Colin Meloy y adopta la forma clásica de aventura de iniciación en un mundo de criaturas fantásticas que parte de la tradición de Lewis Carroll y su Alicia en el país de las maravillas. Quizá lo más sorprendente en la narrativa de Wildwood es su tono. A pesar de su apariencia luminosa y su atractivo infantil, el relato llega a oscurecerse bastante y no rehúye las secuencias de violencia o dureza emocional. En este sentido, puede recordar a otras obras cumbre de la animación como La princesa Mononoke.

Y es que el estudio Ghibli está muy presente en la propuesta de Wildwood. La transformación de una joven protagonista a través de lo fantástico, el vínculo entre hermanos como motor narrativo y la conexión y el respeto con la naturaleza son temas que sobrevuelan la obra de Hayao Miyazaki y que resuenan en la última producción del estudio Laika. No solo esto, sino la veneración por la artesanía y la atención al detalle convierten a Wildwood en el mejor homenaje occidental a la filmografía del estudio Ghibli.

Travis Knight expone a sus jóvenes personajes a desafíos emocionales duros y su proceso de maduración se vive de forma tan real como trágica. El gran logro de Wildwood está en ir más allá de la virguería técnica y de la aventura fantástica; el desarrollo narrativo sirve a una construcción de personajes que logra emocionar al espectador en sus momentos climáticos.

Wildwood no es solo un antes y un después en las posibilidades estéticas del stop-motion, es también una historia de iniciación que recupera la fascinación por el mejor cine de aventuras y un núcleo emocional maduro que nos recuerda aquello que estudios como Pixar parecen haber dejado atrás.

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