No respires 2, de Rodo Sayagues

No respires 2No sería justo que Fede Álvarez y Rodo Sayagues estuviesen toda la vida penando por aquel desgraciado y nefasto remake de una cinta de culto (que lo es, por buenas razones) como es Posesión infernal. Ni siquiera creo que es algo que no se pueda intentar, pues Tommy Wiklund y Sonny Laguna lo hicieron de maravilla en Wither (consejo: nunca os fiéis de las puntuaciones de filmaffinity), demostrando que nada es intocable si se le pone el suficiente mimo y se respeta el origen (y eso tampoco quiere decir que tenga que ser sumamente fiel).

El caso es que el dúo uruguayo escribió nuevamente a cuatro manos su siguiente proyecto, esta vez algo más personal y con Álvarez nuevamente en la realización se marcaron un suspense modesto e interesante. En No respires, unos criminales no vocacionales, que terminaban siendo entrañables se decidían a robar la caja fuerte de un invidente en lo que parecía un plan sencillo y sin fisuras. Naturalmente, nada resultaba ser lo que parecía en un comienzo, y en ello radicaba gran parte de su encanto.

No respires 2

En esta secuela Álvarez cede la batuta a Sayagues sobre un guion nuevamente escrito por ambos. La película, al igual que su predecesora, es disfrutable por sus derivas argumentales, tan inverosímiles como sugerentes, y por su exhibición de una violencia bastante salvaje (la primera muerte es toda una declaración de intenciones) dejando pequeños detalles tan desagradables como atractivos (la escena del pegamento, por ejemplo). En esta ocasión se juega aún más con el punto de vista moral de la situación y por tanto con el espectador, que lo único que tiene claro es que está de parte de la pequeña Phoenix (Madelyn Grace), pero no está tan seguro de si apoyar a sus secuestradores o a su «padre», el pobre cieguito ex-marine con malas pulgas, que ya en la primera parte reveló no ser ningún santo, con unas claras, aunque, éticamente hablando, injustificables motivaciones. En aquella pasaba de víctima a villano, pero aquí es todo más ambiguo, lo que no quita para que disfrutemos desprejuiciadamente cuando, por ejemplo, destroza la cara a palazos a una de sus visitas indeseadas, y es que en el fondo esa es una de las claves del buen cine de terror, ser capaces de ponernos del lado de asesinos, monstruos, criminales o incluso de aquellos que lo son todo a la vez, y esta secuela consigue precisamente eso.

La estructura de home invasion que surcaba la primera película de principio a fin, es solo la mitad inicial del metraje, después, cuando el recuerdo de Hostel nos venga a la mente gracias a un nuevo giro, Nordstrom (Stephen Lang) tendrá que salir de casa para recuperar lo que (tal vez) no es suyo, aunque seguramente lo merece más que sus auténticos «dueños». Sayagues se mueve con soltura por la casa y fuera de ella, y juega con la fotografía de Pedro Luque (gracias a la cual el acabado visual es muy similar al de su predecesora) y el encuadre de una forma bastante sugerente, con una predisposición a los planos cenitales de los que abusa lo justo como para darle un toque extra de atractivo a la cinta sin que parezca impostado.

No respires 2

Destaca también su forma de trabajar el suspense gracias al montaje, y a este respecto podemos guardar en el recuerdo un par de set pieces en concreto, aquella en que la joven víctima está a punto de morir incinerada y esa otra en la que nuestro anti-antihéroe comienza haciéndose el muerto y termina cepillándose a tres agresores de una tacada. El vínculo que salva al cuarto es además un punto más al que agarrarnos para poder ponernos del lado de alguien capaz de las atrocidades (y en particular de una en concreto) del film previo.

Tanto el diseño del cartel como el de los créditos finales siguen la línea trazada por la primera parte y dotan de cierto branding a la franquicia, que lo será propiamente hablando si sus creadores deciden utilizar la puerta abierta que dejan en el desenlace, en esa breve secuencia a mitad de los créditos finales.