70 Festival de San Sebastián. El techo amarillo, de Isabel Coixet

Las palabras de la tribu

El techo amarilloCuando pienso en la adolescencia, imagino exactamente el paisaje con el que Coixet abre su último documental El techo amarillo, y es que esa época me parece un tiempo de navegar a tientas, aún sin conciencia de identidad, surcando la vida entre acantilados que se alzan como unos muros que apenas permiten atisbar el cielo.

El documental se acaba de presentar en la 70 edición del Festival de San Sebastián, en la Sección Oficial fuera de concurso y en ella, los testimonios de Cristina, Goretti, Violeta, Aida, Laura, Miriam, Sonia, Patrícia y Marta, todos nombres reales, se enlazan junto con otros y también con archivos que describen lo que Antonio Gómez, director y profesor del Aula de Teatre de Lleida, les hizo durante años.

El techo amarillo destila una tensión sostenida desde las primeras imágenes en las que la voz en off de las víctimas se superpone a la imagen de un mar aparentemente calmo, bajo un acantilado que apenas permite atisbar el cielo. Es un viaje sofocante y circular desde el anonimato y el aislamiento de cada una de las voces que arrancan el metraje, hasta ese mismo mar, en el que terminan navegando en el mismo barco, juntas contra el viento.

El personaje de Antonio Gómez y las propias experiencias de las víctimas son montadas como piezas de un puzzle que Coixet edita con agilidad pero sin prisa, logrando el equilibrio entre un documental de corte periodístico y un filme con trazas poéticas sobre una justicia humana que impera sobre las leyes y se cimenta en la comprensión, el apoyo y la sororidad.  

El material compuesto de entrevistas, videos y fotografías, posee aportaciones interesantes y que completan el crisol de una realidad que abarca más allá de la mirada subjetiva de las víctimas. Entre ellas están las declaraciones del alcalde de Lleida, que conocía personalmente a Gómez, o las de la directora del Aula del Teatre que le antecedió, así como archivos gráficos de entrevistas que le fueron realizadas en televisión en las que sus opiniones, a la luz de las demás pruebas, adquieren un cariz casi siniestro.

El techo amarillo

Las secuencias en las que las mujeres van desvelando cómo fue su experiencia están grabadas sin artificio, con las aristas visibles del dolor que muchas arrastran aún, teniendo en cuenta que la denuncia por abusos sexuales se interpuso en 2018 cuando el caso ya había prescrito, motivo por el que se archivó.

Las imágenes nos llevan por pasillos subterráneos de teatros, salas que se quedaban a oscuras para los ensayos y, en general, por el vientre de edificios que albergaron una realidad muy distante de sus fachadas.

Gómez negó los hechos y se fue del país sin responder ante la justicia y con una indemnización por despido.

Las entonces adolescentes tardaron años en poder expresarse, en poner nombre a lo que vivieron y en comprender que ninguna de ellas era la única víctima y que todas ellas habían sido abusadas sexualmente.

Este hecho pone el foco sobre un sistema judicial que permitía la prescripción de delitos en los que víctimas especialmente vulnerables no denuncian en plazo por un factor tan relevante como es la minoría de edad o el haber sido manipuladas por parte de un delincuente que logra normalizar una conducta ilegal.

A día de hoy, sin embargo, la Ley Orgánica 8/2021, de 4 de junio, de protección integral a la infancia y la adolescencia frente a la violencia, ha introducido cambios. Una de las modificaciones más relevantes se refiere al tiempo de prescripción de los delitos, ya que, según el Preámbulo de la citada norma este se extiende de modo que cuente a partir de que la víctima haya cumplido los treinta y cinco años, de modo que, teóricamente, “se evita la existencia de espacios de impunidad en delitos que estadísticamente se han probado de lenta asimilación en las víctimas en el plano psicológico y, muchas veces, de tardía detección”.

El documental reconstruye imagen a imagen, palabra a palabra, la figura de un “maestro” que engañó tanto a las niñas como a la comunidad y a los medios de comunicación, pero también logra emocionar ya que es un canto a la amistad y al grupo como red que sostiene y como barca que compartimos todas las mujeres. 

Coixet nos tiene acostumbrados a la poesía, e incluso en el género documental no nos defrauda. Tal como escribe Mallarmé en Le Tombeau d’Edgar Poe la labor del poeta es, en última instancia, “dar un sentido más puro a las palabras de la tribu”. Pureza como término libre de anacronismo, pureza como actualidad y yo añadiría pureza como justicia, más allá de las leyes.