SEFF 2022. Entrevista Julián Génisson

Redes de arrastre

Julián Génisson, el gran erudito del absurdo virtual que nos rodea, regresa con Inmotep, una película tan disfrutable como inclasificable presentada en Sevilla. En ella da rienda suelta a sus filias y fobias y nos ofrece un sugerente ensayo sobre nuestro consumo de imágenes. Repaso a una de las carreras más singulares del audiovisual español.

Tengo un problema serio con tu película. Gustándome mucho es muy complicado hablar de ella sin estropearle al espectador sus mil y una sorpresas. ¿Cómo la definirías tú?

Para mí es una película de misterio. Hay chistes (o más bien bromas) y también tiene un punto de melodrama, pero es una película de misterio. En algún momento la he definido como un thriller vaporwave, por esta cosa de reutilizar cosas antiguas, dándoles mucha lentitud, y por esas estéticas así como vacías de Internet. Es una acumulación de trastos de diferentes procedencias culturales que al final te remiten a una no cultura…  Tal vez la definición más exacta sea la de peli instrumental de misterio.

El filme es prácticamente silente. ¿Por qué motivo? ¿Te ha costado mucho componer las escenas?

Lo es por esas limitaciones del cine: grabar sonidos siempre es complicado, porque pasa un avión y se jode la toma. Pensé que sería mucho más ágil sin audio. Además, quería recrear el universo de las imágenes de stock, y para hacerlo tiene sentido huir de la voz, de forma que todo debe explicarse a través de pantallazos de móvil o de gente apuntando cosas. También supongo que venía de hacer pelis muy parlanchinas, que es una de las cosas que se ha reprochado al cine low cost. Aquí, en vez de gente hablando en su apartamento todo el tiempo quería rodar más acción y menos cháchara. Pero bueno, el caso es que terminó siendo todo igual de lento. Pensaba que me estaba quitando un peso de encima con esto de hacerlo sin voz, pero fue igual de trabajoso. También quería recrear esos vídeos con subtítulos que vemos en los móviles. Obviamente, se disfruta más en pantalla grande. No hay que disuadir nunca la gente que vaya al cine, pero creo que la filosofía es esa. Es una experiencia multisensorial.

Tengo la sensación de que tu proceso de creación es, digamos, acumulativo. ¿Cuál es el origen del filme?

No sé si es una experiencia que se pueda extrapolar a más gente que trabaja sin presupuesto, pero en mi caso, tengo la sensación de que es muy difícil levantar una película y nunca sabes si la que estás haciendo va a ser la última. Así que sueltas todas las ideas de golpe. En este caso he intentado una narración más depurada, pero no deja de haber destellos de cosas que no tienen que ver con la trama. Yo pienso que está todo más o menos ligado, aunque igual lo esté de una manera un tanto esotérica… El origen fue una experiencia que tuve cuando alquilé mi primer apartamento en Madrid. Estaba en venta mientras yo lo habitaba, y de vez en cuando venía un comercial de Tecnocasa y entraba con su propio juego de llaves a enseñárselo a una pareja que venía de visita. A veces incluso entraban en mi habitación mientras estaba durmiendo y era todo un shock: gente muy despierta y haciendo negocios y yo todavía despertándome y mezclándolo todo como en una especie de pesadilla. De ahí surgió la idea de hacer algo sobre terror inmobiliario, que no fuera un mensaje así muy articulado de lo que están haciendo los caseros con este país, pero sí usarlo desde un código más fantástico. Me interesaba hablar de esa experiencia de estar viviendo en un sitio y no tener ni el dominio de tus cerraduras, de ser como un fantasma.

¿Y el desarrollo de la historia? Porque parece que está muy marcado por los bancos de imágenes, por ejemplo.

Me fascina el mundo de los bancos de imágenes y esa estética pobre de los canales sin visitas y de los espacios liminales que existen en internet. Me interesaba trasladar cosas de internet a un formato más narrativo. Se me ocurrió esta idea de las imágenes de stock que se usan para las presentaciones de trabajo y que ilustran cómo es la vida real, pero que en realidad no se parecen en absoluto al mundo real. De ahí surge la combinación: una historia de fantasmas contemporánea relacionada con la precariedad y los alquileres y con las imágenes. Estas últimas, aunque parece que son lo más lo más superficial en realidad son lo que más perdura, porque no las puedes destruir.

Madrid es un infierno para tus protagonistas…

Mi idea era retratar una especie de ciudad modular, donde los personajes pudieran escoger la parte que les interesaba. Como no se pueden permitir viajar a Italia porque los billetes por alguna razón están carísimos, se pasean por calles y ferreterías que tienen nombres de ciudades italianas. Me gustaba la idea de que no puedes huir de tu ciudad ni de tu vida, pero a la vez tienes pequeños márgenes donde puedes colarte para encontrar tu lugar.

Julián Génisson

Team Inmotep (c) Lolo Vasco

¿Y esa querencia italianizante? Tiene mucho peso en la historia…

Mi sueño siempre ha sido rodar un giallo. Una película como Huellas de pisadas en la Luna (Le orme, Luigi Bazzoni, 1975), que me apasiona. Algo como lo que hacen Peter Strickland o Cattet y Forzani. Conflictos psicológicos muy densos, pero marcados siempre por una trama detectivesca. Me gusta mucho el aspecto delirante de las tramas del giallo, esa sensación de que el asesino puede ser cualquiera. El argumento se crea sobre la marcha y te puedes recrear en los espacios y en pequeños misterios, como si fuera un videojuego. No hay que tener vergüenza por hacer tramas detectivescas, que no avancen de una manera normal, que vayan a trompicones. Así que la película es un intento de sacar mis pequeñas fijaciones. Hacer un pequeño álbum de fotos de estos tres o cuatro años en los que he trabajado en ella.

La película tiene un prólogo y un epílogo, pero claro, pones el epílogo después del in memoriam. En el pase en Sevilla el público pensó que se había acabado antes del epílogo. ¿Es un guiño a Marvel o qué?

No es que arranque otra vez. Vuelve el personaje de Lorena, pero realmente lo que se ve al final es un tráiler o un teaser de la siguiente peli que me gustaría hacer. En realidad, quería hacer las dos en una, pero cuando vi que está cerraba de una manera satisfactoria y no hacía falta más, sí que quise añadir esta pequeña coda para que tengas ganas de ver la siguiente. Por si hay alguien que quiera invertir en películas, que sepa que la continuación ya está escrita. Es mi manera de hacer mercadotecnia, aunque nunca se me ha dado muy bien.

Hemos hablado un rato largo y hemos conseguido no sacar la etiqueta del posthumor. ¿Qué recuerdas de aquellos tiempos?

Igual que low cost son etiquetas que parecían que eran como buenas malas ideas, sabes. Lo mismo de lo de “risa incómoda”. Tiene unas connotaciones que son quizá pretenciosas. Lo que hacíamos era humor con otros recursos, pero no estoy muy seguro de que hubiera ninguna corriente de humor específica. Quizás nos vinimos arriba pensando que era algo muy novedoso y simplemente era el humor que nos hacía gracia a nosotros y no se veía en la tele generalista, lo cual no significa que fuera un humor más sofisticado, porque muchas veces era muy primario, solo que tenía otro timing, no buscaba la carencia mecánica de la sitcom. No le veo ninguna entidad más allá de nombrar así a creadores que empezaron a darse a conocer en redes en un momento en el que había nuevos soportes y una tecnología más asequible.

La pregunta definitiva: ¿cuántas horas al día te pasas en internet?

Demasiadas, es cierto… En parte por mi trabajo como traductor, que me obliga a estar trabajando con el ordenador todo el tiempo y bueno, te metes a ver, no sé… Se te va la mirada siempre. Ahora, además, estoy en este bucle en el que tengo que promocionar mis cosas. Así que debo ser como gracioso en Twitter para que luego cuando saco una película la gente la quiere ver.

SEFF 2022. Inmotep