En el Tallinn Black Nights Film Festival tuvo su premier Versalles, una comedia negra que nos cuenta la historia de Chema (Cuauhtli Jiménez), un político que pierde la oportunidad de ser presidente y, junto a su esposa Carmina (Maggie Civantos), debe lidiar con la derrota encerrado en su hacienda. El director, Andrés Clariond, se sirve de su experiencia como editorialista político en el periódico Reforma para dotar a su tercer largometraje de una visión crítica y reflexiva del poder, la ambición desmedida y el duelo tras un fracaso que supone un punto de inflexión en la vida, permitiendo que el delirio conduzca al argumento de la película hacia la locura y que el humor la impregne de sátira. Clariond nos cuenta desde Estonia algunos detalles históricos presentes en Versalles y nos habla sobre el proceso creativo de la película.
¿De donde surge la historia de Chema? ¿Que te llevó a hacer esta película?
Pues aquí se juntan mis dos pasiones. Además de cineasta, soy editorialista de política en el principal diario de México, que es el Reforma. Versalles es mi tercera película y se juntan dos temas que me gustan mucho, que son el cine y el análisis político, pero desde una perspectiva psicológica, que era lo que quería. No buscaba una película de intrigas políticas, que quizás es lo que el público crea que va a ver al empezar a verla, es posible que piensen que Chema va a volver a la ciudad y hacer toda todo el cabildeo para volver al poder, pero yo no quería eso, pienso que eso está más visto. Quería representar ese lado más íntimo y humano de los demonios con los que vive una persona. Resulta interesante seguir el arco de Chema, un personaje que cambia bastante a lo largo de la película.
Cuando comenzaste a escribir la historia, ¿tenías claro el arco del personaje?
Lo que yo más quería era retratar ese momento donde un político, después de haber vivido con todos esos reflectores y privilegios pasa a ser un don nadie otra vez, como le afecta volver a ser una persona corriente. Esa era la idea inicial, porque lo he visto mucho a raíz de que soy analista político y que me gusta mucho la historia de México. Se ve esa decadencia que viene en los años posteriores de haber estado en el poder y cómo estas personas lo extrañan tanto. Esto fue la motivación inicial, antes de pensar en Versalles o en lo que iba a pasar. Incluso, en una primera idea, pensé en una persona ya muy muy mayor, como un expresidente ya en sus últimos años, pero pensé que sería muy aburrido ver a un señor sin ninguna posibilidad de nada, decidí hacerlo más joven. Y así es como empezaron a darse naturalmente las cosas hasta que pensé, ¿y si se creen que son reyes? Entonces me preguntaba cómo llegar hasta ahí, porque era un brinco muy grande. Pero, ¿y si la esposa está obsesionada con la realeza y toma estas fotografías? Fue un proceso muy gradual.
En un momento de la película, le regalan a Chema la bandera de Maximiliano. ¿Cómo relacionas a Maximiliano con el protagonista?
Es que fue el único momento después de la independencia de México donde fuimos monarquía, porque los conservadores trajeron a este pobre hombre que, además, era una persona al parecer bien intencionada que tuvo un final trágico. Entonces quería que Carmina, en ese afán por la monarquía y la realeza diga “sí, independencia, día de la patria, los colores de México… pero no de cualquier momento de la historia, sino de cuando fuimos una monarquía”. Entonces me estoy burlando un poco de eso, porque además es un pasaje muy presente y doloroso para los mejicanos, donde precisamente unos mejicanos traicionaron a la patria y trajeron a un extranjero a ser rey.
Además de Maximiliano, ¿qué otros elementos de la historia de México influyen en la película?
Pues básicamente en esto de cómo enloquece el poder, que no es una cosa solo de México, pero aquí es algo que se vive muy fuerte. Estuvimos muchos años bajo el mismo partido, que era casi una dictadura, nada más que cambia el personaje cada seis años, y para mí eso sería la experiencia mejicana en la película. Cómo estos políticos se creen prácticamente reyes, hacen lo que quieren y se salen con la suya. Al final, el personaje toma una secretaría de estado y todo vuelve a la normalidad, nada de lo que hizo tiene consecuencias. Ahí está en qué se relaciona con la historia de México y como funciona la política actualmente, este deseo de los políticos de siempre brincar al puesto más alto y la ambición, como recibe la noticia de que no va a ser presidente y se derrumba, todo se viene abajo… Aun así, espero que pese a esos detalles puntuales como el de Maximiliano, que no todo el mundo va a entender, que la historia resuene en cualquier ciudadano del mundo. Especialmente ahora que padecemos estos autócratas ególatras por todos lados.
En mi opinión la película funciona sin problemas. Los detalles culturales me parecen interesantes porque sirven de incentivo para investigar y aprender sobre la historia de otros lugares.
Pues mira, hay otro elemento perteneciente a la historia de México. El cuadro que Chema tiene colgado en su despacho es de un héroe de la independencia mejicana, y es un héroe de piel muy oscura que también se llama José María, es José María Morelos. Entonces ahí también hay un significado que no todo el mundo va a conocer, pero espero que se entienda que es alguien especial a quien él admira, por eso destruye el cuadro. Es otro apunte histórico.
¿Y cómo introduces Versalles en la película?
Pues porque lo quería llevar a la exageración máxima. Los mejicanos somos, desgraciadamente, un pueblo aspiracional que se quiere ver reflejado, a veces en Estados Unidos, sobretodo los que somos más del norte, y los del sur en Europa por sus conexiones y raices. Entonces quise llevar eso a la exageración y la burla de que ellos se sentían conectados con la realeza europea. Además este personaje (Chema) que es de tez morena y que racialmente no tiene nada que ver con eso, que lo ha padecido y al mismo tiempo está impregnado de esa cultura, ha crecido en una sociedad donde se valora eso, así que inconscientemente él también lo valora. Hasta se casó con una española, el prototipo de la belleza occidental. Hay un juego burlón en eso.
Los políticos dependen mucho de su imagen, hay una parte de actuación en ellos. Es gracioso que en este caso Chema y Carmina acaban viviendo literalmente en una actuación, no solo de ellos sino de todo lo que les rodea.
Una actuación que irónicamente está más conectada con su deseo interno. Porque, como dices, los políticos ponen una cara pública generalmente hipócrita y que haga parecer que todo está bien, aunque en el fondo tienen muchos problemas. Aquí es una actuación más sincera [Ríe]
Además de la influencia histórica y de tu experiencia como analista político, ¿tenías alguna referencia cinematográfica?
Un poco lo que hace Yorgos Lanthimos, y soy muy fan de Buñuel, de toda esta parte absurda y de la crítica social. Pero no solo para esta película, son inspiraciones en general para mi carrera. También me fascina esto de la psicología oscura del ser humano, como lo que hace Polanski. Visualmente quisimos que pareciera una película de época, con mucho contraste y los colores muy intensos. El vestuario también fue muy importante, había que elegirlo bien para que no pareciera una parodia de disfraces. Por ejemplos, los vestuarios de los protagonistas los rentamos en París, que son los que usan las series que hacen ellos realmente en la serie Versailles (2015). Y por otro lado que la gente del pueblo estuviera parcialmente vestida de época pero que a la vez tuvieran la ropa original que traían puesta.
¿Cuánto tiempo tuvisteis de rodaje?
Fueron seis semanas. En México el cine está muy centralizado en la ciudad de México, y esta película está hecha en un estado de donde yo soy, al norte. Eso implicó un costo y más complicaciones. No había hoteles para hospedar a todo el equipo muy cerca, entonces había traslados un poco retirados. Esos fueron los principales retos, ese tipo de cosas que, cuando filmas en ciudades que cuentan con todos los servicios de cine, no las sufres.
¿Fue una única localización?
Casi todo. El inicio, donde Chema está saliendo entre la multitud, fue en la ciudad. También cuando va a la oficina del político. Y, por ejemplo, la escena de la fiesta del bautizo se hizo muy cerca pero no era en la locación principal, estaba a diez minutos. Pero lo demás sí, es en la hacienda.
¿Qué fue lo más desafiante del rodaje?
Pues el tema de las distancias y rodar en una ciudad que no tiene tantos servicios fílmicos. También la cantidad de extras, nunca había tenido tantas secuencias con tanta cantidad de extras. Además, en las películas es habitual que los extras ya son personas con experiencia que se dedican a ello, que ya saben cómo funciona, pero aquí trabajé con gente que nunca había sido extra. A veces volteaban a la cámara, o no entendían que tenían que presentarse al día siguiente porque estaban en continuidad [Ríe]. Pero, en general, nada del otro mundo. A veces, por ejemplo, cierto equipo más sofisticado que teníamos que rentar, si fallaba allí en la lejanía ya no había forma de remplazarlo.
Esto que comentas de los extras es especialmente gracioso porque me hace pensar en la propia peli, cuando Carmina está intentando enseñar a los trabajadores a actuar para que finjan agradecimiento. Una situación un poco metacine.
[Ríe] Yo creo que ellos ya no diferenciaban entre el asistente de dirección y la actriz (Maggie), para ellos era todo una locura. Además todos disfrazados.
Tuvisteis vuestro propio Versalles.
Bueno es que el detrás de las cámaras hubiera estado genial con todo lo que pasó ese día. [Ríe]
A nivel de producción, ¿se trata de una película de gran presupuesto o es más bien pequeña?
Para México, está en el medio alto. Fue una película costosa por lo que te digo de que se filmó en un área rural, que se tuvo que hospedar y trasladar a todas las personas que venían de la ciudad de México, por los vestuarios, esas cantidades de extras, pagarles y darles de comer… todo eso eleva mucho los costos. El equipo técnico y todos los fierros que fueran de la mejor calidad… entonces sí, para México es una película hacia la parte cara.







