Nos sentamos con Cuauhtli Jiménez, Maggie Civantos y José Manuel Rincón, el reparto de Versalles, la película de Andrés Clariond presentada en el Tallinn Black Nights Film Festival que, en clave de humor, nos embarca en el viaje a la locura de un político y su esposa cuando se hunde la carrera del primero. Cuauhtli Jiménez en el papel del joven político Chema, Maggie Civantos como su esposa Carmina y José Manuel Rincón como el asistente de Chema, hablan de sus personajes y lo que supuso trabajar en el proyecto.
¿Qué os llamó la atención de este proyecto para querer llevarlo a cabo?
Cuauhtli: A mí me llamó mucho la atención que estaba planteado como una comedia negra en la que los personajes centrales eran esta pareja de poder. Pero me gustó que era más un viaje hacia el interior de la mente y de sus emociones en lugar de, digamos, una película de intriga política o de análisis del sistema. Era más bien qué hay dentro de la mente y cómo viven la frustración, el miedo, la ambición… más psicológica en ese sentido. Y me parecían interesante esos toques de comedia y de sátira que juegan como en el límite de lo absurdo.
Maggie: Sí, el tono de la película me parecía muy extraño, muy absurdo. Me gusta como juega con la comedia para hablar de una tragedia, como lleva a los personajes al límite. Y también que se trata de un tema que podría centrarse en una crítica de algo muy concreto, de la política en México, pero me parecía que estaba tocando temas a nivel global. Temas que desgraciadamente dos años más tarde del rodaje de la película cada vez va cobrando más sentido. Es muy aterrador. Entonces, esa mezcla de género, una sátira que también es terrorífica porque se está convirtiendo en una realidad cruel. En aquel momento, cuando leí el guion, ya me parecía muy curioso esta mezcla de géneros. Y, sobre todo, desde dónde están enfocados el tema del poder y de la política. Como decía Cuau, al final lo más interesante de la película es la psicología de estos personajes, cómo te hace observador de su denigración con respecto a la pérdida del poder. Ahora, el tono, a mí incluso rodando la película me extrañaba, porque cuando estás grabando una película así dices todo el rato “no sé… pero confío en ti”. Es un acto de confianza en la dirección, porque no es un tono que tú puedas trabajar. Interpretas, pero hay muchas cosas, como la comedia, que no están en tu mano. Hay que tener fe y lo demás es una cuestión de lo que él (Andrés Clariond) nos decía en el set, del montaje, de la música…
Los personajes son complejos, especialmente Chema y su evolución en la película. ¿Cómo preparaste el personaje?
Cuauhtli: Tengo cierta fascinación, igual que Andrés, por observar. Andrés, aparte de ser director, es articulista político en México en un diario muy importante que se llama Reforma. Entonces él escribe haciendo crítica política de presidentes y gobernadores. En mi caso también he tenido siempre este interés en observar estas figuras. La construcción del personaje fue a partir de entender qué pasa con estos hombres. Siempre hablamos del ganador, no de los que se convierten en presidentes o ministros… ¿pero qué pasa con los que se quedan a punto de conseguirlo? Los que se quedan como esa segunda opción que es desechada y ya no llega a los libros de historia. Sin embargo, la construcción de sus carreras fue más o menos igual y la política es como la guerra, pero sin armas y sin violencia. Es esta necesidad de ser el centro de atención y esta posibilidad infinita de lograr lo que tú quieres. Andrés desde el principio hacía mucho hincapié en que esto era una comedia negra. Sin embargo, cuando yo la leí y vi el arco del personaje, lo que para mí tenía más sentido como actor es que el viaje de Chema era el de una tragedia en el sentido más estricto teatral. Lleva un crecimiento lógico en su carrera y llegado a cierto punto parece que el universo entero está en contra suya, pierde esta oportunidad, siente la mayor desilusión y el mayor fracaso, y entonces trata de encontrar una explicación a qué pasó y no la puede encontrar. De repente todo cambió en un segundo. Esto se junta con la insistencia de Carmina de retomar el proyecto, porque al final yo creo que estos dos personajes son uno solo, lo que pasa es que son dos caras. Y cuando Chema parece que está resignado a aceptar que se le fue la oportunidad de ser presidente, Carmina llega para recordarle que este fue un proyecto construido en conjunto y que tienen que seguir luchando por él. Pero él está tan herido al sentir esta traición, esta desilusión y fracaso, que lo que sucede es que ¡pum!, se nos enloquece, y creo que eso es porque hace contacto con su ego, ¿no?
En este aspecto es especialmente gracioso el asistente Román. Él está viendo esta locura, pero que lo tiene que aceptar. Se le ve consciente de lo que sucede, pero es en plan “bueno, pero yo estoy aquí para lo que quieras”.
José Manuel: Sí, cuando yo empezaba a leer el guion y me empezaba a imaginar este personaje, creo que tenía que ser lo suficientemente inteligente para poder ser el asistente de un gobernador, que no es poca cosa. Es un trabajo que seguramente es muy demandante, que exige muchísimo y debe tener la capacidad para desarrollar eso, pero también creo que su inteligencia viene de saber cuándo hacer como que no pasa nada. ¿Cuándo seguir diciendo que sí, aunque lo que este hombre plantee es que vaya a buscar antigüedades por un pueblo? Entonces él debe mantener este punto de estabilidad y de tranquilidad, aunque la situación sea tan absurda como montarse un baile con pelucas y vestuario, maquillando a la gente, diciéndole tú acá, tú acá… y tomándotelo con la seriedad que le darías a cualquier tarea que el gobernador te pide. Entonces sí, creo que es un personaje inteligente en ese sentido, pero también, conforme se va destruyendo el ideal que él tenía al trabajar para Chema, quizás en algún punto dice “tal vez tengo que ir buscando mis otras posibilidades…”
El hobby de Carmina, la recreación de cuadros barrocos, va cobrando peso hasta convertirse en su modo de vida. ¿Cómo preparaste el personaje?
Maggie: Entendiendo las razones de porqué ella está enferma de ambición. Para ser la mujer de Chema sacrifica su maternidad, sacrifica su vida y sus valores por el poder y por estar ahí para él. Como decía Cuau, al final son el mismo personaje y esto era para mí muy importante que se viera claro, que no es ella detrás instigándole a él y siendo un poco Lady Macbeth, porque no es eso. Realmente son víctimas los dos y, a la vez, son verdugos. Son víctimas de un sistema ambicioso que no te deja perder y esa ambición de poder te lleva a la locura. Yo lo trabajé desde ahí. Por otra parte es esa mujer que está detrás, que no vemos, que es necesaria… ¿qué pasa con esa mujer? Esa mujer también siente, padece y también enloquece. Entonces intenté trabajarla entendiendo las razones y entendiendo que en el fondo es un animalillo con miedo, así es como me gusta describirla. En ese micromundo que crean en la finca, ella está en modo de supervivencia porque les quitan su imperio. Y debe levantar ese imperio como sea, porque si no lo hace muere, desaparece. Al fin y al cabo la película va de eso, de cuando te identificas con el dinero, con el poder. Pero además hay algo muy interesante en el personaje de Carmina y es que ella es muy dependiente. No es una mujer empoderada en absoluto. A mí siempre me ha gustado interpretar mujeres empoderadas y ella lo es en este imperio, pero cuando el imperio se cae, en esa estructura que ella no puede controlar solo le queda convencerlo a él. Entonces esto era muy interesante porque tiene la desesperación de estar muriendo y encima no tiene la herramienta para sobrevivir, que eso es lo que las mujeres han vivido durante muchos años.
¿Había improvisación en el rodaje de las escenas?
Maggie: Improvisación cero. [Ríe] Creo que ha sido el director con el que he trabajado que menos margen ha dado para la improvisación. Pero no lo digo ni muchísimo menos como una crítica, simplemente como un hecho y como algo interesante de cómo él tenía tan estudiada la película que no había margen para improvisar.
Cuauhtli: No hubo nada improvisado.
Maggie: Pero sí hubo una cosa que me sorprendió. Al principio había un final donde Carmina realmente dejaba tiradísimo a Chema, donde ella al final cogía la pistola y salía corriendo, lo abandonaba y no se posicionaba al lado de él. Pero para mí, a pesar de la locura de estos personajes, creo que hay amor entre ellos, aunque ella actúe por supervivencia, ella realmente lo admira y le ama. Entonces para mí el final no podía ser dejarlo y salir corriendo, me parecía que ese no era el personaje. Le pedí a Andrés que ella se quede hasta el final con él. Y sorprendentemente me dejó, y eso no estaba en el guion, lo hablamos dos días antes de grabar ese final, le dio vueltas y al día siguiente llegó y me dijo que sí. Es algo que agradezco porque desde la construcción que yo estaba haciendo de Carmina realmente necesitaba mostrar que, bueno, a pesar de todo, ella se quedaba junto a su marido y no le abandonaba.
Eso es muy interesante. Desde vuestra perspectiva podéis aportar cosas a los personajes que quizás no se habían pensado antes. ¿Los demás también hicisteis algo o tenéis alguna idea que creéis que ha sido algo que habéis aportado vosotros al personaje?
José Manuel: Yo recuerdo que en mi primer día de grabaciones entramos al mundo de las posibilidades. Porque hicimos la primera toma y la siguiente indicación de Andrés fue algo completamente diferente, y para la tercera toma hubo otro cambio y estaba en otro escalón. Me tensé un poco porque dije, “quizá no le está gustando, no sé si estoy en lo correcto”. A Andrés no lo conocía, apenas habíamos tenido unas cuantas charlas. Pero en un punto me di cuenta de que así iba a ser todo el proceso, lo cual a mí me ayudó muchísimo a relajarme porque dije “vale, en algún momento voy a acertar en algo de lo que él está buscando”. Me está dando toda una serie de oportunidades para yo estar tirando y en algún momento va a haber algo que le guste y que diga ok. Cuando entendí su manera de trabajar, empecé a relajarme y a divertirme con este abanico de posibilidades que él me estaba dando que no siempre sucede. Entendí ese estilo y traté de aprovecharlo de la mejor manera.
Cuauhtli: En mi caso era importante, se lo dije a Andrés al principio, que Chema tuviera una verdadera convicción social, una verdadera preocupación por la clase trabajadora, por los más pobres. A lo mejor no se dice en la película, pero trabajamos mucho en eso. Eso sumado con lo que Andrés ya tenía en el guion, que era que al principio se sintiera esta cercanía de Chema con los trabajadores del rancho. Que se dijera de alguna manera “yo soy consciente que vengo de ellos, que soy parte de ellos, que he tenido una carrera en ascenso”, para que cuando viniera la locura del personaje y la conversión a este tirano, que antes hubiéramos visto también la otra parte. Andrés es un director con el que dialogamos mucho antes, pero que no permitía cambios o improvisaciones. Tenía muy claro lo que quería dirigir y lograr.
Para acabar, hago una última pregunta para los tres. ¿Qué características os gustan en un personaje? ¿Os gusta lo mismo como intérpretes y como público?
Cuauhtli: Yo soy intenso, entonces me gustan los personajes que de alguna manera pues tienen de repente estos cambios que hay que justificar y la intensidad, pero también me gusta mucho la posibilidad de poder hacer personajes distintos, la diversidad, porque en este medio y en esta industria normalmente la visión que tienen de ti los directores o los escritores es muy limitada. Tienden a meterte en solamente un tipo de personajes. Entonces me gusta mucho la diversidad y creo que, en ese sentido, también es lo que me gusta como audiencia.
Maggie: Casi que te copio la respuesta, o sea, como espectadora me gusta personajes intensos. Que me sorprendan, que tengan giros, que sean controvertidos. Y luego, como actriz, yo creo que es más poder jugar de un sitio a otro, porque al final aprendes con cada personaje, te tienes que poner en su piel y tienes que hacer ese ejercicio de empatía con el que siempre te llevas una lección de vida. Para mí cada personaje me ha enseñado algo. He tenido la suerte de hacer personajes muy diversos y me siento muy afortunada porque estoy haciendo lo que siempre he querido. Y ojalá que vengan más y aún más diversos.
José Manuel: A mí, como espectador, me gusta mucho cuando una película me deja más preguntas que respuestas. Cuando termina y digo, “¿qué habrá pasado con esto?”. Y como intérprete también busco ir plantando ese tipo de preguntas en el espectador, despertar la curiosidad y quizá dar más preguntas que respuestas.








