Takopi’s Original Sin, de Shinya Iino

If you can’t change the world, change yourself.

Pocos temas me han removido tanto en la adolescencia como Lonely Planet, cierre demoledor de Dusk (1993) y obra definitiva de la banda The The. A grandes rasgos, la letra de la canción convida a visualizar la posibilidad del cambio —entendido como una revelación cercana a la espiritualidad—, donde contempla el mundo como algo terrible y maravilloso a la vez. Esta sensación melancólica, como un rayo de luz entre nubes negras, también era prolongada contra mi desencanto generalizado a través de series anime como Neon Genesis Evangelion (1995) o FLCL (2000), que hablan alegóricamente del pesar terrible y rematadamente depresivo presente en esta etapa de la vida. El reflejo de verse acompañado por unas sensibilidades coherentes al momento vivido resultaron, por aquel entonces, un alivio estremecedor, y el recuerdo de su influencia marcó para siempre la relación conmigo mismo y mi alrededor.

A pesar de su dimensión catártica y profundamente dolida, reconozco que no he conectado igual con Takopi’s Original Sin (2025) —evidentemente, mi predisposición emocional tampoco es la misma—, pero intuyo en esta esa cualidad transformadora que sentí en aquel momento, aunque sea exclusivamente por la contundencia desgarradora con la que ve la realidad que propone. Esta historia sigue a Takopi (o Nnu-Anu-Kf), un extraterrestre con la forma del garabato de un pulpo que llega a la tierra por accidente. La criatura conoce a Shizuka Kuze, una niña que padece bullying en la escuela y atraviesa una relación familiar complicada, marcada por el abandono y la soledad. Esta situación, incomprensible para el alienígena, será el detonante de su labor: hacer que su nueva amiga sonría, pues ese es el objetivo primordial de los happianos; seres que desconocen cualquier otro tipo de interacción que no sea a propósito de la felicidad.

Desde el desconcierto de Takopi, la serie trazará un paralelo dramático entre su inocencia y la brutalidad que padece Shizuka, que, en el primer episodio, terminará por quitarse la vida. Ante este hecho traumático e inexplicable, el alien volverá atrás en el tiempo para intentar revertir lo acontecido, adentrándose progresivamente en las ideas dañinas e injustas que definen la propia condición humana, con sus contradicciones, tristezas e imposibles. De una forma similar al tratamiento de Inio Asano en Buenas noches, Punpun (2007-2013), esta mezcla de contrastes cohabita desde el propio diseño caricaturizado del protagonista, que atestigua la acción mediante una mirada desprovista de prejuicios o rasgos acentuados, en una lucha sufrida y arrolladora para trasladar la dimensión desmedida de su convicción optimista.

Más allá del marco temático o narrativo —donde también se puede identificar esta como la versión macabra de Doraemon; mérito que ostenta, por otro lado, un one-shot de Taiyo Matsumoto—, la historia de Taizan 5 subraya una marca de estilo sumamente distintiva, sintomática del fanfic y las series surgidas de internet. De hecho, el manga original proviene de un webcomic y conviene celebrar y advertir la frontalidad con la que expone todas estas cuestiones, sin tapujos ni edulcorados que desvíen los extremos o tabúes relacionados. Desde el riesgo que comporta, en ocasiones no puede evitar enredarse en el exceso recreativo de su padecer y en imágenes innecesariamente reiterativas, pero sus últimos episodios reconducen esto hasta dar con una visión mucho más abierta e iluminadora, observando el prisma completo y permitiéndose rozar la belleza que, en última instancia, quiere poder alcanzar.

En unos momentos de desasosiego juvenil generalizado, obras como Takopi’s Original Sin buscan dar con la empatía más salvaje y certera, recordando que la entrega desinteresada y pasional es, todavía, un motor para poder cambiar las cosas. Que en ese planeta solitario, a veces, llega algo o alguien dispuesto a ayudar. Con sus aristas, derivas y contradicciones; ante la imposibilidad de todo y reconociendo su cometido como tal, ¿acaso existe un gesto más honesto y bello que ese?

“And If you can’t change yourself… change the world”

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