El hombre se ha convertido gradualmente en un animal fantástico que tiene una condición de existencia más que cualquier otro animal: debe creer, de vez en cuando, que sabe por qué existe.
Friedrich Nietzsche, La gaya ciencia
Park Chan-wook regresa tras Decision to Leave con una propuesta formalmente menos cargada, pero igual de incisiva en lo temático. Bajo la premisa del periplo sanguinario de Man-su —“obligado” a eliminar a su competencia para aspirar a un nuevo puesto en la industria papelera— la película articula una sátira feroz sobre la identidad profesional y el vértigo de la obsolescencia.
No hay otra opción nos confronta de un modo brusco con una pregunta incómoda: ¿qué harías cuando aquello en lo que has sustentado toda tu vida profesional se tambalea? Aquí, el protagonista lo tiene claro: matar. En un mundo donde es complicado separar el trabajo de la persona, Park sugiere que encontrar otros medios de sustento no constituye una alternativa real. Socialmente nacemos condicionados por nuestro porvenir, siendo este tan solo el resultado de aquellos en quienes escogemos (o intentamos) convertirnos profesionalmente. No hay individuo sin trabajo. Quizás por eso Man-su y el resto de hombres afectados por los despidos masivos de la empresa no consideren de manera real trabajar en una cafetería o en una floristería como les sugieren sus esposas. Su mera proposición es ignorada, pues aceptarla sería una admisión de que todo el tiempo y esfuerzo invertidos en su anterior trabajo fueron en balde. Desde ahí, No hay otra opción puede dar rienda suelta a su discurso más nihilista y misantrópico. De un modo similar al que la animación nos distancia de la realidad para desarmarnos y conseguir que sus temas nos calen al estar desprevenidos, aquí la comedia sirve un propósito parecido. Las desgraciadas peripecias de Man-su, asesino inexperto azotado por la desesperación, aligeran la carga del metraje a la vez que nos recuerdan lo absurdo y excesivo de sus acciones. Pero en los valles del frenesí asesino, resulta complicado no encontrarse a uno mismo reflexionando acerca del marisma de presiones relacionales y absurdos sociales que empujan al protagonista hasta semejante extremo. El miedo a quedar obsoleto activa aquí un instinto de supervivencia deformado. La paradoja es evidente: la revolución tecnológica devora a una industria tan primaria como la del papel. Lo que fue esencial se vuelve prescindible. En ese contexto, la violencia del protagonista no se presenta como solución racional, sino como síntoma de una estructura que reduce la existencia a productividad.
A nivel formal, Park Chan-wook se mantiene tan afilado como siempre. Travellings y encuadres demenciales plagan casi todo el metraje, haciendo de cada escena un cuadro particular dentro del conjunto aunque el efecto no reluce tanto como en obras pasadas. Si en Decision to Leave la forma contribuía a su propia narrativa caleidoscópica y fragmentada, aquí se encuentra algo más distanciada del argumento. Es bonita y agradable de ver, pero los momentos en los que todos los elementos reman en una misma dirección son más exiguos, lo cual es perfectamente comprensible en un film que funciona en un registro más cercano al del divertimento. Sin embargo, en una película lúdica, la sobreestimulación sensorial tan característica del director puede jugar alguna que otra mala pasada, dándole al ritmo de su algo extenso metraje una cadencia irregular y renqueante que puede pecar de repetitiva cuando, por muchas luces que hayan, falta variedad en su fórmula. No hay otra opción se desenvuelve como una película divertida e incómoda. Hay muchas trazas de los hermanos Coen en sus peculiares y desgraciados personajes, del mismo modo que se respira una crítica social chapliniana. Sin embargo, no termina de integrarlas en una síntesis plenamente orgánica como lograba Parásitos de Bong Joon-ho. Aun así, su fuerza temática y su apuesta formal sostienen la propuesta.
No será su mejor película ni la más redonda, pero sus destellos son meritorios y sus reflexiones tremendamente actuales. Matar para conseguir un trabajo es un extremo, sí, pero lo que Park Chan-wook nos recuerda con esto es que a la hora de la verdad, cuando se amenace a tu vida —o tu identidad—lo realmente complicado es ver que hay otra opción.







