Creyendo a pies juntillas las recomendaciones de su jefe, un hombre decide arrastrar a su anciana madre y al resto de la familia a una peregrinación de un día por nueve templos. El objetivo es asegurar a la abuela buena salud y longevidad. Sin embargo, no todos los pasajeros de la peculiar peregrinación están de acuerdo. La obra de Sompot Chidgasornpongse resulta una peculiar road movie desarrollada durante poco menos de doce horas a caballo de un par de vehículos y con paradas en cuatro de los nueve templos. Los protagonistas, la abuela en primer lugar aunque con limitado diálogo, su hija y nieta, por un lado, y su hijo, nuera, dos nietos y la pareja del mayor de ambos.
El director, con un destacable curriculum como asistente de Apichatpong Weerasethakul, debuta en el largo de ficción con una de las mejores obras de esta edición del festival. No plantea un fresco de la sociedad tailandesa pero breves pinceladas le bastan para retratar la diversidad de la familia tailandesa urbana y contemporánea. El padre, tal vez movido por algún sentimiento de culpa, cree en los beneficios de las visitas, en tanto que su mujer y hermana se resignan (en primera instancia) a ello y sus hijos, avanzada la veintena, se quejan de que la ruta no sirve sino para agotar a la anciana. Esta, por su parte, no manifiesta la clara devoción de su hijo y, sufriendo senilidad, no tardará en lamentarse de la pesadez del viaje. La novia del hijo mayor, por otro lado, manifiesta una aceptación de la propuesta más por sumisión que por convicción. La puesta en escena, filmando el interior de los vehículos, va recogiendo las protestas e incomodidades de unos y otros con absoluto verismo, manteniendo a la par una mirada respetuosa pero irónica con las indicaciones del pater familias frente a las reacciones de incredulidad o rechazo de todos y cada uno de los miembros del grupo. Según comentó el director se hizo un casting a cientos de personas hasta dar con los idóneos, no sólo por su fisonomía, sino para mantener el verismo de similitud paterno filial entre unos y otros. Los actores, algunos no profesionales, recrean unas interpretaciones excelentes y se consigue en todo momento la sensación de estar observando un auténtico documental.
El mérito de 9 templos al cielo no acaba en el retrato de familia, puesto que Chidgasornpongse, de modo sutil, traspone el estado de ánimo de los viajeros a cada una de las paradas, observando el templo y las bendiciones o los comentarios recibidos de los monjes con más detalle (si los protagonistas están atentos, como en el primer templo) o perdiéndose en la contemplación de los frescos del templo o del exterior, como sucede cuando el cansancio empieza a vencerles. De este modo el espectador podrá también poner en duda si la actividad que llevan a cabo es un auténtico acto de fe o, como el nieto mayor plantea, se trata de puro turismo religioso en torno a una mixtificación.
Avanzada la cinta, con la abuela ya adormilada, los hijos permanecen fuera de la furgoneta por motivos inespecificados y tiempo indefinido. La desorientación de la anciana la sume en un estado entre el sueño y la vigilia mientras una suerte de sombra siniestra cubre el cielo. Como en las cintas de Weerasethakul realidad y ensoñación se confunden en unas imágenes intrigantes y poéticas. Tras un intervalo, la hija mayor decide no continuar y acompañar a la abuela al domicilio mientras el otro hijo sigue el peregrinaje en nombre de la anciana. Breves frases de unos y otros, una puesta en escena con planos más breves, da pie entonces a considerar que la familia va a disgregarse. Los comentarios de los nietos, en especial del más joven, preguntando a la abuela o recordando en su lugar algunas canciones o comidas compartidas en la infancia dan a entender que el alma de la anciana es más un recuerdo que una presencia real. Un epílogo confirmará todas estas sensaciones de modo delicado dando colofón a una notable obra.






