Dos excéntricos
En contra de lo que se pueda pensar es difícil distinguir las obras de mayor y menor calidad de un festival. La libertad creativa, la búsqueda de expresarse de manera diversa por parte de los autores y la búsqueda de originalidad por parte del público, pueden dar pie a afirmaciones rotundas o menosprecios absolutos que necesitarán ser revisados un tiempo más tarde. Hubo, en el centenar de largometrajes presentados en las diversas secciones del festival, obras sólidas, algunas más atrevidas que otras, y algunas rarezas.
De entre estas últimas merece la pena comentar, ni que sea someramente, un par de ellas. Había ganas de ver el nuevo largometraje de Nicolas Winding Refn, ausente de la gran pantalla desde The Neon Demon (2016) y su nueva propuesta, Her Private Hell, ha resultado, cuando menos, desconcertante. La historia arranca con unos decorados sumidos en la niebla de la que surgen rascacielos infinitos por los que avanza una joven. Al llegar al interior de uno de ellos, la imaginería se vuelve suntuosa, con dorados y brillantes, referenciando diamantes y lujo continuo. Sin embargo, el argumento no va mucho más allá. El enfrentamiento entre una actriz, heredera de una fortuna, y la aspirante a compartir con ella reparto y vicios se mezcla con una turbia trama de psychokiller que destripa a sus víctimas con guantes de diamantes. Winding Refn construye hábilmente un malsano espacio de pesadilla en el que el asesino parece tanto un demonio como un ser liberador, vistas las argucias y miserias de las protagonistas de la cinta. Lamentablemente, la trama se desvanece como un fantasma y las secuencias oníricas se agotan y agotan al espectador. Da la impresión que Winding Refn, consciente de ello, fuerza una subtrama de atracción lésbica tratando de ganar atractivo para la cinta. El resultado se salva por la gran capacidad del director danés de poner en escena lo abstracto, el temor menos corpóreo, pero queda demasiado varada en el ensimismamiento de sus propias imágenes.
Frente al citado infierno, el que presenta Bertrand Mandico en Roma Elastica es mucho más divertido y exitoso. El director de She is Conann (2023) se divierte con una cinta sobre el cine y, muy específicamente, sobre el cine italiano de los 70, Fellini a la cabeza. Con el pretexto del rodaje en Cinecittà protagonizado por una estrella internacional que padece (ocultado) un avanzado tumor cerebral, Mandico revisa todos los tópicos de aquella época, sin vergüenza ni límite alguno. La falta de contención de Mandico puede sentar mal a más de uno pero, personalmente, me pareció libre y liberadora y, por encima de todo, divertida, en un contexto de severidad en la sección oficial que llegó a censurar la presencia de la muy disfrutable Hope. Mandico libera sus instintos exhibiendo, apoyando y/o criticando sus personajes en la secuencia inicial, con un escenario lleno de folios volando, agitados por el viento, en torno a un aparente cadáver. Sin embargo el frenesí se desencadena en el vuelo a Roma (con la presencia de estatuas en los asientos del avión), a partir del cual aparecerán los paparazzi, los galanes maduros, las entrevistas insufribles, las drogas y el sexo en grupo, las referencias a rodajes internacionales (empezando por La Posesión de Zulawski y continuando con referencias menos obvias) y un apoyo continuado de una banda sonora que no duda en recurrir a las melodías de Nino Rota. Roma Elastica es un exceso gozoso, de limitadas pretensiones y excelentes resultados, que merecía su presencia en sección oficial.






